Nuevo sitio Francia 23 Mayo 2016

La indignación obrera contra el ajuste

El martes 10 de mayo, instruido por el presidente Hollande; Manuel Valls, primer ministro francés, aprobó por decreto una reforma laboral rechazada ampliamente por la clase trabajadora francesa. La apelación al decreto surge de las dudas y oposiciones que la propuesta generó entre las propias filas de parlamentarios oficialistas.

Francia | La indignación obrera contra el ajuste

La reforma laboral aprobada por decreto en Francia hace apenas dos semanas generó el rechazo y la indignación de la clase obrera que, decidida, viene enfrentando el ajuste impulsado por el presidente Hollande. ¿En qué consiste esta reforma? En primer lugar, si bien no elimina, brinda un conjunto de herramientas legales para flexibilizar la jornada máxima de 35 horas de trabajo semanales que rige en el país, apelando a necesidades de productividad, entre otras. Autoriza a despidos colectivos por necesidades económicas empresarias, la baja colectiva de salarios, se flexibiliza y reducen las indemnizaciones y permite negociar a la baja entre sindicatos y patrones el valor de las horas extra.

Para el presidente Hollande, según un discurso bien conocido en nuestro país que sostiene que el ajuste genera crecimiento, la reforma alentará a las empresas a crear puestos de trabajo. Es el concepto neoliberal de flexiseguridad (!) que sostienen los tecnócratas de la Unión Europea.

El rechazo a la reforma es generalizado. El primer hito fue la llamada #NuitDeBout, un acampe nacido en la Place de la Republique a imitación del 15M español. La clase obrera, por su parte, hizo su aparición en escena en esta contienda el 1° de mayo, cuando se registraron importantes movilizaciones. Sin duda, el descontento lo percibieron también los partidos de gobierno y el consenso para aprobar la reforma en el poder legislativo se perdió. De ahí que Hollande optara por la "vía macrista" del decreto para imponer su voluntad.


De los indignados de la plaza a la indignación obrera

Una vez aprobada la reforma se convocaron a la huelga todos los sindicatos más importantes del país. Las medidas comenzaron con el bloqueo de varias autopistas, lo cual pudo ser garantizado por el sindicato de camioneros. Se cerraron los accesos a refinerías y hubo masivas movilizaciones en Nantes, Burdeos, Marsella y, desde luego, París. En la capital, según los organizadores, se trató de 200 mil personas. Los días pico fueron el martes y el jueves de la semana pasada. No obstante hasta el sábado hubo concentraciones.

La represión policial ha sido feroz y sostenida. Es importante recordar que rige el estado de excepción desde noviembre del año pasado.

El proceso de resistencia a la reforma ha mutado en el transcurso de los últimos dos meses. Como decíamos más arriba, comenzó con un acampe protagonizado fundamentalmente por la juventud desempleada y estudiantes. Hay coincidencia generalizada en que ese proceso, si bien valioso, ha entrado rápidamente en una fase de agotamiento debido a su desvinculación del movimiento obrero y los sectores populares. Pero además, el acampe no tiene un plan de trabajo ni ha formulado una plataforma de lucha. Es rebeldía desorganizada y espontánea. Un nuevo episodio se inicia con la resistencia obrera que viene a poner de manifiesto una voluntad organizada. Y esto precisamente es lo que explotó en la última semana.

Mientras el gobierno de Hollande juega sus últimas fichas y capea del desprestigio en su último año de gobierno, todas las encuestas hablan de un ascenso de la derecha del Frente Nacional de Marine Le Pen para las próximas elecciones. Esta expresión ultraderechista sostuvo que la violencia en las movilizaciones fue producto de infiltrados extremistas y extranjeros. Esto ejemplifica la agenda que sostiene su fuerza política: la expulsión de inmigrantes y la oposición a la idea de una nación europea que ofrece como salida un nacionalismo acérrimo y racista.

La resistencia que comienza a aparecer en las calles francesas debe incubar necesariamente una propuesta política para el conjunto de la clase trabajadora y el pueblo pobre golpeado por la crisis y el ajuste, que sirva de alternativa tanto a los "social-liberales" del gobierno como a la derecha, que no hará más que profundizar la vía de la represión y el ajuste.

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Izquierda Revolucionaria
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