Nuevo sitio Ley antidespidos 21 Mayo 2016

Un veto cantado, un paro a construir desde abajo

Rodeado de un puñado de obreros de Cresta Roja, Mauricio Macri cumplió sin titubear con la exigencia de las cámaras patronales y vetó la ley antidespidos que sancionó el Congreso. La burocracia sindical que amenazaba con un paro general si el rechazo se concretaba, ya deja entrever que la medida de fuerza no está en su agenda inmediata.

Ley antidespidos | Un veto cantado, un paro a construir desde abajo

En una imagen cargada de altas dosis de cinismo, el presidente Macri vetó totalmente la ley antidespidos que sancionó el Congreso -a la que calificó como "antiempleo"-, utilizando como decorado humano a un grupo de operarios de la empresa avícola Cresta Roja de Ezeiza, que luego de estar paralizada por meses volvió a producir semanas atrás pero con miles de trabajadores menos.

La decisión presidencial no sorprendió a nadie. El líder del PRO había adelantado que rechazaría la ley si el Congreso la sancionaba, en una posición de total coherencia con las exigencias de las principales cámaras patronales (de diversa extracción y pelaje) y con su misma condición de prominente empresario.

"Al capital le gusta que lo traten bien" explica un columnista del diario La Nación en lenguaje celebratorio y recuerda -desde las páginas de la oligárquica tribuna de doctrina- que "invertir no es una obligación, sino la consecuencia natural de un contexto propicio", eufemismo para recordarnos que el capital sólo entiende el lenguaje de la maximización de ganancias.

El rechazo a la ley antidespidos es un clarísimo gesto en ese sentido y el macrismo no titubea un segundo en su credo neoliberal de dejar las manos libres a los empresarios para hacer de las suyas.


La burocracia tira agua

En cambio, los que si dudan y reculan son los caudillos de la burocracia sindical, que luego de la "marcada de cancha" del 29 de abril para exigir la ley a los distintos bloques parlamentarios, deberían pasar ahora, una vez consumado el veto, a la acción directa a través de un paro general en respuesta al rechazo presidencial.

Pero como sabemos, del dicho al hecho hay un trecho que puede dar lugar a sorpresas (o no tanto). "No está previsto dentro de la dirigencia gremial tomar una medida de fuerza directa" adelantó Andrés Rodríguez, secretario general de UPCN, congraciándose con el gobierno macrista con quien selló un acuerdo estratégico de complicidad luego de dejar pasar miles de despidos en el Estado y entregar, una vez más, el salario de las y los estatales en una paritaria a la baja de 31% en tres cuotas.

Como si con eso no alcanzara, la más reciente claudicación del dirigente menemista y hasta hace meses kirchnerista, fue convalidar mediante un acta acuerdo la cesantía de 800 trabajadores del RENATEA, el organismo de control del empleo rural que el gobierno de Cambiemos decidió desmantelar para satisfacción de las superexplotadoras patronales agrarias.

Con dirigentes de esta calaña, cuesta creer que el despido de más de 150.000 trabajadores y trabajadoras pueda llenar de preocupación a las principales cabezas de las conducciones sindicales. En leve diferenciación, otros sectores de las CGT´s deslizaron que una medida de fuerza debería ser analizada, llegado el caso, por los "cuerpos orgánicos" del movimiento obrero organizado.

Todo indica que las mayores preocupaciones de los dirigentes cegetistas pasan por lograr que el gobierno se ponga al día con el dinero adeudado a las obras sociales, es decir, las millonarias cajas que constituyen el preciado tesoro de las organizaciones sindicales burocratizadas con dirigentes inexplicablemente enriquecidos.

Sólo se pronunciaron por el paro general Hugo Yasky y Pablo Micheli, de las CTA´s de los Trabajadores y Autónoma, respectivamente, pero su peso específico en la clase trabajadora se reduce, centralmente, a los sectores que tienen al Estado como empleador, en sus diversas áreas. Aún amontonadas, el poder de fuego de las organizaciones sindicales de las CTA es limitado y no alcanza para poner en movimiento una fuerza social que ponga en jaque al gobierno y los empresarios.


Exigir y empujar

La exigencia a las centrales sindicales de convocatoria a un paro general frente a los despidos y la caída de los salarios es una tarea ineludible para los sectores combativos y antiburocráticos de la clase trabajadora. Las expresiones más importantes que dan vida a este sector –Federación Aceitera, SUTNA recuperado, UF Seccional Oeste, Cuerpo de Delegados Línea 60, seccionales combativas de ATE y CTA, entre otras- constituyen un punto de apoyo clave para esta orientación y, en ese camino, la necesidad de una coordinación estable para constituir un polo de referencia sigue siendo una tarea pendiente.

Junto a esto, tanto o más importante que el sostenimiento de una "táctica de exigencia" a las conducciones sindicales mayoritarias, aparece la necesidad de promover procesos de lucha reales, apuntalados en una amplia unidad de acción de todos los sectores que estén dispuestos a enfrentar la política de ajuste del macrismo y los gobiernos provinciales.

Masificar las acciones de resistencia es una necesidad de primerísimo orden en esta coyuntura. Al calor de esas peleas hay que crear las condiciones y el clima social para un paro general que se impone como acción defensiva del pueblo trabajador, al mismo tiempo que constituiría un hecho de masas decisivo para que la clase obrera se instale con sus reivindicaciones fundamentales en el centro del escenario político nacional.


¡Unidad de acción contra el ajuste!

¡Basta de despidos y paritarias a la baja!

¡Paro general YA!

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