Nuevo sitio Golpe institucional en Brasil 18 Abril 2016

Por una salida popular contra la derecha y el ajuste

En el día de ayer, con 367 votos, la cámara de diputados de Brasil sancionó el comienzo del impeachment a Dilma Rousseff. Con esa aprobación, la decisión final pasa ahora a la cámara alta, que en apenas semanas (11 de mayo) deberá tomar la decisión final. En caso de que se dé curso al juicio político, la presidenta sería suspendida en su cargo por un plazo de 180 días.

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Como ya se analizó reiteradamente en las páginas de A Vencer, Brasil enfrenta una crisis económica y política. La recesión de 3,8% de 2015 promete profundizarse durante este, en el que ya se registra una caída interanual del 9,3% en la producción industrial. Así, la economía vuelve a ubicarse en los niveles de 2008, dejando atrás varios años de crecimiento.

En meses pasados y para enfrentar la recesión, Rousseff nombró a Joaquim Levy como ministro de Economía, quien promovió un plan de ajuste con suba de tasas de interés, aumento de tarifas y recorte de políticas sociales, mientras otorgaba enormes beneficios al gran capital. Con estas concesiones a la derecha no logró revertir el desastre económico ni logró capear la crisis política. Por el contrario, la oposición ha intentado avanzar una y otra vez, tanto con movilizaciones callejeras multitudinarias como también atacando por la vía institucional. En este último terreno dio un enorme paso con la media sanción del impeachment. Así, el vicepresidente Temer, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, está un paso más cerca de llegar al poder.


La hipocresía de unos, la corrupción de todos

El escándalo persigue al gobierno de Dilma Rousseff desde el primer día. Las investigaciones de la operación llamada "Lava Jato" han puesto bajo un manto de sospecha a todo el PT. En concreto, lo que se investiga son coimas recibidas por numerosos funcionarios y "donaciones" para las campañas electorales. A cambio, varias constructoras como Odebrech y Andrade Gutierrez habrían sido beneficiadas para ganar licitaciones, como así también la petrolera estatal Petrobras.

Los testimonios y pruebas se acumulan por cientos. Pero quien crea que los corruptos y coimeros solo se juntan en el partido oficialista se equivoca: "El PT no es el único beneficiado de estas supuestas donaciones de Andrade Gutierrez. En 2014 la empresa donó 24,1 millones de reales (6,5 millones de dólares) al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), de Aécio Nieves, candidato derrotado por Rousseff en los últimos comicios". Pero también "el Partido Socialista Brasileño (PSB) y Demócratas, recibieron 2,5 millones (677.000 dólares) y 1,3 millones (352.000), respectivamente. El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), del vicepresidente Michel Temer —que acaba de desembarcar del Gobierno tras ser el último gran aliado de Rousseff— obtuvo 11,4 millones de reales (tres millones de dólares). Azevedo y otros 11 ejecutivos de Andrade Gutierrez han declarado en el marco de la operación Lava Jato. Algunos han asegurado que pagaron sobornos para conseguir obras de estadios del Mundial de fútbol de 2014". (El País, 8 de abril de 2016.)

La corrupción salpica al conjunto de la casta política burguesa de Brasil. No obstante, quienes naturalmente sienten más el peso de esas acusaciones son los funcionarios del oficialismo, porque cargan además con la responsabilidad fundamental en el tremendo ajuste que el pueblo brasilero sufre. Ambos factores se conjugan para dar como resultado un desgaste político enorme que la derecha más rancia e hipócrita está logrando capitalizar. A modo ilustrativo, Jair Bolsonaro, del Partido Social Cristiano, dio su voto positivo "por el golpe militar de 1964 y por los torturadores de Dilma Rousseff".


Una salida popular

El juicio político que pesa sobre Rousseff guarda todas las apariencias de legalidad. Pero detrás del circo democrático y constitucional, lo que hay son poderes económicos y políticos que están en disputa. La oposición por derecha, con el apoyo norteamericano y los monstruos de la comunicación, ha logrado el apoyo de una masa importante del pueblo brasilero harto de ajuste y corrupción; y es la que sostiene la iniciativa. Por otra parte, un PT erosionado y sin mayor capacidad para enfrentar la crisis, solamente resiste y alarga su agonía en el gobierno. Como sucede en el concierto latinoamericano, una nueva derecha se rearma y envalentona contra los gobiernos progresistas que tuvieron lugar durante el ciclo de expansión económica de la última década y que se cerró con la extensión de la crisis económica mundial a los países del tercer mundo.

En la coyuntura inmediata, es fundamental frenar la iniciativa golpista de la derecha con movilización en las calles. Esta tarea depende íntegramente de la voluntad del pueblo brasilero y su enorme potencial de lucha. Es la única perspectiva posible para detener a la derecha, que desde luego sólo puede prometer más ajuste y corrupción, y al mismo tiempo construir un camino que supere al progresismo del PT definitivamente agotado. Con creces han quedado demostradas las limitaciones estructurales de un proyecto que pretende humanizar un sistema completamente alienante e inhumano: el capitalismo.

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Izquierda Revolucionaria
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