Nuevo sitio Debates 18 Abril 2016

Organizarnos para la lucha, organizarnos para la revolución

Los compañeros y compañeras de la Organización Política La Caldera plantearon un debate a partir de su trabajo “La crisis de la Nueva Izquierda y el ‘salto a lo político’: ¿existe una alternativa entre el refugio en lo local y el Partido-Movimiento?”. A continuación compartimos nuestra mirada fraterna en torno al eje de discusión propuesto, conscientes de lo necesario de estos debates para el avance en la organización de la militancia comprometida con la revolución y el socialismo.

Debates | Organizarnos para la lucha, organizarnos para la revolución

Los compañeros y compañeras de la Organización Política La Caldera desde una perspectiva anticapitalista, antipatriarcal y socialista (re)abren la discusión sobre las formas políticas y organizativas que nos debemos dar para avanzar en una estrategia de poder. Parten de reconocer el carácter de la etapa que transitamos, en donde la correlación de fuerzas desfavorable para el pueblo trabajador deja en evidencia que es fundamental avanzar en la construcción de poder popular, en la acumulación de fuerzas, para poder erigir un proyecto político alternativo a las propuestas patronales, que tenga real vocación de poder para forjar una sociedad socialista. Lo hacen además, con la virtud de, por una parte, no partir de cero sino recuperar los aportes de valiosas experiencias revolucionarias y, por otra parte, animarse a pensar propuestas actuales, acordes a nuestras circunstancias y posibilidades, evitando la repetición dogmática de recetas que podrían resultar inadecuadas. Nos parece un muy buen punto de inicio para profundizar la discusión sobre las formas de acción política y de organización que debemos asumir para contribuir lo más posible a que la lucha de nuestro pueblo se oriente en una perspectiva revolucionaria y socialista. A continuación hacemos nuestro aporte.


Desde dónde hablamos

Izquierda Revolucionaria es una organización joven, aunque hija del aporte de largos años de militancia de compañeros/as provenientes de distintas experiencias y destacamentos previos y de su síntesis. Estamos comprometidos/as, a partir de la militancia cotidiana, con un proyecto transformador, revolucionario, que pueda desplazar al capitalismo, desterrar el patriarcado, enfrentar al imperialismo, conquistar el socialismo. Nos nutrimos particularmente de ciertas experiencias, a las que consideramos aportes fundamentales para construir, también desde nuestra situación, una estrategia de poder. Reivindicamos la tradición del marxismo revolucionario cuyas principales figuras entendemos que son Marx, Engels, Lenin, Trotsky y el Che Guevara, al tiempo que tomamos los valiosos aportes de grandes revolucionarios como Gramsci, Rosa Luxemburgo y José Carlos Mariátegui. Recuperamos las lecciones de las grandes revoluciones que abrieron el camino a sociedades dirigidas por los trabajadores y el pueblo como la revolución rusa y la revolución cubana. De la misma manera tomamos las valiosas experiencias del PRT-ERP en nuestro país y el MIR chileno que, a nuestro entender, expresan lo más avanzado de la lucha revolucionaria de los años ´70. Y nos sentimos, además, hijos e hijas de las luchas obreras y populares que nuestro pueblo protagonizó a lo largo de su historia. De la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde, a Cutral Co y Plaza Huincul, desde el Cordobazo, el sindicalismo de liberación de la mano de Agustín Tosco y los sindicatos clasistas SITRAC-SITRAM, a la rebelión popular del 2001, Darío Santillán, Maximiliano Kosteki y Mariano Ferreyra.

La recuperación crítica de esas (y otras) experiencias y aportes revolucionarios y el aprendizaje cotidiano de la lucha y organización codo a codo con nuestro pueblo trabajador son los insumos principales, a partir de los cuales vamos avanzando en definiciones sobre las tareas políticas y organizativas que debemos asumir para contribuir al avance de la revolución por el socialismo.

De este modo, recuperamos una tradición de izquierda revolucionaria, porque consideramos que es el mejor antecedente que nos ha abierto caminos para la transformación social, pero lo hacemos con plena conciencia de que un proyecto revolucionario no es sólo (ni principalmente) pasado, sino sobre todo es presente y futuro, y debe, por lo tanto, reinventarse, mejorarse, reconstruirse, para encontrar los mejores senderos que en cada momento y lugar permitan avanzar a los trabajadores y el pueblo hacia la liberación de la explotación y la opresión.


La construcción de partido, una tarea central

Los planteos de los/as compañeros/as de La Cadera referidos a impulsar un partido de masas con libertad de tendencias y a promover un partido comunista revolucionario como herramienta estratégica, ponen en el centro la discusión del partido. Se trata de un tema recurrente y muy diversamente interpretado en la militancia y la izquierda.

Para nosotros se trata de una tarea fundamental y urgente: agrupar a los compañeros comprometidos con la militancia revolucionaria, con vocación de poder y proyección socialista.

Lamentablemente esta necesidad estuvo fuertemente relegada para gran parte de los sectores de izquierda que se forjaron a partir de 2001, en cierta medida como reacción a prácticas no compartidas que sostenía la izquierda partidaria (sectarismo, hegemonismo, institucionalismo, etc.), lo que llevó a un enfrentamiento al "partido" como propuesta. Es positivo que esta crítica se haya matizado en los últimos años, en el marco de nuevas necesidades de acción política.

Desde nuestro punto de vista la unidad orgánica de los que bregamos por un proyecto revolucionario y socialista, en una misma dinámica partidaria, supone un enorme paso adelante para la acción común de quienes compartimos una perspectiva estratégica, permitiendo la planificación, el desarrollo de la organización de masas, la elaboración política y teórica, la disputa política con otras orientaciones, y la preparación con una perspectiva de poder. Por eso, la construcción de partido nos parece una tarea central y de completa actualidad.

En ese sentido, compartimos gran parte de las consideraciones de La Caldera, sobre la necesidad y características de un partido comunista revolucionario –como lo nombran los/as compañeros/as-, organizado en función de acuerdos estratégicos medulares, entre los que se incluye la lucha por la conquista del poder para el triunfo de la revolución socialista, y con ella, la sustitución del Estado burgués por un nuevo poder basado en organismos obreros. Un partido que debe tener carácter nacional, logrando la incorporación de importantes sectores de la vanguardia obrera y popular, que debe participar activamente en las luchas de nuestro pueblo, elaborar estrategia acorde a las circunstancias de nuestro país, asumir el conjunto de tareas que exige la revolución (desde la intervención parlamentaria, considerando el marco de democracias con instituciones estables, hasta la dimensión militar), en base a un funcionamiento basado en la democracia interna.

Ahora bien, nos parece importante discutir el carácter de esa organización partidaria. Los/as compañeros/as de La Caldera sostienen una crítica al "partido de cuadros", a lo que se refieren como "El supuesto 'modelo leninista' de partido", y en cambio consideran que se debe construir un "partido de masas".

De hecho, desde su punto de vista, el partido de cuadros es una concepción promovida por el stalinismo, a contramano de la experiencia bolchevique. Y "Este modelo, asociado íntimamente al estalinismo –dicen-, influyó organizacionalmente sobre otras tradiciones políticas" constituyéndose como un factor de fraccionamiento, que, según La Caldera, puede rastrearse en muchas corrientes, desde el PCI de Gramsci hasta el trotskismo, incluyendo experiencias de los años 70 como el PRT.

Por nuestra parte, creemos que estas definiciones son muy problemáticas, y deben ser discutidas.

Los/as compañeros/as de La Caldera, describen el proceso por medio del cual el Partido Bolchevique superó su estadio inicial de núcleo y pasó a tener un gran desarrollo e incidencia, ubicándose finalmente como dirección política de la clase obrera y los campesinos en la revolución rusa. De ese proceso concluyen que, el bolchevique no era un "partido de cuadros", puesto que se trata de una organización mucho más rica y extendida que la planteada inicialmente por Lenin en 1902 en Qué Hacer.

Sin embargo, el partido de Lenin, que tuvo una de sus primeras formulaciones teóricas en Qué Hacer se constituyó como un partido de "cuadros" militantes, es decir, como un partido de hombres y mujeres comprometidos por medio de su militancia cotidiana con un proyecto revolucionario. Ese partido de "revolucionarios" fue un partido que supo contar con cientos de miles de integrantes, en el marco del auge revolucionario, es decir, con cientos de miles de "cuadros", militantes concientes de su lucha por la revolución. No se trata, como es evidente, de "intelectuales", sino de militantes que asumen el programa, la orientación, la práctica y las pautas de organización de un partido revolucionario.

Es claro, en este sentido, que el "partido leninista", de "cuadros", no es sinónimo de un pequeño grupo cerrado y elitista, no es un partido que no tenga proyección y capacidad de incorporar a amplios sectores de masas. Se trata, por el contrario, de una propuesta política que se plantea la incorporación de miles y miles a sus filas, pero a partir de un compromiso político militante con la revolución, y que en eso se diferencia del "partido de afiliados". En ese sentido, el "partido leninista" podría definirse como un "partido de militantes revolucionarios", tal como lo llamaba el PRT en los años 70, sorteando esa falsa contradicción entre el partido de "cuadros" y de "masas".

Por supuesto, compartimos con los/as compañeros/as de La Caldera, una lectura crítica sobre la caricaturización del partido leninista que llevó adelante el estalinismo con su campaña de "bolchevización", cuyo objetivo era el disciplinamiento de la base comunista. Pero consideramos que sería muy problemático para los balances de la militancia, desestimar la importancia del "partido leninista" forjado en las primeras dos décadas del siglo XX, sobre todo cuando se trata del partido que llevó a los bolcheviques al poder. Ese partido, como decíamos, logró contar con cientos de miles de miembros, y lo hizo al tiempo que sostuvo una importante cohesión para llevar adelante una acción política firme y contundente, con capacidad de iniciativa y claridad en su orientación. Esas características se sostienen en una lógica política, que incorpora el centralismo democrático como dinámica fundamental. Es decir: amplia discusión interna, resolución y acción del conjunto de los militantes en función de la orientación mayoritaria.

En ese sentido, así como compartimos la preocupación y ponderación que le dan los/as compañeros/as a la necesidad de un amplio debate democrático al interior de un partido; creemos que es preciso destacar, a su vez, la gran importancia que tiene la dinámica de un partido de este tipo, en el sentido de lograr iniciativa y unidad de acción, algo indispensable para una organización que se propone jugar un rol destacado en la revolución. Justamente, una de las principales virtudes de la propuesta del "partido leninista", consiste, a nuestro entender, en la apuesta a congeniar centralización y democracia interna, capacidad de acción y debate político, iniciativa y reflexión. Esa es la base de la propuesta centralista-democrática de los partidos que recuperan la experiencia bolchevique[1].

Hay otro aspecto que nos parece importante destacar en lo que se refiere a la construcción de un partido de militantes revolucionarios, y es su completa actualidad. A nuestro entender, la perspectiva estratégica de un cambio revolucionario en nuestro país, plantea la tarea urgente de construir organizaciones que se perfilen en ese sentido, apostando a la unidad orgánica de esa militancia, para poder desplegar una política común, coherente y efectiva en pos de la revolución.

Por eso la construcción de partido revolucionario[2] es una tarea de hoy. En términos prácticos, significa, para nosotros, dar pasos concretos en la consolidación orgánica y política de la militancia revolucionaria. Tal cosa, lejos de ser un problema de otro momento, constituye una tarea inmediata, que permitiría fortalecer nuestras modestas fuerzas y darles una mayor perspectiva e incidencia.

Eso supone consolidar las experiencias políticas existentes (organizaciones, núcleos) con un perfil partidario. Y a su vez, promover el entendimiento y acercamiento de esas experiencias en la medida en que se logre una coincidencia efectiva en términos estratégicos y políticos. Es decir, prefigurar partido, desde nuestras prácticas y condiciones actuales.

Entendemos que, si compartimos la centralidad de la construcción de partido (partido comunista revolucionario, dicen los/as compañeros/as de La Caldera), su prefiguración, por medio de aproximaciones organizativas y políticas no puede quedar relegada para una hipotética situación pre-revolucionaria. Eso sería regalar un tiempo precioso a la dinámica espontánea del movimiento social y perdernos la oportunidad de abordar el próximo auge de masas en condiciones organizativas y políticas mucho más adecuadas para incidir en su desarrollo progresivo.

Así, entendemos que muchas de las "funciones de partido" que debemos desarrollar, competen en primer lugar a nuestras organizaciones o núcleos políticos. Y en ese sentido, vemos un límite a la recuperación crítica de Hal Draper que hacen los/as compañeros/as de La Caldera. Porque su conceptualización de "partido secta", es una crítica por la negativa a los partidos existentes que, en última instancia, es aplicable al conjunto de los partidos que cuentan con orientaciones hegemónicas, como el bolchevique, es decir, es una crítica a los partidos, sin más. Y además porque en su propuesta alternativa Draper se desentiende de tareas fundamentales para la militancia como son las de la organización, dejando a su propuesta de "centro político" en el terreno casi intelectual de la elaboración, la formación y la visibilización.

En fin, por lo que decimos, consideramos que retomando los ricos aportes que hacen los/as compañeros/as de La Caldera sobre el problema del partido, incluyendo la valoración de distintas experiencias históricas, de lo que se trata es de tener en cuenta esos aportes para construir partido en tanto organización de los militantes comprometidos con la revolución y el socialismo, aprendiendo de limitaciones y errores de experiencias pasadas.

Hoy, que diversas organizaciones hemos madurado, tras años de construcción y de librar luchas en el seno de nuestro pueblo, la posibilidad de reflexionar y de dar pasos prácticos en el sentido de la construcción de organización de tipo partidaria con perspectiva de poder para la revolución socialista, está, desde nuestro punto de vista, en mejores condiciones, y es momento de aprovechar esas circunstancias.


Hacia la acción política de una fuerza social

Cuando los/as compañeros/as de La Caldera realizan la propuesta de promover un partido de masas con libertad de tendencias del que serían parte distintas experiencias de organización social y política de un arco de la izquierda[3], lo hacen, a nuestro entender, con la intención de dar una respuesta práctica, militante, a un problema presente. Se trata de cómo lograr que un espectro de la izquierda argentina, rico en experiencia militante, construcción de base y amplio debate, logre articularse como un actor político, con orientación acertada y capacidad de iniciativa.

Más allá de que no compartimos que el partido de masas con libertad de tendencias sea la respuesta adecuada al problema planteado, consideramos que la propuesta contiene un aspecto fundamental que debe rescatarse. Los/as compañeros/as proponen dar un paso hacia una mayor organicidad y capacidad de acción política para todo un arco de organizaciones compañeras, que desde hace largos años nos encontramos en la lucha, apuntalamos instancias de coordinación y de organización social y sindical, pero que está atravesado por la fragmentación y muchas veces también por la predominancia de lo reivindicativo por sobre lo político. Por nuestra parte, compartimos plenamente esa necesidad de avanzar en organicidad y politicidad, como elementos que permitirán una mayor capacidad de acción política. La posibilidad de lograr una intervención política común de este campo de la izquierda, sería un paso importante para nuestras construcciones y sería un aporte valioso al conjunto de los trabajadores, sus organizaciones y la izquierda.

Hay un aspecto político central que, a nuestro entender, debería articular esta propuesta: un programa acorde a los principales ejes de movilización y planteos políticos que cuadran al período actual de la lucha de clases en nuestro país. La delimitación de tareas políticas a partir de un programa para la etapa presente es, desde nuestro punto de vista, el eje transversal que permite orientar la acción de ese ámbito orgánico común[4]. Esta definición de tareas políticas, acompañado por una práctica consecuente y sana en función de esa orientación, es un gran sostén sobre el cual estructurar una propuesta que dé mayor organicidad y una orientación política común a nuestras acciones dispersas.

Así como compartimos que el programa ocupa un lugar central, también compartimos con los/as compañeros/as que para avanzar en el terreno de la acción política es preciso tomar con fuerza la acción parlamentaria.

En un marco general de estabilidad relativa del régimen capitalista en Argentina, y en una etapa de acumulación política, organizativa e ideológica para la izquierda y el conjunto de los trabajadores, la táctica de intervención electoral es una necesidad evidente. Se trata de un campo de acción que permite amplificar las voces de los trabajadores y de sus luchas y que se torna, en muchas oportunidades, terreno predilecto de las disputas ideológicas y políticas para el conjunto de nuestro pueblo, donde es preciso y urgente que se expresen posiciones afines a los sectores populares y a una estrategia de transformación social.

Esa tarea que está empezando a ser tomada por organizaciones de este campo político, amerita un trabajo profundo. Por una parte, en lo que hace a su contenido y perspectiva, para que la intervención electoral no sea un mero reflejo de ubicación coyuntural, y pueda constituirse como un campo de acumulación para una perspectiva política anticapitalista. En ese sentido, las formas políticas y programáticas que, como decíamos, consideramos estructurantes de una armado superador, son también, un punto central del terreno electoral. A su vez, esta tarea político-ideológica necesita ser acompañada por una preparación práctica que nos permita contar con herramientas eficaces para la acción legal parlamentaria, a la hora de librar una disputa en ese terreno, y eso solo puede lograrse si se prepara con anticipación y vocación unitaria, a partir de acuerdos político-programáticos fundamentales.

Ahora bien, para aportar en este sentido, ¿Qué tipo de organización o articulación es necesaria y posible? Los compañeros plantean la conformación de un partido de masas con libertad de tendencias. En ese sentido, plantean que es preciso que los diversos grupos políticos y sociales que confluimos en una práctica común de forma habitual asumamos, de conjunto "funciones de partido". Desde nuestro punto de vista esa propuesta no es la más adecuada.

A nuestro entender, deberíamos poder puntualizar las tareas y funciones de los distintos ámbitos organizativos en función de su perspectiva política.

En ese sentido, consideramos, como hemos dicho más arriba, que la identificación en base a acuerdos estratégicos, debe ser el punto fundamental desde el cual articular una lógica orgánica y política de perfil partidario. Somos las diversas organizaciones y núcleos políticos que nos planteamos una perspectiva de poder revolucionario –más allá de que seamos guevaristas, consejistas, o de alguna otra orientación afín a la izquierda revolucionaria- las que debemos, en primer lugar, asumir responsabilidades de partido, en cuanto a la organización de masas, la producción teórica, la consolidación de un funcionamiento orgánico y, en el esfuerzo de coordinación y/o confluencia entre grupos.

Este planteo no es solo un problema teórico (el grueso de las funciones de partido se las asignamos a las organizaciones fundadas en acuerdos estratégicos con perspectiva revolucionaria), sino también práctico. Es un dato ineludible que diversas organizaciones, entre las que se encuentra la nuestra, estamos en un proceso de consolidación de una propuesta político partidaria que nos proponemos profundizar. En ese marco la propuesta de que los distintos núcleos u organizaciones se constituyan (nos constituyamos) como tendencias de un partido de masas expresa además de una propuesta política que no compartimos, una formulación que vemos inviable en términos prácticos, puesto que va a contramano de los esfuerzos –que exceden por mucho a nuestro propio grupo- por consolidar estructuras con funciones de partido, cuyo punto de anclaje son los acuerdos estratégicos.

Ya la misma consideración de que el partido de masas estaría integrado por distintas tendencias cada una con sus propios acuerdos estratégicos y sus propias publicaciones, da cuenta de que los acuerdos de ese ámbito común son mucho más limitados. ¿Cuáles son esos acuerdos? Se trata de una serie de coordenadas estratégicas generales que identifican al conjunto de los núcleos y activistas (como ser el anticapitalismo, antipatriarcado, antiimperialismo, y el socialismo) y el despliegue de una política común de acuerdo a la etapa que se atraviesa. Desde nuestro punto de vista, la articulación en base a esa agenda política centrada en la etapa y en una práctica militante común, es completamente valida y necesaria, aunque entendemos que no se corresponde con una dimensión partidaria.

Así, el problema de cómo avanzar hacia una capacidad de acción política mayor de este arco político sigue teniendo completa validez. Pero para su resolución, entendemos, deben tomarse en cuenta las características de los actores que podrían nutrirlo. Esos actores, como sabemos, son diversos: desde organizaciones de base de los más variados frentes de lucha, hasta organizaciones políticas de tipo partidaria, pasando por formas de articulación a partir del movimiento social y por frentes intermedios. Esta diversidad tiene algunos puntos de articulación sobre la base de los cuales puede forjarse una instancia orgánica superadora: a una práctica militante común en muchos ámbitos, se suman una serie de coordenadas políticas que permiten una delimitación política[5] y abren la posibilidad de avanzar hacia un planteo programático más integral para la etapa.

Si no se trata de un partido de masas con libertad de tendencias… ¿Desde qué otra perspectiva puede pensarse la articulación de este arco político, para que, efectivamente, se constituya como un actor más relevante y orgánico en la vida política argentina?

Los/as compañeros/as de La Caldera hacen referencia a la recuperación del Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS) que sostenemos las organizaciones de matriz guevarista, y señalan: "entendemos que puede ser una forma alternativa de pensar el reagrupamiento político de nuestro sector y consideramos que no es necesariamente contradictoria a la propuesta aquí desarrollada".

Desde nuestro punto de vista, efectivamente esa experiencia de los años 70 puede ayudar a pensar una propuesta política actual. No se trata, por supuesto, de intentar imitarla, sino de tomar de ella lo que pueda ser un aporte para resolver algunas de las dificultades planteadas.

En ese sentido, nos parece que es valioso destacar la existencia de un ámbito frentista, basado en importantes acuerdos políticos que se desplegaban en un programa acorde a las tareas de la etapa en curso. Un bloque político que, además, se conformaba por organizaciones de distinto carácter: desde organizaciones sociales (de trabajadores, territoriales, de mujeres, originarias, etc.) hasta un amplio espectro de organizaciones políticas de izquierda. Entre algunas de sus virtudes podemos señalar, constituirse como un polo de atracción para diversos sectores, apostar a ser un actor político en el escenario electoral (con las candidaturas de Tosco y Jaime, finalmente frustradas), convertirse en una usina de producción política, por medio de la revista Nuevo Hombre, a lo que debe añadirse el intento de un funcionamiento estable, sobre todo en Córdoba, para dar carnadura a esa estructuración frentista.

Pero, efectivamente, como bien señalan los/as compañeros/as, la experiencia del FAS fue breve y también tuvo limitaciones. Por eso decimos que puede servir como ejemplo de una experiencia alternativa para la acción política común, sabiendo que de lo que se trata es de reinventar, desde el presente, en función de las potencialidades actuales. Las coordenadas políticas son otras. Estamos en un escenario en el que, como bien señalan los/as compañeros/as, no existe una corriente del peronismo revolucionario que, al modo de la experiencia de Armando Jaime, confluyera con la izquierda en una propuesta anticapitalista y socialista. Hoy somos organizaciones y compañeros anticapitalistas, antipatriarcales, antiimperialistas y socialistas, los que estamos evaluando la posibilidad de avanzar hacia formas superadoras de articulación. Y es para esa perspectiva que el FAS, puede ser un aporte.


Buscando nuevas síntesis

Tomamos la propuesta de los/as compañeros/as de La Caldera, porque entendemos que, por medio del debate fraterno y la práctica militante compartida podremos avanzar hacia la cristalización de instancias políticas y organizativas superiores a las que tenemos en la actualidad. El debate abierto por ellos estimula esta perspectiva, y nuestra propuesta se propone nutrir esa reflexión para avanzar.

Como hemos dicho, entendemos que hay dos ámbitos de organización que son centrales y que debemos promover su desarrollo inmediato.

Por una parte, sostenemos que, para las actuales generaciones, es fundamental avanzar en la construcción o consolidación de partido. Estructurar organizaciones con capacidad de intervención política, de despliegue de línea acorde a la coyuntura, con un trabajo sistemático para la ampliación de nuestras fuerzas en sectores clave de la clase trabajadora, siempre con una perspectiva estratégica para el impulso de la revolución por el socialismo. En esta orientación, desde nuestra organización consideramos que sería de gran importancia, promover el entendimiento, y de ser posible la confluencia de distintos destacamentos y grupos que asumen una perspectiva de izquierda revolucionaria, fortaleciendo así el ámbito de organización de la militancia comprometida con un proyecto revolucionario.

A su vez, entendemos que es de gran importancia avanzar hacia la consolidación de un ámbito orgánico de tipo frentista, cuyo eje principal debe ser la intervención política común en consonancia con las principales tareas de la etapa. La trayectoria común de toda una serie de fuerzas y compañeros, la confluencia en ámbitos de organización sindical y social y la posibilidad de establecer un marco político común, son bases importantes para avanzar en ese sentido. Sin caer en la repetición innecesaria, creemos que la experiencia del FAS puede aportar algunas claves para su desarrollo, en particular en lo que hace a la necesidad de un programa común acorde a la etapa, un ámbito común de organización que no se limite a las expresiones sociales o gremiales sino que dé lugar a las expresiones políticas y partidarias (sin forzarlas a convertirse en una tendencia de un gran partido), y una propuesta política común que se puede desplegar en distintas formas de propaganda y difusión (la revista Nuevo Hombre y las campañas del FAS son sólo un ejemplo que dan cuenta de un potencial) y que puede constituirse como un centro político de atracción de nuevos compañeros y organizaciones.

Finalmente, como hemos dicho, entendemos que estas herramientas políticas deben asumir un conjunto de dimensiones de la acción política, entre las cuales, la participación electoral (y la preparación en ese sentido) debe ocupar un lugar relevante.

Ante un nuevo escenario político, en donde se hace más evidente aún la necesidad de la organización obrera y popular para terminar con los ataques contra el pueblo y superar las penurias reiteradas que se viven en el capitalismo, nuevas propuestas y debates para el avance en la organización de la militancia comprometida con la revolución y el socialismo son aire fresco y abren una valiosa perspectiva de lucha, organización y construcción política.

(Artículo publicado en la Revista Teórico Política La Caldera, Num 1. , Diciembre de 2015)

Notas:

[1] En ese marco, nos parece un error conceptual achacar al modelo "leninista" el problema del fraccionamiento, siendo que las rupturas son una cuestión que atraviesa a distintas formas organizativas.

[2] Hablamos de "partido", y no de "el partido", porque, aunque bregamos por la mayor unidad posible de las filas revolucionarias, somos concientes de que pueden existir varias organizaciones revolucionarias al mismo tiempo, tal como lo señalan también los/as compañeros/as de La Caldera.

[3] El texto de La Caldera no hace una delimitación precisa de los sectores que deberían formar parte de esta nueva propuesta político-organizativa. Varios pasajes dan a entender que se trataría de una politización y reestructuración de La Brecha. Otros pasajes –y la propuesta para que nuestra organización participe en el intercambio-, permiten pensar un marco más amplio, partiendo de una serie de grupos que compartimos actualmente instancias de articulación.

[4] En este sentido, nos parece muy valioso que diversas organizaciones de este campo político, estemos dando pasos significativos en lo que se refiere a propuestas programáticas. Publicaciones recientes como las de La Caldera y Hombre Nuevo, dan cuenta de ello.

[5] En ese sentido, son significativos los acuerdos político-ideológicos plasmados en la constitución del Polo de Izquierda del que participan Pueblo en Marcha (FPDS, El Avispero, Democracia Socialista, La Emergente, Surcos, MULCS Bs. As.), FPDS-CN, La Brecha e Izquierda Revolucionaria.

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