Nuevo sitio Recesión y crisis política 5 Abril 2016

Brasil en crisis

La recesión económica y la crisis política llevan al Partido de los Trabajadores al precipicio. La apuesta del establishment a la caída de Dilma Rouseff empalma con la crisis de los proyectos posneoliberales. Una salida por derecha es contraria a los intereses de la clase trabajadora.

Edición N° 12

A Vencer (abril-2016)

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Recesión y crisis política | Brasil en crisis

Brasil está en crisis, no hay dudas. Atraviesa, en primer lugar, una profunda crisis económica. La recesión de 3,8% de 2015 promete profundizarse este año, en donde ya se registra una caída interanual del 9,3% en la producción industrial. La economía brasileña vuelve a ubicarse en los niveles de 2008, dejando atrás varios años de crecimiento.

Los 13 años que lleva el PT en el gobierno revirtieron, en parte, los graves índices de pobreza del período neoliberal previo, pero no llevaron a un cambio estructural. La economía se reprimarizó, reforzado su dependencia de la exportación de materias primas, y se vio golpeada, como el conjunto de América Latina, por la caída en los precios internacionales de los commodities.

La actual no es una crisis coyuntural, sino la crisis del modelo del capitalismo dependiente con redistribución, que encabezó el ex presidente Lula desde 2003.

Frente a este cuello de botella Rouseff profundizó su giro a la derecha, designando al ultraliberal Joaquim Levy en economía, quien promovió un plan de ajuste con suba de tasas de interés, aumento de tarifas y recorte de políticas sociales, mientras otorgaba enormes beneficios al gran capital. El paquete no logró contener la crisis económica. Tampoco la apuesta a acuerdos e inversiones con Estados Unidos y México que relanzó Rouseff el año pasado.

Corrupción y vínculos con el gran capital

La estructuración del PT como un partido de gobierno estable, en convivencia con los grandes grupos económicos de Brasil y el mundo, lo fue integrando en el entramado típico de los negociados entre partidos patronales e importantes sectores del capital. Millones de dólares que, además de nutrir los bolsillos de funcionarios y empresarios, son el fundamento económico de las millonarias campañas electorales y el centro de las actuales denuncias de corrupción.

La derecha carga las tintas contra el PT de forma sesgada, cuando en realidad todos los grandes partidos de Brasil están inmersos al más alto nivel en negociados ilegales por sumas siderales. Se trata de todo el sector de la alta política que gobierna asociado a los grandes empresarios, recibiendo dinero a cambio de dejar hacer.

De allí las causas en boga que involucran a Lula, Rouseff y decenas de funcionarios del PT, junto a muchos otros políticos de la oposición y empresarios, en donde se cruzan la compra de votos, el lavado de dinero, los sobornos y la malversación de fondos.

Crisis política

La crisis económica y la difusión de los escándalos de corrupción son la base sobre la cual la derecha brasileña, con la venia del Departamento de Estado de EEUU y el acompañamiento de los grandes medios, intenta acceder al poder político impulsando la caída de la presidenta.

La disputa se da en la calle y en los pasillos de las oficinas estatales.

Movilizaciones multitudinarias, en gran medida espontáneas pero fogoneadas por los sectores más conservadores, piden la renuncia de Rouseff y llegan a reivindicar a los militares golpistas. Como contraparte el gobierno impulsa movilizaciones también multitudinarias nutridas por sectores progresistas y de izquierda que reconocen la gravedad de una avanzada derechista.

El otro escenario es el judicial y parlamentario. Incluye acusaciones judiciales mutuas entre oficialismo y oposición, y tiene como principal foco el juicio político a la presidenta ("impeachment".) Rouseff fue acusada luego de que el tribunal de cuentas rechazara los balances de responsabilidad fiscal de 2014 presentados por el gobierno. El 18 de marzo se inició el proceso, con la conformación de una comisión encargada de promover el juicio. Este mes de abril el parlamento deberá refrendar esa perspectiva, para lo que los opositores deben alcanzar los dos tercios de los votos. Si esto sucede, Dilma debería ser suspendida en sus funciones por 180 días mientras se desarrolla el proceso.

En este marco, el 29 de marzo el aliado principal del PT en el gobierno, el Partido del Movimiento Democrático (PMDB), salió de la alianza oficialista. El impacto de esa decisión está abierto. La mayoría de los ministros del PMDB siguen en sus cargos y no está claro cuántos legisladores de este partido (que tiene la mayor bancada parlamentaria) acompañarán al oficialismo, y cuantos promoverán el juicio político siguiendo la estrategia de Michel Temer, jefe del PMDB y actual vicepresidente del país.

Perspectivas

Ante la posible caída de Rouseff, entre la oposición se disputan un eventual recambio. El vicepresidente Temer se creía sucesor de Dilma, pero la incertidumbre del propio PMDB no da seguridades. Aécio Neves, líder del PMDB que estuvo muy cerca de disputarle la presidencia al PT en 2014 descartó su participación en un gobierno de transición, planteando la necesidad de un llamado a nuevas elecciones y su propia postulación. De forma más elíptica, la tercera candidata del 2014, Marina Silva, del Partido Socialista Brasileño (PSB), también reclamó elecciones anticipadas, aunque sin dar su apoyo al juicio político a la presidenta, y rechazando un gobierno de transición a cargo del PMDB por su falta de credibilidad.

Si el PT logra sortear el embate, sin embargo, la perspectiva que viene trazando Rouseff se profundizará. Lejos de apoyarse sobre lo que aún queda de base popular para recomponerse, apostará a un mayor entendimiento con los principales sectores de poder en Brasil. De hecho, en su entorno no descartan una propuesta de "reconciliación nacional" que incluya acortar su mandato y una convocatoria a elecciones anticipadas.

El drama que vive el pueblo de Brasil expresa en gran medida al de gran parte de América Latina. Pueblos que, obligados una y otra vez a elegir entre la derecha explícita y las opciones progresistas que apostaron a una administración redistributiva del capitalismo, dieron su apoyo a éstos últimos. Y con el paso del tiempo y el agravamiento de las condiciones económicas, fueron viendo cómo estos gobiernos promovían ellos mismos el ajuste y los gigantescos negociados con los grandes capitalistas.

Si al asumir el PT éste ya había sido claro en su voluntad de canalizar por la vía institucional y la negociación las aspiraciones de las bases obreras y populares que le permitieron su ascenso; el paso del tiempo fue desgastando aún más ese vínculo, al no dar respuestas fundamentales, como la nunca cumplida reforma agraria que reclama el Movimiento Sin Tierra y que el PT no está dispuesto a desarrollar, para no enfrentar a los grandes capitalistas del agro y los pooles de siembra. No en vano, como lo expresaron las últimas elecciones, la influencia del PT fue migrando de las zonas donde predominaban las bases obreras que seguían a Lula, a otras donde su peso se basa en el más clásico clientelismo.

El viraje continental hacia la derecha, expresado en el triunfo de Macri en Argentina, la derrota del chavismo en las últimas legislativas en Venezuela y la derrota de Morales en su intento de reelección, es un duro golpe contra el pueblo latinoamericano. La corresponsabilidad de gobiernos posneoliberales como el de Rouseff en este viraje es innegable.

Fortalecer la participación activa y la lucha del pueblo trabajador para enfrentar los ataques actuales de la derecha y los ajustadores es una tarea fundamental en Brasil y en toda América Latina, tarea que debemos empalmar con el esfuerzo por desarrollar un proyecto político de la clase trabajadora, anticapitalista y socialista. No es con pasividad, moderación, o depositando nuestras expectativas en las esferas institucionales, sino con protagonismo y radicalización de la lucha obrera y popular será posible construir una alternativa. Nuestro camino está por la izquierda.

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Federico Cormick
Autor

Federico Cormick

Docente universitario.