Nuevo sitio Por el camino del Che 25 Marzo 2016

Con las banderas en alto, luchando por el socialismo

Frente al ajuste, represión y subordinación servil al imperialismo que representa el macrismo (y que tiene variados correlatos en el continente); frente a las reformas parciales y parcializadas que produjo el kirchnerismo y que se convierten, ahora, para la centroizquierda en un programa de máxima por el retorno; frente a una izquierda hegemónica dentro del activismo que reniega de la lucha por el poder y de nuestra identidad nuestroamericana la tarea de la hora es poner en pie una verdadera estrategia de poder revolucionaria y socialista.

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Por el camino del Che | Con las banderas en alto, luchando por el socialismo

El carácter del golpe

El golpe del 24 de marzo de 1976 instauró una dictadura contrarrevolucionaria. El terrorismo de estado y la perpetración del genocidio buscaron aniquilar a la fuerza revolucionaria que, con diversas perspectivas políticas, había disputado el poder en nuestro país. Y para ello no sólo se ensañaron con sus organizaciones y cuadros políticos, siguiendo las enseñanzas de contrainsurgencia a nivel mundial, destruyeron las crecientes experiencias de organización popular. El golpe, llevado a cabo por la casta militar pero financiado, promovido, planificado por las clases dominantes, buscó modificar a largo plazo las relaciones de fuerza. Esas clases dominantes incluyen al imperialismo, en particular al imperialismo yanqui que cumplió y cumple el rol de garante del capitalismo. Y así como el avance de la revolución había sido continental, la contrarrevolución también lo fue.

Esto significa varias cosas. Primero, que el golpe no fue una respuesta "anticipada" o "preventiva". La implantación de un programa profundamente antiobrero y antipopular fue parte del programa de las clases dominantes y el imperialismo para resolver la crisis (de acumulación y de dominación). Los ejes centrales de dicho programa venían siendo ensayados desde 1955 y la imposibilidad de imponerlos de manera durable obedeció a una resistencia y a un fuerte proceso de agudización de la lucha de clases hasta 1976. En consecuencia, no se trataba sólo (ni principalmente) de "prevenir" una resistencia potencial, sino de enfrentar una fuerza real. Pensar el golpe sólo en clave de represión anticipada por los efectos del programa neoliberal implica atribuir sólo a las clases dominantes el rol activo, de sujeto, negando el protagonismo de los trabajadores y el conjunto del pueblo en la definición de la historia.

Esto nos lleva a otro punto relevante. El golpe se descargó contra la clase trabajadora y el conjunto de explotados y oprimidos, fue una verdadera revancha y contraofensiva de clase. Y en ese objetivo estratégico coincidió el conjunto de la clase dominante y sus partidos políticos (incluyendo el PJ y la UCR); éste implicaba desarmar a las diversas expresiones de la fuerza revolucionaria, en disciplinar a la clase obrera, en aniquilar el pensamiento crítico y radical. Como diría uno de los genocidas teóricos de la contrainsurgencia, de lo que se trataba era de obligar a que el enemigo deponga su objetivo estratégico.

La definición de la lucha de clases a favor del capital abrió el terreno a la reestructuración neoliberal que, de la mano de la liberalización del comercio, las privatizaciones, etc. implicó que muchos empresarios quebraran. Muchos sectores de la centroizquierda equiparan este resultado económico con los efectos del genocidio sobre la clase trabajadora; llegan a afirmar que fue un golpe contra la industria y los trabajadores. Nuevamente aquí retacea el rol activo o por lo menos de neutralidad del conjunto de la burguesía a favor del "orden" en contra del "caos" que significaba la lucha obrera y popular con una perspectiva revolucionaria y socialista.

El imperialismo y la clase dominante local se prepararon desde inicios de los ´50 para enfrentar una revolución socialista. Sabían que el proceso de lucha de clases no se restringe a las estrechas fronteras nacionales. Como parte de un Tercer Mundo que luchaba con heroísmo aunando la liberación nacional y social, América Latina era un verdadero volcán. El triunfo de la revolución cubana y la posterior proclamación del carácter socialista mostraron que había una salida posible al oprobio del imperialismo y al saqueo capitalista. Nada más falaz entonces que atribuir el golpe a una "escalada de violencia" como sostiene la Teoría de los dos demonios, o a la lucha armada como sostiene la izquierda institucional.


La exclusión del socialismo y de la revolución

Excluidos por la fuerza los proyectos revolucionarios, las opciones quedaron dentro de los marcos del sistema capitalista. Las rebeliones contra el neoliberalismo en distintos puntos del continente y el 2001 en nuestro país cambiaron la etapa. De a poco, empieza la reconstrucción y las posibilidades de comenzar una acumulación de fuerzas revolucionaria en el mediano plazo. En lo inmediato, la falta de claridad de nuestras fuerzas y la habilidad de la burguesía lograron resolver la crisis a su favor. El kirchnerismo emergió como el recambio frente al neoliberalismo desnudo de Menem y la Alianza. La mirada sobre lo ocurrido en los 70 jugó un rol para nada menor en la reconstrucción de la legitimidad del Estado y su institucionalidad. "Por esto luchaban nuestros hijos" sostuvieron dolorosamente algunas madres que habían sido símbolo de la resistencia en los 90. "Por esto luchábamos en los 70" afirmaron algunos militantes, pasando por alto las vergonzosas desigualdades que no fueron ni arañadas por el proyecto de inclusión. "La juventud vuelve a creer en la política" repitieron más de una vez los discursos oficiales, identificando la acción política a las instituciones vigentes.

En el nuevo contexto económico, el imperialismo y los sectores más poderosos pasan al centro de la escena. La agroindustria, el extractivismo minero, las altas finanzas y las multinacionales, que vale recordar se la habían "llevado en pala" durante el kirchnerismo, buscan reestructurar la dominación. En esta Argentina del PRO atendida por sus dueños, las concesiones que el 2001 había impuesto son obstáculo que se disponen a remover, con el aplauso de los capitalistas del mundo y la visita de los gestores del imperio. Si el kirchnerismo se legitimó buscando acomodar las banderas de los 70 a una realidad en la que persistía la desigualdad y las violaciones a los derechos humanos, el macrismo propone cerrar los juicios militares, clausurar los nunca comenzados juicios al poder civil, confinar lo acontecido a un museo al que se puede invitar a Obama.


Levantar las banderas para que la victoria sea nuestra

"Hasta ahora la clase obrera y el pueblo argentino no han conseguido darse una fuerza política propia de carácter revolucionario. Por ello ha estado sometido constantemente a la influencia de los partidos políticos burgueses y no ha logrado identificar las distintas engañifas preparadas por la burguesía, cayendo en consecuencia en el error, dando su apoyo de buena fe a sus propios verdugos." Mario Roberto Santucho, Poder burgués, poder revolucionario, 1974

¿Cómo potenciar la reconstrucción de organizaciones de masas y políticas? ¿Cómo garantizar que la acumulación de fuerzas tenga una orientación realmente revolucionaria? Estar a la altura de responder eficazmente esos problemas será el verdadero homenaje a la generación que nos antecedió en la lucha y nuestro principal aporte a las que nos continuarán en esta larga lucha contra la explotación y la opresión.

No nos confundimos respecto de quiénes son nuestros enemigos. Sin contradecir la necesidad de la más amplia unidad de clase en la lucha contra ellos, entendemos que dentro de la izquierda hoy está en discusión cuál es el modo de construir una opción revolucionaria de poder; y no casualmente esa polémica se refleja en el análisis de lo que fue la lucha de los ´70 y el significado del golpe.

Al haber sido aniquiladas las organizaciones revolucionarias más importantes, la izquierda que hoy tiene mayor peso ha construido un balance de los ´70 en que atribuye la responsabilidad de la derrota a que las organizaciones revolucionarias asumieran la lucha armada (Montoneros, FAR y FAP hasta su fusión con la primera de las mencionadas desde el peronismo revolucionario, y el PRT–ERP). A contramano de la experiencia histórica, niegan la inserción de la izquierda revolucionaria en el movimiento obrero. Desconocen la elaboración programática, teórica, los aportes al internacionalismo. Niegan la inserción de masas.

Para quienes entendemos que la experiencia del PRT–ERP constituye el punto más elevado de la lucha de clases en nuestro país, la construcción de una alternativa revolucionaria de poder es la principal tarea pendiente. Para dar pasos certeros en ese sentido nos apoyamos en esa experiencia. Habrá que extraer enseñanzas para perfeccionar la acción, pero siempre desde la certeza de que la revolución es innegociable. Como nos enseñó el Che "El poder es el objetivo estratégico sine qua non de las fuerzas revolucionarias y todo debe estar supeditado a esta gran consigna". Habrá que construir con creatividad en una situación como la actual, evitando los atajos que inevitablemente concluyen en los callejones sin salida del oportunismo o del reformismo.

¡Por la revolución y el socialismo!

Con las banderas del Che, de Santucho y de nuestrxs 30.000: ¡Venceremos!

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Izquierda Revolucionaria
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