Nuevo sitio El NO en Bolivia 7 Marzo 2016

Un nuevo revés para los progresismos en América Latina

El plebiscito llevado adelante en Bolivia durante el domingo 21 de febrero arrojó como resultado que un 51,3 % de los votantes se inclinó por el “No” y un 48,7 % por el “Sí”. De esta forma, se descarta la posibilidad que el gobierno de Evo Morales y Álvaro García Linera reformen la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia y puedan ser reelectos en 2019.

Edición N° 11

A Vencer (marzo-2016)

A Vencer

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El NO en Bolivia  | Un nuevo revés para los progresismos en América Latina

Los resultados del referéndum en el país vecino deben entenderse en un contexto estructural general de nuestro continente donde comienzan a agotarse los gobiernos de signo progresista que gobernaron durante más de 10 años. No es casual que el fin de ciclo político vaya de la mano con una crisis en las exportaciones de commodities, principal sustento del crecimiento del PBI en toda la región. ¿Cuál es el motivo de esta crisis? Principalmente la desaceleración de la economía China que golpea de lleno a los capitalismos dependientes de América Latina.

Al respecto de los progresismos latinoamericanos, tal como hemos señalado en otras oportunidades , entendemos que no se trata, como reclaman algunos de sus defensores, de opciones de "izquierda" o "revolucionarias", puesto que expresan formas específicas de desarrollo capitalista y no cuestionan los fundamentos de este sistema. Se trata de propuestas para un capitalismo "progresista", que han logrado un amplio apoyo popular (más activo en algunas ocasiones, como en Venezuela o Bolivia y menos en otras) que disputa el control del Estado con una derecha explícita y liberal que cuenta con el acompañamiento de EEUU. Es esta derecha la que viene avanzando, en procesos como el venezolano o incluso en nuestro país con el triunfo de Macri. Ante esta situación la única garantía para frenar su avance es mayor protagonismo de la clase obrera y el pueblo organizado.


Un "No" heterogéneo

Sin embargo, en el caso boliviano es necesario matizar las explicaciones que acuden a otorgar la mayor responsabilidad al avance de la derecha o a la influencia del imperialismo. Sin menospreciar la influencia que tanto los grandes medios de comunicación como los servicios de inteligencia yankees pueden tener[1], consideramos que para entender los factores de la derrota del MAS hay que retrotraerse a algunas decisiones que en años previos tomo el gobierno.

En primer lugar es necesario comprender que el marco de posibilidad para "el milagro boliviano" se debió a poder sostener una estabilidad política inédita para el país andino al menos desde mediados del siglo XX. El punto de partida de esta estabilidad debe hallarse en la resolución del conflicto del 2008 con los terratenientes de la Medialuna Fértil, donde el gobierno logró imponerse pero a costa de concesiones a la oligarquía paceña, imprescindible para la ratificación de su proyecto, el capitalismo andino, cuyo fundamento está en que el Estado boliviano y su capacidad de redistribución se fortalezcan, al tiempo que se garantice estabilidad para las inversiones y la propiedad de la burguesía agraria, industrial y financiera. De la mano con esto, ex opositores (como Daniel Sánchez, presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia) pasaron a formar parte del Gobierno del MAS a partir de las últimas elecciones.

En segundo lugar, un punto de ruptura importante al interior del llamado "Pacto de Unidad" entre los movimientos sociales e intelectuales de clase media que está en la base del proyecto político del MAS, debe encontrarse en la represión a la VIII Marcha Indígena por la Defensa de los Territorios, la Vida y la Dignidad y los Derechos de los Pueblos Indígenas (2012) realizada en oposición a la construcción de la carretera que atraviesa el TIPNIS y pasa por encima de poblaciones originarias. En torno a este conflicto se dividieron aguas, tanto en el ala de los movimientos sociales, como entre los sectores intelectuales, tal como lo expresan casos como el del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Kollasuyu (Conamaq), la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), el vocero de la Coordinadora del Agua, Oscar Olivera, los intelectuales de Comuna (grupo de reflexión que integraba García Linera) y varios ex ministros y funcionarios.

En tercer lugar, el termómetro marcado por las elecciones municipales, departamentales y regionales del año pasado, conjuntamente con los niveles de conflictividad social. En marzo de 2015 el MAS tuvo una serie de derrotas significativas para su construcción política en los departamentos de Santa Cruz, Tarija y La Paz junto con las alcaldías de El Alto y Cochabamba. De la misma manera, tuvo que afrontar conflictos que no pudieron ser resueltos positivamente, destacándose las protestas de los sectores cívicos de Potosí durante Julio del mismo año[2]. Esta ciudad es un histórico bastión político del MAS y concentra a un importante número de trabajadores mineros, sin embargo, en el referéndum el No se impuso por 53,26%.

Por último, y no por esto menor, aparece el lógico desgaste de 10 años de gobierno , la exposición pública de los mismos referentes, que se condensaron en una campaña que precisamente los puso como la única garantía de continuidad para sostener el bienestar, así como también las escandalosas denuncias por corrupción de los últimos años, que si bien algunas han sido sólo maniobras de la oposición otras siguen estando presentes en la agenda política (es el caso del Fondo de Desarrollo Indígena Originario Campesino) .

A diferencia de, por ejemplo lo que ocurre en Venezuela, la oposición en Bolivia no se aglutina tras un candidato. Sin duda la figura de Morales sigue siendo la más fuerte del panorama político, siendo clarificador el 48, 7 por ciento de apoyo. En definitiva, lo que los resultados del referéndum expresan es una heterogeneidad de voces, propias y constituyentes de la sociedad boliviana, muchas de las cuales incluso, han sido protagonistas del ascenso de Evo. Estos sectores, como los aymaras e indios originarios de las tierras bajas, o los trabajadores mineros de Potosí, lejos de ser entendidos como reaccionarios, deben ser pensados como sujetos que, de manera conjunta con el resto de los movimientos sociales, aporten a reorientar y profundizar uno de los procesos sociales más importantes del continente en la última década, superando los límites estructurales del "capitalismo andino".


[1] Expresión clara de este manejo son las denuncias hechas una semana antes del Referéndum en torno al favoritismo en los contratos con una empresa China gestionada localmente por una eventual amante de Evo.

[2] Las protestas estuvieron encabezadas Comité Cívico de Potosí (Comcipo), organización compuesta por 23 instituciones, entre sindicales, privadas y gremiales que reclamaban 26 obras prometidas por el gobierno boliviano

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Izquierda Revolucionaria
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