Nuevo sitio 8 de marzo 7 Marzo 2016

Mujeres trabajadoras: doblemente revolucionarias

En marzo de 1911 más de un centenar de mujeres morían asesinadas en una fábrica textil en EE.UU por protestar ante los bajos salarios. Cada vez más miles de mujeres marcharían por las calles del mundo exigiendo mejores condiciones laborales y derecho a voto; las huelgas de las trabajadoras se multiplicaron en todos los centros fabriles: fue necesario un largo camino de lucha para llegar a la conmemoración del 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Edición N° 11

A Vencer (marzo-2016)

A Vencer

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8 de marzo | Mujeres trabajadoras: doblemente revolucionarias

Más de 100 años después de aquellas heroicas luchas de miles de mujeres trabajadoras la situación ha mejorado mucho pero la precarización persiste: las mujeres recibimos, globalmente, remuneraciones inferiores a las de nuestros compañeros varones. Tenemos trabajos precarios, inestables y muchas veces ligados al rol que el patriarcado nos impone, el de reproductoras y cuidadoras.

Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC de 2013 (últimos disponibles) las mujeres ganan en promedio $ 3.501 por mes, mientras que los hombres reciben $ 4.699. Y no sólo se trata de la brecha salarial; como decíamos anteriormente el problema de las mujeres en el mundo del trabajo está íntimamente ligado a las opresiones de género que el patriarcado supo construir. Por un lado debemos encargarnos del trabajo doméstico: la crianza de los/as niños/as, el cuidado de adultos/as mayores y las tareas de limpieza y alimentación. A la par se nos presenta la necesidad de obtener un trabajo remunerado para sobrevivir, lo cual implica que tengamos una "doble jornada laboral".

En términos capitalistas, las mujeres generamos pérdidas como empleadas. La imposición de la maternidad y las tareas de crianza como una exclusividad femenina devienen en la creencia de que todas las mujeres en algún momento tendrán que tomarse licencia por maternidad y eso significa menos ganancias para la empresa. Aún así el capitalismo es capaz de sacar provecho de esta situación: se reservan para nosotras los empleos más inestables y se nos ofrecen altos niveles de precariedad. En 2012, el 31,4% de los hombres estaba en negro, porcentaje que trepaba al 40,6 en el caso de las mujeres.

Los estereotipos de género también hacen su parte: la mayoría de las mujeres se concentra en un conjunto reducido de ocupaciones que se definen como típicamente femeninas en términos culturales. Las mujeres trabajan, fundamentalmente como maestras y profesoras, niñeras, empleadas domésticas, enfermeras, secretarias, dactilógrafas, vendedoras de comercio, peluqueras, y similares.

Lo cierto es que las mujeres no escapamos a los males que enfrenta la clase trabajadora en general. En nuestro país han sido miles las despedidas de ministerios y municipalidades. Se han desmantelado programas fundamentales para el acceso a derechos conquistados, como el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable o los Centros de Atención a Víctimas de Violencia de Género.

En tiempos de crisis económicas, las primeras en pagar los platos rotos somos las mujeres: somos las primeras en ser despedidas para garantizar ganancias de los/as empresarios/as, y debemos hacernos cargo de todo lo que antes cubrían los servicios públicos. Como dicen las/os estatales: su trabajo son nuestros derechos; cuando atacan a la Salud Pública, la Educación y los Servicios Sociales, también se está dando un duro golpe a nuestras conquistas. Las encargadas de cubrir estas faltas serán probablemente las mujeres, en sus casas; y de esta manera se sigue llevando al ámbito privado lo que debe ser una preocupación política.

Hay una clara avanzada del gobierno en el ataque a los sectores populares, la llegada de Macri al poder no sólo promete ajuste y represión, sino también una clara dificultad para acceder a derechos que hace rato son postergados: aborto legal, políticas habitacionales para las víctimas de violencia y desmantelamiento de las redes de trata. Debemos prepararnos para hacer frente al macrismo y sus aliados fundamentales: la Iglesia y el empresariado.


Luchamos contra el patriarcado y contra el capitalismo

En su momento el ingreso de las mujeres al mercado de trabajo parecía traer aparejado la anhelada "emancipación". Sabemos que poder trabajar fue una gran conquista del movimiento de mujeres, pero no pasamos por alto la conveniencia monetaria que significó para la burguesía tener mano de obra fácilmente precarizable. Hasta el momento las mujeres estaban destinadas a permanecer pasivamente en los hogares, el ingreso de ellas al mercado laboral debe haber sido un muy buen pacto entre sistemas que saben retroalimentarse: capitalismo y patriarcado. Hoy, con salarios de miseria, abundancia de empleos temporarios y la doble jornada laboral, debemos preguntarnos si realmente acceder a puestos remunerados nos permitió llevar adelante una vida más libre.

Por un lado reconocemos que la posibilidad de tener un empleo nos otorga cierta autonomía en nuestras vidas cotidianas, a diario recalcamos que la dependencia económica es uno de los motivos por los que las mujeres no pueden alejarse de sus parejas violentas. Tener un empleo nos hace más independientes, pero ¿independientes de quiénes o de qué? Quizás sí de los varones, pero no del capitalismo.

El acceso de las mujeres al mercado laboral ha modificado profundamente las dinámicas familiares, ha cambiado las relaciones entre varones y mujeres, hay un mayor nivel de autonomía para ellas, pero esto de ninguna manera ha modificado nuestra relación con el capitalismo, las mujeres trabajadoras somos doblemente explotadas: la mayoría de las veces nosotras exclusivamente hacemos todo el trabajo doméstico y a su vez somos un engranaje más en la máquina de producción capitalista, recibiendo salarios miserables.

Es por esto que debemos asumir una lucha feminista revolucionaria, porque para las mujeres trabajadores no alcanza con los derechos políticos conquistados ni con vivir una vida libre de acoso, sino que además debemos luchar contra el sistema que nos explota y aliena.

Este 8 de marzo salimos a las calles levantando más alto que nunca las banderas del Feminismo Clasista, ese que entiende que no es lo mismo ser una mujer ejecutiva que ser mujer y ser vendedora ambulante, docente o desocupada. Necesitamos apostar a la construcción de un feminismo combativo que, a nivel nacional, exprese en las calles las demandas de las mujeres trabajadoras.

No queremos flores ni bombones, en realidad no hay mucho que festejar, seguimos muriendo por violencia machista y por abortos clandestinos, seguimos siendo explotadas por redes de trata y prostitución, seguimos siendo las empleadas informales y mal pagas del sistema: el 8 de marzo es un día de lucha, queremos nuestros derechos.


Las mujeres nos ponemos de pie frente al ajuste y la represión

Basta de despidos y precarización laboral

Igual remuneración por igual tarea, no más brecha salarial

Sin mujeres no hay revolución, sin feminismo no hay socialismo



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Izquierda Revolucionaria
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Izquierda Revolucionaria