Nuevo sitio Contra el ajuste y el pacto social 7 Enero 2016

Una resistencia que recién empieza

Las primeras medidas de gobierno del PRO favorecieron a los sectores empresariales y perjudicaron notablemente al pueblo trabajador. Como respuesta, se produjeron las primeras protestas y movilizaciones para enfrentar el ajuste. Perspectivas de intervención en la coyuntura.

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Contra el ajuste y el pacto social | Una resistencia que recién empieza

El caluroso mediodía del lunes 14 de diciembre, prácticamente el primer día hábil del gobierno de Mauricio Macri, fue el marco para la primera movilización obrera y popular en rechazo a la política de Pacto Social, a través de la cual gobierno, empresarios y burocracia sindical buscarán hacer pasar el ajuste sobre las espaldas de las y los trabajadores.

La importante movilización a la sede de la UIA, encabezada por aceiteros de CABA y ferroviarios de la Seccional Oeste de la UF, e impulsada con fuerza por la CPS Rompiendo Cadenas, tuvo el mérito de marcar una perspectiva de coordinación y unidad desde el vamos, como clave para enfrentar la etapa que se viene para el pueblo trabajador.

Ocho días después, una multitudinaria marcha protagonizada por los mismos sectores sindicales, políticos y sociales llegó hasta Plaza de Mayo para exigir un bono de emergencia de $5000 y repudiar la represión a los trabajadores de Cresta Roja. La magnitud de la movilización puso de manifiesto la existencia de sectores combativos dispuestos a impulsar la resistencia al ajuste, sobreponiéndose incluso a la defección de la CTA Autónoma de Pablo Micheli y la CTEP que dirige el Movimiento Evita, que se "bajaron" de la medida a raíz de algunas concesiones mínimas otorgadas por el gobierno macrista.


Estatales en la mira

Durante las últimas semanas se vienen multiplicando los conflictos con trabajadores y trabajadoras del Estado, a raíz de una creciente ola de despidos que comienza a darse en distintos niveles de la administración pública (Nación, provincias y municipios).

En Nación, el macrismo inició su tarea golpeando sobre ámbitos emblemáticos de la política pública del kirchnerismo (Centro Cultural Kirchner y AFSCA, por ejemplo) o de injerencia directa de algunos de sus más desprestigiados referentes, como sucede en el Senado que hasta el 9 de diciembre presidió Amado Boudou, donde Gabriela Michetti ordenó más de 2000 despidos.

Además, en uno de sus tantos Decretos de Necesidad y Urgencia, Macri instruyó días atrás al Ministerio de Modernización para que haga una revisión general de contratos y los concursos realizados en los últimos dos años. Además ordenó renovaciones de contratos por 3 meses, para los miles de compañeros/as que ingresaron a la APN después del 2012. A fines de marzo comenzarán a vencer esas renovaciones y será ése un nuevo punto de inflexión, en el caso de que el gobierno nacional intente implementar una segunda fase de despidos masivos en el Estado.

En diversas provincias y municipios del país se repite el cuadro (empezando por Buenos Aires, siguiendo por Mendoza y llegando a Santa Cruz, entre otros casos, que no distinguen signo político), donde los funcionarios entrantes despiden trabajadores alegando que son "ñoquis" plantados por la anterior gestión.

Juega a favor de estos ataques, el clima de opinión creado por una fabulosa campaña mediática contra el empleo público que se viene desplegando en los últimos meses, que tiene como punta de lanza la denuncia de la existencia generalizada de "noquis" en el Estado. Detrás de esa acusación, se oculta una política global de achique del Estado, no sólo de sus trabajadores y trabajadoras sino de sus prestaciones básicas en diversas áreas.

El 29 de diciembre último, ATE realizó una Jornada Nacional de Lucha en todo el país, que tuvo como actividad central una masiva movilización hasta las puertas del Ministerio de Trabajo de la Nación, donde se exigió garantía de continuidad laboral, un bono de emergencia de $5000 y la reapertura inmediata de paritarias.

Para enfrentar lo que viene, será necesario un nivel mucho mayor de resistencia y la implementación de verdaderos planes de lucha, y no marchas o medidas aisladas que no alcanzan para acumular las fuerzas necesarias para revertir despidos a gran escala.


Unidad de acción, disputa de perspectivas

Más temprano o más tarde, la dinámica de la lucha de clases en la etapa que se abre pondrá en la vereda de la resistencia a las políticas de ajuste a diversas organizaciones sindicales y sociales dirigidas por corrientes kirchneristas.

Desacostumbradas y achanchadas por años de inmovilismo y pleitesía a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner durante los últimos 12 años, esas direcciones se muestran erráticas en estos primeros momentos, ante los desafíos que impone la presente coyuntura. El discurseo impotente del líder de la CTA kirchnerista, Hugo Yasky, es el más claro ejemplo de esta deriva.

No es por casualidad entonces que las acciones más visibles de resistencia protagonizadas por sectores del kirchnerismo en estas primeras semanas sean las "plazas públicas" y en zonas veraniegas (a las que legítimamente concurren, en su mayoría, sectores medios atraídos desde una lógica más "ciudadana" de participación), mientras que las respuestas a los duros ataques del macrismo en el plano político-reivindicativo, y de la acción callejera, son de una notable debilidad.

Por esto mismo, es imprescindible comenzar a comprender que para enfrentar en serio el ajustazo de Macri, se necesita oponer una vasta fuerza social que sea capaz de poner límites reales a los ataques del gobierno de las corporaciones, que tomaron en sus propias manos la administración del Estado.

Hay que derrotar concretamente al macrismo, hay que frenarlo, por lo que rehuir a la unidad de acción con sectores del kirchnerismo dispuestos a pelear, en la actual coyuntura, no sólo sería infantil sino suicida.

Desde Izquierda Revolucionaria estamos convencidos y convencidas de que la prioridad en este momento pasa por la derrota del plan de gobierno macrista y no por proponernos extraer, en el vacío, conclusiones teóricas acerca de la inviabilidad histórica del nacionalismo burgués y su inexorable desenvolvimiento hacia formas de restauración derechista.

Por eso haremos los mayores esfuerzos por ser protagonistas de primera línea de la resistencia popular que permita derrotar las políticas del macrismo contra la clase trabajadora y los sectores populares. A nuestro entender, la tónica de intervención en el escenario actual está dada por una decidida unidad de acción para la lucha y una consecuente y honesta disputa de perspectivas estratégicas, acerca de las salidas de fondo para nuestro pueblo.

El necesario proceso de elaboración y clarificación política sobre los límites históricos evidenciados por el kirchnerismo como proyecto de emancipación, debe ser el resultado concreto obtenido sobre la base de una experiencia común de resistencia y lucha como pueblo trabajador. Un aprendizaje teórico y práctico forjado abnegadamente en la escuela de la lucha de clases, con mucha inteligencia política y sin ningún tipo de pedantería libresca.

¡Ni un despido!

¡Apertura inmediata de paritarias para recuperar salario!

¡Ningún Pacto Social!

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