Nuevo sitio Concordia bajo el agua 4 Enero 2016

Nueva inundación, las mismas causas

Meses atrás publicamos un artículo a raíz de las inundaciones ocurridas en la provincia de Buenos Aires. En estos días, nuevamente enfrentamos esta problemática pero esta vez en el noreste del país. Los motivos de fondo siguen siendo los mismos.

Concordia bajo el agua | Nueva inundación, las mismas causas

A manera de fatídico regalo de Navidad, nuevamente las inundaciones han azotado pueblos y ciudades de las provincias de Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes y Entre Ríos de nuestro país, así como también en Paraguay y Brasil. Más de 170 mil personas entre los tres países debieron ser evacuadas debido al desborde de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay. En Argentina, la situación más crítica es la de la ciudad de Concordia, Entre Ríos, con más de 10.000 evacuados.

Una vez más, la primera culpable es la naturaleza: el fenómeno del Niño, que según las estimaciones de la Organización Meteorológica Mundial se extenderá hasta mediados del 2016, sería el responsable de generar unas lluvias extraordinarias, no registradas desde la década del 50.

En segundo lugar, desde los medios de comunicación burgueses las miradas se han puesto en la denuncia política a la falta de implementación real de la Ley de bosques. Es sabido que los bosques y selvas, además de concentrar biodiversidad considerable, juegan un papel fundamental en la regulación climática, el mantenimiento de las fuentes y caudales de agua y la conservación de los suelos. Pueden pensarse como una "esponja natural" que absorbe las precipitaciones en vez que dejar que escurran, y "paraguas protector" del suelo, evitando su degradación. Es por esto que cuando la superficie de bosques y selvas se reduce, nos volvemos más vulnerables ante las intensas lluvias y corremos serios riesgos de inundaciones. Ahora bien: una vez más, ante la crisis (supuestamente) ambiental vuelven a ausentarse lecturas estructurales que ayuden a explicar por qué esto ocurre.


Miradas que ocultan

Una nota del diario Clarín, que toma como fuente a Greenpeace, es ilustrativa de la visión ecologista dominante: se habla de la deforestación como un problema, hasta se critica la desidia de un Gobierno que no ha destinado fondos a la Ley de bosques, pero en ningún momento del artículo se describen las causas de la deforestación. Esto tiene una explicación evidente: implicaría develar que la deforestación es nada menos que la otra cara de la moneda del avance de la frontera agropecuaria para sojización: los bosques se reducen porque la soja avanza sobre nuevos terrenos a razón de su rentabilidad. Es así como finalmente la explicación de estos fenómenos se reduce directamente a la lógica de la ganancia imperante en el modo de producción capitalista.

En este sentido, la mirada desde los medios hegemónicos es sesgada también en el plano social: el avance de la soja, a la vez que arrasa con los bosques y las selvas, implica el destierro de cientos de pobladores originarios. Según datos del Ministerio de Ambiente de la Nación, por cada 70 mil hectáreas desmontadas, 400 personas son desplazadas (generalmente forzadas a proletarizarse y formar parte del gigantesco ejército de reserva en los barrios pobres de las grandes ciudades). Estos "evacuados silenciosos" no se denuncian en ningún medio y no son prioridad en la agenda de ningún gobierno, que corre atrás de las urgencias emergentes y pospone hasta el infinito la solución definitiva que tocaría los intereses de enormes empresas locales y trasnacionales.

Es importante aclarar que ninguna obra hidráulica puede resolver eventos extraordinarios como los acontecidos en el litoral. Lo que puede lograrse es la mitigación del evento. A su vez, ¿qué hacer ante la disyuntiva de hacer obras hidráulicas cuando, en paralelo se promueve el avance de la frontera agropecuaria mediante el cultivo de la soja? Un plan de acción debe ir mucho más allá de las obras. Asimismo, la amplitud de la escala del problema pone de manifiesto la necesidad de la acción conjunta de Argentina, Paraguay y Brasil, aunque parece una utopía que países que le abren las puertas de par en par a Monsanto se pongan de acuerdo para abordar la problemática, sabiendo que disminuir el riesgo de inundaciones implica frenar el desmonte. De modo que la carta de las obras es la que les queda a los gobiernos. Sin embargo, siempre está la posibilidad de que esas obras se proyecten hacia la protección de los cultivos y, en consecuencia, a la consolidación del perfil agroindustrial de la región en vez de a un mejoramiento de las condiciones ambientales de la región.

La influencia de la corriente del Niño es una realidad insoslayable: asistimos a un ciclo que forma parte de la propia dinámica natural e implica un aumento del régimen de inundaciones en nuestras regiones. Pero una vez más hay que decir que estos ciclos han sido estudiados y son conocidos y, por tanto, sus consecuencias sociales no pueden ser consideradas catástrofes naturales, sino problemas ambientales con base social, que podrían ser evitados. ¿Por qué se urbanizan áreas que es sabido que son afectadas regularmente por inundaciones, aunque sea por ciclos más o menos largos?, ¿el modelo de urbanización vigente garantiza la radicación de la población en áreas de riesgo en zonas exentas?


Disputar contra la lógica capitalista

Como venimos sosteniendo desde siempre, es fundamental alcanzar conciencia de la racionalidad socio-espacial capitalista, del funcionamiento del medio natural que habitamos y sus transformaciones históricas. Con el acervo político y organizativo conquistado producto de la las luchas ambientales de este tiempo contra Monsanto que envenena a la población y destruye suelos; contra la megaminería contaminante de la Barrick Gold; contra el desembarco de Chevron en Vaca Muerta; resultan insostenibles los discursos que se escudan en el cambio climático o en ciertos discursos ecologistas.

Desde Izquierda Revolucionaria estamos en pie de lucha, organizados y organizadas para construir territorios donde la clase trabajadora logre disputar la lógica de producción dominante, tanto en el campo como en la ciudad. Afirmamos la necesidad de terminar con el agronegocio cortoplacista, y el derecho de las y los trabajadores a vivir en la ciudad, sin vulnerabilidad ambiental, con vivienda digna, acceso al transporte, espacios públicos de calidad, salud y educación.

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