Nuevo sitio Fin de ciclo en América Latina 10 Noviembre 2015

Crisis económica y política en Brasil

A fines de octubre ingresó en el Congreso de Brasil un nuevo pedido de juicio político contra Dilma Rousseff. Este es un momento más en la crisis política, económica e institucional que vive el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), electo hace apenas un año.

Edición N° 8

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Fin de ciclo en América Latina | Crisis económica y política en Brasil

Las palabras pronunciadas recientemente durante la reunión de dirección del PT, a fines de octubre, por el ex presidente Luiz Inácio "Lula" Da Silva son elocuentes: "ganamos la elección con un discurso y después de las elecciones tuvimos que cambiar nuestro discurso y hacer aquello que decíamos que no íbamos a hacer". Así, admitía el rumbo del gobierno de Rousseff, que hoy despliega una política de ajuste abierto y brutal.

El origen de todo está sin dudas en el plano económico, puesto que Brasil está en recesión desde hace un año, provocada por la desaceleración de la economía china. Brasil, como ha sido común al ciclo de desarrollo económico de la última década en América Latina, se apoyó en el alto precio internacional de los commodities para crecer. Una de la bases del lulismo y de Rousseff, su continuadora, es el sector de los agronegocios, bajos impuestos a los grandes capitales y tasa de interés alta para beneficiar al sector financiero. Ahora que la crisis golpea en la periferia, la caída del PBI brasilero será, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, del 3,1% en este año y del 1,6% en 2016. El pronóstico, evidentemente, es muy oscuro.

El fin del ciclo económico expansivo obliga hoy al PT a atacar los servicios públicos, la reducción de los seguros de desempleo, ajuste fiscal en medio de un escenario de inflación cercana al 10%, un déficit fiscal exorbitante y un crecimiento del desempleo cuya tasa se ubica en el 8,5%. En lo que va del año se han perdido 600.000 puestos de trabajo. Esto es lo que Ricardo Antunes llama "la corrosión del mito", es decir, el derrumbe de la hegemonía del PT. Según Antunes, la etapa de gobierno de Lula se caracterizó por "la continuidad con el neoliberalismo más que por la ruptura. Desarrolló una versión muy semejante de lo que por entonces se denominaba social-liberalismo. La política económica preservó la hegemonía de los capitales financieros, dictada por el FMI, manteniendo inalterados los rasgos estructurales constitutivos de la excluyente y perversa formación social burguesa del Brasil"[1]. A esto se añadió una "una política social focalizada y asistencialista, pero muy extendida, que buscaba disminuir los niveles de miseria de millones de trabajadores y trabajadoras, especialmente en las regiones más atrasadas del país".

En la etapa posterior, la continuidad de la alianza de clases que sostuvo al lulismo entra en crisis. Los sectores más concentrados de la economía exigen medidas que terminen rápidamente con la recesión. La concesión más evidente en este sentido en el propio ministro de finanzas Joaquim Levy, un "Chicago boy", es decir, un tecnócrata ortodoxo egresado de la Universidad de Chicago, formadora de toda una escuela de economistas neoliberales. Por abajo, el ajuste ha puesto en crisis el apoyo de fracciones de trabajadores, sobre todo jóvenes y también estudiantes, que protagonizaron las masivas protestas de 2013 y el llamado "Movimiento Pase Libre".

Pero no se trata solo de las consecuencias de la crisis económica. No es lo mismo para un gobierno burgués ajustar con legitimidad popular a tener que ajustar con una base social en crisis. Este último caso es el Rousseff. Los escándalos de corrupción han salpicado a numerosos funcionarios y a ella misma. El más renombrado ha sido el de Petrobras. Pero no termina allí: el Tribunal de Cuentas del Estado rechazó por primera vez desde 1937 en la historia de Brasil el balance fiscal de 2014 por irregularidades. En concreto, por el financiamiento de la campaña electoral de la presidenta. La corrupción es uno de los motivos que más ha enfurecido a los sectores medios de la sociedad brasilera y que son, en gran medida (pero no la única) la explicación de las movilizaciones masivas por el "impeachment", es decir, la destitución de la mandataria.

Como decíamos al inicio, la crisis que afronta el gobierno de Rousseff es de carácter económico, político e institucional. Este último tiene que ver con las propias divisiones en el seno del gobierno y del partido gobernante producto el rumbo de las decisiones políticas.

Brasil es hoy el ejemplo vivo de las contradicciones que viven los "gobiernos progresistas" que caracterizaron el ciclo expansivo de comienzo de siglo en todo el continente. Hoy, bajo el signo de la crisis internacional, cuando más fuertemente se pone en jaque el carácter de clase de los sectores de gobierno y cuando las alianzas de gobierno se tensan, emergen con toda crudeza las disputas por el rumbo económico y político. Brasil gira su timón a la derecha, hacia el ajuste. El progresismo y los proyectos de capitalismo con rostro humano muestran sus límites.

Es inútil intentar predecir el futuro del país hermano, pero sí está claro que se vive una agudización de la lucha de clases y que la crisis del lulismo provocará una fuerte reestructuración de las fuerzas sociales. Mientras el PT intenta capear la crisis y enfrenta uno tras otro los escándalos que estallan a diario que minan la poca legitimidad que queda, la derecha más recalcitrante apuesta a la destitución. La elección que los sectores populares deben hacer no puede ubicarse en ninguno de ambos polos, sino en el campo de la defensa de todas las conquistas sociales, contra el ajuste, la desocupación y también contra todo intento golpista.


Nota:

[1] Antunes, Ricardo. Brasil: El colapso del Gobierno Dilma y el PT. En: www.herramienta.org.

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Autor

Leonardo Lopresti