Nuevo sitio A 70 años del 17 de octubre 17 Octubre 2015

Un hito de la clase obrera argentina

El PJ y el FPV con Scioli a la cabeza así como Massa e incluso Macri hablan de la lealtad pero nada tienen que ver con esa clase obrera contestataria y rebelde que irrumpió aquel 17 de octubre. Cómo fue y qué representa aquella gesta de la clase obrera argentina.

A 70 años del 17 de octubre | Un hito de la clase obrera argentina

Hasta el 16 de octubre de 1945 muchas cosas eran diferentes en la política de nuestro país. Entre otras cosas, el peronismo no existía.

Antecedentes

Durante toda la primera mitad del siglo XX las ofensivas patronales fueron permanentes. El movimiento obrero argentino se gestó en jornadas heroicas como la Semana Roja y años después la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde, en donde la sangre de un movimiento mayoritariamente anarquista regó los suelos de nuestro territorio. Con el contexto mundial de una crisis económica como la del `29/ `30 se instauró en el país la primera dictadura militar con Uriburu a la cabeza y esa ofensiva patronal se profundizó así como la crónica dependencia externa en una década infame para nuestro pueblo.

Con los años ese movimiento obrero mutó, de organizaciones federativas y por oficio a otras de mayor centralización, por rama de industria.

Perón y la Secretaría de Trabajo

Con la presidencia de facto del militar autoproclamado "nacionalista popular" Edelmiro Farrel, el coronel Perón asume la Secretaría de Trabajo y Previsión, desde donde teje una importante alianza con los sectores sindicales dirigentes a quienes les da un rol en la política que hasta entonces no tenían. Hacia 1943 el movimiento obrero organizado se encontraba profundamente fragmentado, con cuatro centrales sindicales de distinto peso (FORA, USA, CGT1 y CGT2, esta última integradas por un sector de socialistas y comunistas será disuelta por el gobierno militar por "extremista").

Mediante una nueva legislación sindical se permitió que el Estado pudiera intervenir al interior de las organizaciones gremiales. Esto le permitiría la intervención de organizaciones como La Fraternidad y la Unión Ferroviaria.

Fue entonces cuando se gestó un doble movimiento, por un lado un sector de dirigentes sindicales se decidió a desarrollar una estrategia reformista de acercamiento a militares como Perón y Domingo Mercante. Y por otro lado, jugó un rol la enorme lucidez del joven coronel que había observado esa transformación del mundo laboral con el crecimiento exponencial de la clase obrera industrial huérfana de organización gremial. A partir de ese momento y con Perón al frente de la ahora Secretaria de Trabajo se avanza en derechos fundamentales para la clase obrera: convocar a negociaciones colectivas entre empleadores y trabajadores -hecho sin precedente en la historia de nuestro país-, se sancionó el Estatuto del Peón Rural, se extendió como un derecho para todos los trabajadores las indemnizaciones por despido y el crecimiento de los niveles de sindicalización fue exponencial (de 356 sindicatos con 441.400 afiliados en 1941 a 969 sindicatos con 528500 afiliados en 1945).

Irrumpe la clase obrera

El 16 de junio de 1945, como parte de esa ofensiva patronal que existió en nuestro país durante toda la historia, el empresariado con la Bolsa y la Cámara Argentina de Comercio a la cabeza, firman el Manifiesto del Comercio y la Industria que cuestionaba aquella política laboral, que según la declaración "crea un clima de recelos, de provocación y de rebeldía, que estimula el resentimiento y un permanente espíritu de hostilidad y reivindicación". En ese contexto asume el nuevo embajador norteamericano Braden y ya a principios de octubre. Luego de una movilización de más de 200 mil personas de Congreso a Recoleta "por la Constitución y la Libertad", Perón se ve forzado a presentar su renuncia. El 12 de octubre es detenido y los diarios titulan que "ya no es un peligro para el país".

En una votación ajustadísima que expresa su poco convencimiento, la CGT decide convocar a una huelga general para el 18 de octubre. Sin embargo, el 17 la amplia mayoría de la clase trabajadora irrumpe a través de la movilización de masas en las "paquetas" calles porteñas y de las principales ciudades del país. De esta forma se planta en el centro de la vida política nacional exigiendo el cumplimiento de su programa: firma inmediata del decreto-ley de aumento de salarios, salario mínimo y móvil, participación en las ganancias, mantenimiento de las conquistas sociales y su ampliación, levantamiento del estado de sitio y fundamentalmente la libertad de Perón a quien se identifica como garante de esas demandas.

Son ilustrativas dos imágenes de esa jornada. Los puentes del Riachuelo levantados, que da cuenta que militares y patrones hicieron lo posible por impedir semejante movilización a la Plaza de Mayo desde los barrios más humildes; y los pibes con sus madres y padres enfriando las patas en las fuentes linderas a la Pirámide. Esa irrupción de la plebe en el centro político del país que de manera independiente y combativa lleva sus reivindicaciones, es un hito de la clase obrera argentina. El peronismo aún no existía pero sin lugar a dudas ese también es su hito fundante.

Juan Perón fue tres veces presidente. En sus dos primeras presidencias concedió derechos incuestionables a la clase trabajadora con un profundo carácter progresivo, sobre todo en el periodo 1946-1949. El movimiento obrero argentino forjó durante esos años una identidad no solo política sino también estructural, por ejemplo con la legitimidad de los delegados de base y las comisiones internas que les permiten a los trabajadores contar con representantes en sus lugares de trabajo, hecho que sin embargo Perón jamás estuvo dispuesto a reconocer en la Ley de Asociaciones Profesionales. Pero también por esos años el peronismo demostró sus límites estructurales incluso en un contexto internacional económicamente favorable en el marco de la posguerra mundial. El peronismo como movimiento nacional-burgués no pudo superar los límites de este sistema capitalista dependiente en donde a lo sumo, en el mejor de los casos y en contextos económicos favorables, lo que se distribuye son las migajas de las ganancias empresariales. No pudo superar los límites de un gobierno que no se proponía confrontar con la burguesía, premisa fundamental para combatir al capital. El momento que expresa esa situación es el llamado Congreso de la Productividad en un marco económico recesivo, que no era otra cosa que un intento por pagar los costos de una crisis con la explotación de los trabajadores, con un acuerdo político previo por parte de las cúpulas sindicales con el empresariado con el arbitrio del Estado. Importantes sectores de base del movimiento obrero, incluso aquellos que reconocían los avances que se habían producido se opusieron a ese Ajuste, demostrando que la relación entre peronismo y clase obrera siempre ha sido conflictiva e inestable.

El Golpe gorila de la autoproclamada "Revolución Libertadora" pero popularmente conocida como "Revolución Fusiladora" instauró un programa claramente antipopular y "revanchista". Es que cuando las contradicciones se agudizan hay solo dos opciones: o revolución socialista o reacción, y ningún intento de conciliación puede escapar a la agudización de la lucha de clases.

La Resistencia Peronista y del conjunto de la clase trabajadora a las políticas de esa nueva dictadura encabezada por los generales Aramburu y Rojas demostró que, pese a aquella conciliación de clases con la que el peronismo no rompía, vastos sectores de ese movimiento social y políticamente heterogéneo no habían perdido ese carácter contestatario y rebelde de aquel 17 de octubre. Todo el ciclo de luchas y huelgas ferroviarias, frigoríficos, alimentación, industria azucarera, textiles, petroleras, metalúrgicas, portuarias, etc. ya habían demostrado esa actitud, aún bajo el gobierno de Perón.

Aquella resistencia la encabezaron los delegados fabriles de base y jóvenes de los barrios. Ahora eran perseguidos por la dictadura gorila que apañaba a los patrones en todas sus formas o con gobiernos "democráticos" como el de Frondizi que a través del Plan CONINTES llenaría las cárceles de militantes peronistas y de izquierda.

El derrotero del peronismo es harto conocido. La posición de Perón fue más clara que nunca bajo su tercer gobierno cuando avala la represión a la tendencia combativa y el peronismo revolucionario en Ezeiza, o frente a la paraestatal Triple A que no solo asesinó al activismo de izquierda sino también sectores de ese peronismo combativo que se nucleaba en organizaciones como la JTP, FAP, FAR y/o Montoneros.

La lealtad

El "Día de la Lealtad" como se recuerda el 17 de octubre, por parte del PJ y el FPV o el hoy peronista Macri, no tiene nada que ver con la reivindicación de esa clase obrera plebeya, contestataria y combativa que el 17 de octubre irrumpió, como otras veces, en la política de nuestro país. Ellos son quienes hablan de un día de lealtad y 364 de traiciones y transas. Son quienes auguran un nuevo Pacto Social, similar al que fracasó con Perón en 1955 y 1973.

Desde una tradición diferente a la del peronismo y los movimientos nacionalistas-burgueses, reivindicamos a esos compañeros y compañeras que pusieron el cuerpo por las conquistas históricas de la clase trabajadora de nuestro país. Es a esa clase a la única que hay que tenerle lealtad.

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Izquierda Revolucionaria
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