Nuevo sitio Gira por Cuba y Estados Unidos 6 Octubre 2015

El Papa en Cuba

La visita de Bergoglio a Cuba fue interpretada en mas de una oportunidad como parte de la reconciliación del gobierno cubano y los EEUU ¿Qué rol juega el Papa en la apertura de relaciones de Cuba y el posible cese del bloqueo? ¿Qué sucede en la isla y cómo influye la visita papal?

Edición N° 7

A Vencer (octubre-2015)

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Gira por Cuba y Estados Unidos | El Papa en Cuba

El 19 de septiembre el Papa latinoamericano, argentino y peronista, como se lo definió mas de una vez por funcionarios del gobierno, aterrizó en suelo revolucionario. Dio misa el domingo, visitó los lugares históricos y se reunión con los mas altos dirigentes cubanos entre ellos Raúl y Fidel. No es la primera vez que un Papa visita la isla socialista pero sí la primera en el caso del ex arzobispo de Buenos Aires. Muchos esperaban que sus discursos se destaquen por la crítica al capitalismo o su "empuje" a la juventud, tal como lo hiciera en sus giras por Bolivia o Brasil respectivamente. Estaba presente además aquella cita de Juan Pablo II en 1998, que pregonaba "que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba", cuando aquel Papa recalamaba que Cuba se camine hacia el capitalismo, algo que se acerca mas al contexto actual. Todo lo contrario: el discurso de Bergoglio fue políticamente correcto, no se metió con unos ni con otros e incluso no recibió a los anticomunistas de la oposición castrista. Tampoco en EEUU dio un discurso subido de tono ni con frases que el progresismo local pueda citar para regocijarse.

Los objetivos del Papa son claros: volver a posicionar una iglesia que estaba en crisis –no solo política sino también económicamente-, aggiornando determinadas cuestiones a los tiempos actuales para devolverle su legitimidad a una de las instituciones mas antiguas del mundo. A su vez, en términos de las relaciones internacionales, si Juan Pablo II había cumplido el rol de ser un activo militante por el fin del comunismo y la disolución de la URSS, el actual jefe de la iglesia viene ahora a ordenar ese nuevo escenario, promoviendo el reestablecimiento de relaciones entre Cuba y EEUU. En esos objetivos se enmarca su visita a Cuba, un país controversial para todo el mundo y con determinados índices sociales incuestionables hasta por el mas rancio opositor (alfabetización, cultura, salud, ocupación). Y allí, el contexto actual de la isla, de apertura al capitalismo y particularmente a su histórico enemigo EEUU, hacía inmejorable el terreno para llevar adelante esas tareas franciscanas de un Papa adscripto al conservadurismo popular.

Hay quienes sugieren que el rol mediador del Papa en diferentes conflictos no es menor y que, así como lo pondría en juego para gestionar avances en el tema Malvinas –que a los pocos días en la asamblea de la ONU sería puesto sobre la mesa por Raúl y no por Cristina, que por primera vez en muchos años no mencionó el tema- también sería un factor de peso en las relaciones Cuba- EEUU. No hay argumentos serios ni nada público mas que la visita seguida a ambos países para sostener semejante afirmación. Solo la intuición y sobre todo los deseos de quienes le asignan un rol a Bergoglio que en su larga trayectoria nunca tuvo. Los mismos sectores progresistas que festejan el avance en las relaciones diplomáticas entre ambos países como un avance revolucionario son los que festejan cualquier tibia afirmación del Papa desde un chauvinismo berreta, olvidando, entre otras cosas, su rol en la última dictadura, o su rechazo actual a las practicas más elementales de salud y cuidado público, como son la educación sexual, la promoción de prácticas anticonceptivas y el derecho al aborto.

Lo que sucede en Cuba es parte de una tendencia histórica de restauración capitalista, inevitable para quienes somos internacionalistas y comprendemos que el socialismo en un solo país es un oximoron. El rol de la dirección de la revolución, encarnado ahora por Raúl Castro e históricamente por Fidel, no hace mas que administrar ese retroceso que sin una conducción con tanta espalda sería vertiginosa y muchísimo mas regresiva para el pueblo cubano. Desde ese punto de vista es paradójico que quienes pregonen el internacionalismo proletario señalen con el dedo cuando Cuba, luego de cincuenta años, muestra signos importantes de apertura al capitalismo. El cese del bloqueo es una bandera que los revolucionarios defendimos históricamente y que debemos seguir reivindicando. Pero tenemos que ser conscientes que esa posibilidad, hoy proviene de un cambio de estrategia de Obama y los EEUU y no de un avance revolucionario y hay allí poco lugar para el rol santificador y hasta incluso heroico que se le pretende dar a Bergoglio. Con los símbolos también se hace política y para eso qué mejor que la Santa institución: ahí está para confirmarlo la imagen de Bergoglio con Camilo y el Che de fondo en la Plaza de la Revolución.

Desde los sectores dominantes se plantea la visita a Cuba en el contexto de una "era del deshielo" en la isla. La vuelta a las relaciones con EEUU es aprovechada para machacar sobre la posibilidad de que cese el sistema de partido único (reclamo al que, de nuevo paradójicamente, también se suben algunas organizaciones compañeras, aun sabiendo que lo que se reclama desde el establishment es la posibilidad de que intervengan partidos capitalistas). Allí, la visita papal se esgrime como extraordinaria y a contrapelo de las ideas revolucionarias ateas y opuestas a la religión. Cabe recordar que no es el primer Papa que viaja a Cuba pero además, y sobre todo, que los revolucionarios no despreciamos en sí mismo la religión y a quienes la practican. Lo que sí despreciamos es el rol de una iglesia y de un Papa que prohíbe el aborto –promoviendo la muerte por aborto clandestino-, condena a los homosexuales, y se suma ahora al proceso de restauración capitalista. Como se lo dijo recientemente a un periodista cuando le consultaba por el encubrimiento de abuso sexual por parte de un obispo, una de la preocupaciones de Franciasco, es que la gente "no se deje llevar.... por los zurdos".

Lejos del supuesto progresismo con que se lo intenta presentar, el rol del jefe de la iglesia debe ser reconocido como lo que es, el jefe de una institución añeja y reaccionaria que pretende recuperar su incidencia en medio de tanto descrédito.


Debates

Cristianismo y revolución

Muchos cristianos fueron grandes revolucionarios que llevaron las ideas del Che y Fidel a lo mas alto, en las antípodas del oro vaticano y de la opulencia papal que criticaran entre otros Diego Maradona en su primera visita a Roma por el contraste entre Fiorito y la Capilla Sixtina. "El servicio nunca es ideológico", afirmó Bergoglio de frente a Guevara. "Ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas (...) debemos cuidarnos del otro servicio, de la tentación del 'servicio' que 'se' sirve. Hay una forma de ejercer el servicio que tiene como interés el beneficiar a los 'míos', en nombre de lo 'nuestro".

Cobran relevancia, en oposición a las afirmaciones de Bergoglio, las palabras de los sacerdotes tercermundistas que impulsaron la Teología para la Liberación, como Camilo Torres, Mugica o Juan García Elorrio. Éste último supo decir: Los cristianos de América Latina sentimos la exigencia de nuestra definición revolucionaria; la exigencia de dar respuesta inmediata y total al desafío que viven nuestros pueblos y la exigencia del cumplimiento de nuestro deber como cristianos. Porque el deber de todo cristiano es ser revolucionario y el deber de todo revolucionario es hacer la revolución.

Efectivamente, la tarea de los revolucionarios sigue siendo, como hace cincuenta años, hacer la revolución. Y ese es el deber también de los cristianos que definen que su opción es la de los pobres y la solidaridad de clase.

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Izquierda Revolucionaria
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