Nuevo sitio El escenario económico después de las elecciones 5 Octubre 2015

Devaluación y más deuda, gane quien gane

El capitalismo argentino vuelve a enfrentarse a sus propios límites estructurales. Los tres candidatos con chances de asumir la presidencia plantean una perspectiva económica conservadora, basada en la devaluación y el endeudamiento externo.

Edición N° 7

A Vencer (octubre-2015)

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El escenario económico después de las elecciones | Devaluación y más deuda, gane quien gane

El marco económico internacional y latinoamericano muestra varias complicaciones que tienen impacto en nuestro país. La baja de precios de algunos commodities, como es el caso de la soja, la desaceleración de la economía china y con ella la reducción de su demanda, y la fuerte contracción de la economía brasilera (devaluación y reestructuración mediante), que llevó a una reducción de las exportaciones argentinas al país vecino del 46% interanual en el último mes, son algunos de los aspectos más relevantes.

En este contexto, la respuesta planteada por los tres principales candidatos (Scioli, Macri y Massa) y sus economistas tiene una clara orientación conservadora. Muy lejos de enfrentar las dificultades golpeando a los más poderosos intereses económicos, la perspectiva es exactamente la contraria: descargar el costo de la situación sobre el pueblo trabajador, defender los intereses del empresariado, y consolidar las relaciones de dependencia ante los grandes centros financieros.

Aunque se dice opuesto a la avanzada derechista de Macri, Daniel Scioli se prepara para lo mismo. El estudio de su principal asesor económico reconoce, puertas adentro, que la inversión se desplomó 7,1% en 2014 y pronostica que volverá a caer un 1% este año. Así se distancia de la visión "optimista" que sostienen Kicillof y Cristina Kirchner. De hecho, mientras para Kicillof la economía crecerá un 2,3% este año, el Estudio Bein dice que sólo alcanzará un 1,5%, tras haber registrado en 2014 una caída del 1,8%.
Así, los presidenciables dan por supuesto que realizarán un ajuste por medio de una devaluación y sólo discuten si será gradual o de shock, aunque las dificultades para llevar adelante una devaluación drástica han hecho que la propuesta gradualista sea la más extendida.

La devaluación del peso en relación al dólar, y el consecuente aumento de los precios reales y el costo de vida, es el núcleo central de un ajuste contra el pueblo trabajador que tiene otra serie de componentes, principalmente vinculados con el "achique del gasto público". Aunque seguramente no se desarticulen, al menos al inicio del nuevo gobierno, los programas sociales fundamentales (ya que inducirían a una situación social crítica y potencialmente explosiva), está claro que se buscará bajar los niveles de gasto estatal.

Obviamente, esto puede tener repercusiones sobre salarios de las y los trabajadores estatales (recuérdese la actual maniobra que realiza el gobierno provincial de Scioli con la docencia, evitando el pago completo de los sueldos de forma sistemática); o sobre el recorte de subsidios a las empresas de servicios, sin garantizar el mantenimiento de los precios, lo que supondría un aumento del costo de vida, también por la vía del aumento de servicios básicos.

La perspectiva antipopular de las medidas por venir se pone más en evidencia cuando, junto al ataque al bolsillo de los trabajadores y trabajadoras, encontramos el cuidado de los ingresos del empresariado. No sólo no está planteado reducir los subsidios, por ejemplo, a empresas como las automotrices; sino que todos los candidatos están planteando ayudar a la rentabilidad del empresariado rural por medio de la baja o eliminación de las retenciones en la gran mayoría de los productos. Tal como señaló Miguel Bein en una entrevista reciente: "Nosotros estamos de acuerdo en eventualmente tener un esquema de retenciones móviles, pero ahora ya está, con este tipo de cambio no se pueden tener retenciones salvo algo en la soja". Así, el "modelo" que supuestamente se había construido en disputa con los grandes poderes económicos del empresariado rural, continuaría ahora eximiendo de retenciones a estos sectores.

Un problema que preocupa a todos los presidenciables y al actual gobierno es la caída de las reservas. Actualmente se están ensayando algunos paliativos, como son los swap con China que cubren uno de cada tres dólares de las reservas actuales, y el lanzamiento de un nuevo bono en dólares que procurará patear hacia adelante la entrega en mano de dólares a los bonistas.

No obstante, lo fundamental es que la falta de dólares, producto, entre otras cosas, de la caída de los volúmenes y los precios de las exportaciones, pretende ser saldada entonces, recurriendo una vez más al Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y demás organismos de crédito. De esta forma, el tan discutido desendeudamiento, que el kirchnerismo intentó mostrar como una novedad fundamental, se desvanece en sus propios actos, ahora que los candidatos se pelean por ver quién es más amigable con los organismos internacionales, y aseguran, todos ellos, que buscarán un arreglo con los "holdouts". Hoy mismo hay algunos acuerdos firmados con el BM, el BID y el CAF que rondan los 10.000 millones de dólares y que entran en vigencia a comienzos de 2016.

El problema que atraviesa el país es estructural y ni el kirchnerismo ni los actuales presidenciables, se orientan a resolverlo. Como explicaba recientemente el economista Eduardo Lucita: "Todo ciclo expansivo termina con la reaparición de las limitaciones estructurales de nuestro capitalismo dependiente (restricción externa, inflación, déficit fiscal, debilidades de la infraestructura)". Efectivamente, ni el gobierno que se va, ni el que está por venir, se plantean resolver ese problema de fondo, porque hacerlo supondría asumir un enfrentamiento profundo con los grandes grupos económicos.

Queda en manos de la clase trabajadora y el pueblo esa tarea fundamental.

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Izquierda Revolucionaria
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