Nuevo sitio A 39 años de la Noche de los Lápices 16 Setiembre 2015

No desaparecieron por un boleto estudiantil

En septiembre de 1976 desaparecieron diez estudiantes secundarios; de los que aún hay seis que siguen desaparecidos. La lucha no era por el boleto estudiantil y su gratuidad, la lucha era por el socialismo.

A 39 años de la Noche de los Lápices | No desaparecieron por un boleto estudiantil

A mediados de septiembre de 1976 diez estudiantes secundarios de la ciudad de La Plata fueron secuestrados en manos del Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército y la Policía de la Provincia de Buenos Aires, a cargo en ese entonces del general Ramón Camps. Hoy se cumplen 39 años de este hecho que es recordado como "La noche de los lápices", y que constituye uno de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el terrorismo de Estado.

Durante su secuestro los jóvenes fueron torturados en distintos centros clandestinos del "circuito Camps"; entre ellos el Pozo de Arana, el Pozo de Banfield, la Brigada de Investigaciones de Quilmes y la Brigada de Avellaneda. Seis de ellos continúan desaparecidos (Francisco, María Claudia, Claudio, Horacio Daniel y María Clara) y solo cuatro pudieron sobrevivir: Pablo Díaz, Gustavo Calotti, Emilce Moler y Patricia Miranda.

La mayoría de los jóvenes militaban en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) dentro del brazo revolucionario del peronismo, y muchos de ellos habían participado durante la primavera de 1975 de las movilizaciones que reclamaban el Boleto Estudiantil Secundario (BES)."El boleto", o la lucha por su gratuidad, que podría ser una anécdota dentro de la perspectiva revolucionaria de estos jóvenes, adquirió un lugar de tal relevancia que alcanza ribetes místicos en el imaginario social al respecto de la Noche de los Lápices.

En el marco de un gobierno de facto que sembraba el Terrorismo de Estado a partir del secuestro, la tortura y desaparición de un amplio arco de la sociedad, entender que la Noche de los Lápices es el resultado de la lucha por el boleto estudiantil guarda poca lógica. Bien sabemos que el boleto no cambia la economía nacional; pero una juventud revolucionaria, organizada y en pie de guerra sí puede hacerlo.

Aquella generación que en los '60 y '70 peleó y dio la vida por un mundo sin explotadores ni explotados, vive hoy en nuestras banderas y sus lápices realmente siguen escribiendo nuestras consignas. No como bustos estáticos, no como héroes y heroínas de un tiempo que ya no es. Sino como referentes en lo teórico y en lo práctico en la lucha inclaudicable por el socialismo.

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Izquierda Revolucionaria
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