Nuevo sitio Cientos de miles llegan a Europa 8 Setiembre 2015

Emigrados y desplazados: barbarie capitalista

En las últimas semanas explotó la afluencia de inmigrantes y desplazados que llegan a Europa. Son cientos de miles que escapan de las guerras provocadas por el imperialismo en Medio Oriente y el Magreb. Su situación humanitaria es muy precaria y muchos han perdido la vida en las aguas del Mediterráneo. Es una catástrofe social que revela el lado más funesto de la barbarie capitalista.

Edición N° 6

A Vencer (Septiembre-2015)

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Cientos de miles llegan a Europa | Emigrados y desplazados: barbarie capitalista

En este preciso momento, a lo largo y ancho del planeta, hay 59,5 millones de personas desplazadas forzosamente a causa de guerras, es decir, sin contar migrantes que salen de sus lugares de origen por motivos estrictamente económicos. Siria (3,8 millones), Afganistán (2,59 millones) y Somalia (1,11 millones) son los países que encabezan este ranking funesto, mientras que Rusia y Alemania son los países con mayores solicitudes de asilo. En el caso de esta última, en 2014 llegaron a 174mil, casi el doble que en 2013.

En las últimas semanas, el foco del problema se ha puesto sobre los desplazados que llegan desde Siria, precisamente porque una marea humana está yéndose desde Medio Oriente hacia Europa occidental, la mayor parte, con destino a Alemania y otras economías del norte. Se trata de familias que han abandonado todo lo que tenían y que pagan miles de dólares en pasajes sobrevaluados de forma exponencial. Para llegar atraviesan todo el este europeo en trenes y camiones y cuando no tienen ni un centavo, van a pie. En Hungría se cuentan por miles quienes caminan por la banquina de las autopistas. Mientras, en Austria, hace apenas una semana, morían asfixiados 70 inmigrantes encerrados en un camión.

La otra vía posible es la marítima, por donde traficantes de personas llenan barcos endebles que se hunden en las costas del Mediterráneo. En este caso, se trata no solo de los desplazados de Medio Oriente, sino también de los miles que cruzan desde las costas norafricanas con la proa señalando a España, Italia o Grecia. Provienen de Somalia, Nigeria, Camerún, Sudán, Libia. Ya han muerto 2.500 en lo que va de 2015 según algunas estimaciones, récord histórico de una masacre que tiene responsables.

Para comprender lo que sucede en Europa hay que retroceder hasta Medio Oriente. Siria está sumida en una guerra feroz desde hace cuatro años. En el marco de la "Primavera Árabe", comenzó una guerra civil promovida por el imperialismo yanqui, que armó grupos rebeldes locales y envió mercenarios desde el exterior para derrocar el gobierno de Al Assad. Rusia, por su parte, ha defendido en todo momento un salida "no intervencionista", pero con un claro apoyo al presidente sirio. La aparición en escena de del Estado Islámico (EI) a comienzos de 2014, entrenado y financiado por la monarquía de Arabia Saudita, una aliada estratégica de EEUU, modificó el escenario: el acelerado avance militar del EI cambió el objetivo de los Estados Unidos, que viró tácticamente hacia el ese nuevo actor. Mientras tanto, en el cantón de Rojava, al norte y junto a la frontera con Turquía se iniciaba una verdadera resistencia popular contra el EI: las milicias kurdas frenaron por primera vez su desarrollo y reconquistaron numerosos territorios. Kobani es el símbolo de esa resistencia.

Siria es hoy rapiña de disputa entre EEUU y Rusia; ven en ella un lugar geográficamente estratégico para dominar en la región política y económicamente. Para Israel, gendarme yanqui en Medio Oriente, además, Siria es junto a Irán el único vecino árabe de envergadura que representa una amenaza contra el régimen sionista. Una eventual derrota de Al Assad implicaría además, golpear muy duramente a milicias árabes como Hezbolláh en el Líbano y Hamás, cabeza de la resistencia indomable del pueblo palestino. Turquía, por su parte, comprende la amenaza de que se consolide la resistencia kurda en Rojava. El gobierno turco de Tayip Erdogan prefiere al EI en el poder a lidiar con la guerrilla kurda, porque precisamente en su territorio viven 12 millones de kurdos oprimidos por su régimen. Mientras continúa el ajedrez imperialista que ya asesinó a 240.000 sirios, Rusia levanta su primera base militar en el país.

Las batallas en medio de las ciudades, el gaseo de civiles, las masacres a sangre fría por parte del Estado Islámico y los misiles de la OTAN han arrasado con todo, esta es la explicación para que 13 de 22 millones de habitantes estén obligados a desplazarse interna o externamente.

En el caso de los países africanos, dos factores se conjugan: la intervención de la OTAN en países como Libia y Mali, desestabilizando completamente esos Estados y creando nuevas guerras para imponer su "sistema democrático y de derechos humanos", una fachada para disputar poder territorial, político y hacerse de numerosos recursos, entre ellos, naturalmente, petróleo. Estas intervenciones sembraron el terreno que para el Estado Islámico, a su vez, se expandiera rápidamente. La radicalización de numerosos sectores árabes es, en parte, una respuesta a la ofensiva imperialista. La ironía es el que el propio Estado Islámico es una coalición de agrupaciones radicales del salafismo, entre ellas Al Qaeda, que tiene su origen en las guerrillas que la CIA entrenó en los años ochenta para combatir a la Unión Soviética.

La marea humana que busca por todos los medios posibles entrar a Europa es la consecuencia directa de la política imperialista de las potencias del continente. Las masas árabes han llegado a las puertas de los responsables de todos los crímenes que sufren reclamando lo que por derecho les pertenece: paz y condiciones de vida dignas.

No obstante, la respuesta europea ha sido nefasta desde todos los puntos de vista: solo cuando la situación se volvió explosiva e inocultable decidieron ofrecer refugio exclusivamente a los desplazados por la guerra en Medio Oriente. Las políticas migratorias no han variado en absoluto: todo inmigrante ilegal es perseguido y deportado. En 2014, fueron más de cien mil. Las declaraciones xenófobas de los líderes europeos son elocuentes. Víctor Orbán, primer ministro húngaro, afirma que "Europa está amenazada por el flujo masivo de personas" y que deben proteger con firmeza sus fronteras. En la misma línea, David Cameron, directamente calificó de "plaga" a los inmigrantes y Ángela Merkel, por su parte, indicó que: "Para poder ayudar a los que están en una situación de emergencia tenemos que decirles también a aquellos que no lo están que no se pueden quedar aquí".

En el contexto de una Eurozona que no remonta la crisis, la afluencia de inmigrantes traerá sin duda consecuencias políticas: es terreno fértil para que las fuerzas xenófobas exacerben el nacionalismo. Aurora Dorada en Grecia y el Frente Nacional francés son las expresiones más notorias de este fenómeno. En los últimos días se han registrado movilizaciones de diversa índole al respecto: en París y Berlín varios miles de personas marcharon contra las deportaciones y la xenofobia; mientras que en Bratislava (Eslovaquia), por ejemplo, a tono con la tendencia en el este europeo, las consignas eran contra la "islamización de Europa".

La apertura de las fronteras a todos los inmigrantes y desplazados y su legalización; la asistencia humanitaria inmediata; el cese de todas las deportaciones; el desmantelamiento de los alambrados fronterizos criminales que siegan cientos de vidas anualmente son algunas reivindicaciones que los pueblos de Europa debieran tomar inmediatamente. El fin de las catástrofes humanas que expulsan de sus hogares a millones, sin embargo, solo será posible cuando terminen también las condiciones que le dan origen: la barbarie capitalista de la explotación y la opresión que provoca miseria, hambre y guerras en el globo entero.

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Izquierda Revolucionaria
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