Nuevo sitio Violencia contra las mujeres 8 Setiembre 2015

Ninguna mujer nace para puta

La prostitución y la trata son problemas originados principalmente por el entrecruzamiento de la pertenencia de clase y la desigualdad entre varones y mujeres. Es central cuestionar las circunstancias que dan lugar a esos circuitos de explotación sexual, e identificar a sus responsables.

Edición N° 6

A Vencer (Septiembre-2015)

A Vencer

Sumario

Compartir Articulo

Violencia contra las mujeres | Ninguna mujer nace para puta

El negocio de la prostitución es uno de los mayores generadores de ganancias, junto con el de la venta de drogas y el tráfico de armas, los mismos se dan a escala mundial. Pero, mientras que para vender armas hace falta fabricarlas y para vender drogas cultivarlas y producirlas, para la prostitución son las personas, mayoritariamente mujeres, las que están ahí para ser comercializadas. Se trata entonces de un negocio de "muy baja inversión", en el cual la ganancia monetaria es muy alta para proxenetas.

La prostitución afecta mayoritariamente a las mujeres jóvenes, precarizadas y pobres, por lo que no es posible hablar de la misma como una categoría abstracta, sino de una situación compleja donde las principales afectadas son mujeres que se ven desfavorecidas y desprotegidas desde un inicio. En este punto, es muy importante cuestionar la falsa idea de "libre elección" en el marco de este sistema.

La prostitución es una institución social estructural del patriarcado y el capitalismo, que refuerza el papel de subordinación de las mujeres y sus cuerpos al servicio de los varones y el mercado. Es relevante para poder analizar este complejo asunto, el hecho de que son sobre todo las mujeres, mayoritariamente mujeres pobres, las que se encuentran en situación de prostitución, y hombres en su mayoría los que consumen. En esta problemática se ve de forma explícita la intersección entre los imperativos del capitalismo, de convertir todo en mercancía, y del patriarcado, donde prima el dominio de los varones en la utilización del cuerpo de las mujeres como objeto.

Otro gran fenómeno en ascenso es el de la trata de personas para la prostitución, que también afecta mayoritariamente al mismo sector. El secuestro de niñas, jóvenes y adultas o el engaño con promesas de trabajo, matrimonios, etc., para ser explotadas sexualmente sin su consentimiento, privadas de su libertad, después de ser violentadas de múltiples maneras es el modus operandi. La complicidad, la participación directa y/o la impunidad de funcionarios políticos, judiciales y fuerzas represivas del Estado son claras, como se evidenció por ejemplo en el caso de Marita Verón. En este caso, se agudizan las condiciones en las que las mujeres son explotadas, ya que implican distintas formas de sometimiento y abusos de todo tipo. Y si bien presenta esta especificidad, debemos pensarlas como fenómenos en continuidad, donde los actores se repiten.


Debates

Existen distintas respuestas a la problemática de la prostitución. Por un lado, el regulacionismo que propone que el Estado legalice la prostitución, reglamentando la instalación de prostíbulos, las formas de explotación de las mujeres, los controles sanitarios. Por otro lado, el abolicionismo que considera a la prostitución como una forma de violencia contra las mujeres, combate el proxenetismo y exige campañas educativas contra el consumo de prostitución como modo de resolver la problemática, y en muchos casos la penalización de los clientes o la prohibición legal de su ejercicio. Ambas posturas apelan a una intervención estatal, depositando expectativas en el mismo Estado que hoy es responsable de las violencias hacia las mujeres, tal como venimos desarrollando en nuestras notas.

Sin embargo, es necesario identificar quiénes son los verdaderos beneficiarios de la reducción de riesgos en las propuestas de reglamentar la prostitución. Un ejemplo ilustrativo es el caso de Holanda, país en que la prostitución ha sido convertida en una actividad laboral desde su despenalización en el año 2000, en el cual los problemas derivados de la prostitución no han mejorado, sino más bien se vieron agravados. La legalización no ha funcionado bien, y ha proliferado el tráfico de personas. Al tener que pagar impuestos, muchas prostitutas han optado además por ocultarse. Una vez calificadas de asalariadas o trabajadoras autónomas, los deberes de las prostitutas han superado con creces sus derechos: deben pagar impuestos, pero no tienen seguro de paro; muchas abandonan los burdeles y pasan a la clandestinidad, con lo cual crece la amenaza de los proxenetas. Este modelo, en su práctica concreta, terminó ofreciéndoles mayores cuidados a los hombres consumidores y a aquellos que se benefician de la prostitución. Se facilita el contacto entre "trabajadora sexual" y "clientes", por un lado, y expone a la clandestinidad y al mercado negro a las que no pueden sostener el régimen legal. Este tipo de medidas continúan naturalizando la práctica, fomentando y perpetuando este sistema de opresión donde las mujeres son las principales víctimas, ya sea de estar en situación de prostitución o peor todavía, dentro de una red de trata.

Por otra parte, y en tensión con lo antedicho, partimos de que la prostitución es una realidad urgente de la época, sobre la cual debemos intervenir. En este sentido, defendemos la necesidad de impulsar programas que ofrezcan la atención integral a las mujeres en situación de prostitución, incluyendo asistencia jurídica, médica, psicológica y social. A la vez que exigimos la garantía de derechos básicos, como son: trabajos dignos con salario igual a la canasta familiar, el acceso gratuito a todos los niveles de educación, el acceso a la vivienda digna y protección para estas mujeres y sus familias. Y en un plano más general, apelamos a la necesidad de desnaturalizar el consumo de prostitución, a quitar del imaginario social que se trata de un derecho masculino. Es necesario terminar con las redes de trata y prostitución, castigar a los proxenetas y a todos los implicados en este negocio.

No consideramos que haya que prohibir la prostitución, esto conduciría a una mayor marginalidad, estigmatización y criminalización de las mujeres en situación de prostitución. Las mismas son víctimas de esta cruel maquinaria, constituyen el sector que, habiéndose vulnerado sus derechos sistemáticamente, es preciso empoderar. A la vez, está demostrado que allí donde la prostitución es legal, no ha disminuido la estigmatización de las mujeres ni se ha conseguido terminar con la violencia ejercida sobre ellas sino todo lo contrario. Por lo que regular la prostitución implicaría sostener la problemática.

Desde Izquierda Revolucionaria sostenemos que hay que entender esta problemática en su contexto político, económico, cultural, etc., como una muestra de las opresiones y explotaciones más extremas. Es central cuestionar fundamentalmente las circunstancias que obligan a la mayoría de las personas en situación de prostitución a ser parte de esos circuitos de explotación sexual, e identificar a sus responsables. La prostitución y la trata son problemas de pobreza y de géneros, en los que la principal causa es el entrecruzamiento de la pertenencia de clase y la desigualdad entre varones y mujeres, en los que no hay posibilidad de elección autónoma y libre posible para las mujeres.


¡Exigimos la abolición de todas las redes de trata y prostitución!

¡Peleamos por el derecho de las mujeres de acceder a trabajo, vivienda, educación y salud dignas!

¡Y gritamos basta de opresión y explotación!

Comentarios

Izquierda Revolucionaria
Autor

Izquierda Revolucionaria