Nuevo sitio Editorial A Vencer, edición de septiembre 8 Setiembre 2015

El fraude es el sistema

Las elecciones de Tucumán y las acusaciones de fraude marcan la tónica del debate hacia octubre. Las políticas clientelares y los métodos tramposos de los partidos patronales no son nuevos y salpican a oficialistas y opositores. Las fuerzas de izquierda tenemos que intervenir con iniciativa y posiciones propias, totalmente delimitadas del republicanismo derechista de Macri y Massa.

Edición N° 6

A Vencer (Septiembre-2015)

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Editorial A Vencer, edición de septiembre | El fraude es el sistema

Reparto de bolsones, robo de boletas, quema de urnas, detención posterior a militantes opositores, entre otros hechos, fueron algunos de los episodios producidos en las accidentadas elecciones a gobernador en la provincia de Tucumán, que saltaron a la opinión pública nacional e instalaron el cuestionamiento al sistema de elección actual.

Las importantes y heterogéneas movilizaciones populares producidas luego de los comicios, agigantadas más tarde por la represión policial ordenada por Alperovich en la noche del lunes 24 de agosto, llevaron el tema a un primerísimo plano dejando al desnudo las miserias del clientelismo semi-feudal que impera en buena parte de las provincias argentinas.

La oposición patronal (Macri y Massa, fundamentalmente) encontró en el tema un eje de campaña que golpea sobre seguro, ya que las prácticas tramposas de aparato del PJ son conocidas por todos, pero que en sí mismo es insuficiente para articular una corriente de adhesión que le permita imponerse sobre el oficialismo. Está claro que con esto sólo no le va a alcanzar.

Desde el punto de vista de las fuerzas de izquierda, el repudio puntual a los métodos tramposos y patoteros del PJ, deben ir acompañadas por el claro señalamiento del carácter estructuralmente fraudulento del régimen. En todos los casos, es tal la disparidad de recursos y medios (incluidos los de comunicación) a favor de las fuerzas políticas capitalistas, en sus distintas variantes, que aún respetándose debidamente las "reglas de juego", su primacía está asegurada.

En el caso tucumano, el cuadro se agrava con el esquema de "acoples" de listas o "colectoras" interminables que favorecen al oficialismo, dispositivo pensado para que las fuerzas políticas tradicionales se legitimen en esa instancia con una voluntad popular maniatada "eligiendo" sobre varias opciones de lo mismo.

Para las fuerzas populares y de la izquierda anticapitalista, el régimen electoral supone siempre una "cancha inclinada" a favor de las clases dominantes. Por estas razones, nuestro repudio a las trampas evidentes del PJ tucumano de ningún modo nos lleva a depositar confianza o legitimar la naturaleza amañada de un régimen que la mayor parte de las veces mantiene oculto su carácter estructuralmente fraudulento.


Nuevo round, viejo dilema

En otro orden, las elecciones tucumanas constituyeron un nuevo episodio de medición de fuerzas entre el FPV y la oposición patronal, que en el caso de Tucumán estaba unificada en el "Acuerdo del Bicentenario", que reunió a la UCR y sectores que rompieron con el PJ, bajo la tutela política de Macri y en menor medida de Massa.

La desesperación de Scioli por mostrarse eufórico festejando un triunfo se explica por su necesidad de mostrar una seguidilla ganadora hacia la primera vuelta del 25 de octubre (Chaco será el próximo capítulo de la saga). Para imponerse en primera vuelta, la suerte del FPV se juega fundamentalmente en el conurbano bonaerense, donde tiene que recuperar niveles históricos de adhesión, si pretende alcanzar el 45% que exige la ley electoral.

Junto con esto, Scioli aspira a traccionar una porción de los 1.400.000 votos de origen peronista que cosechó De la Sota en las PASO, que no necesariamente van a transferirse hacia su vencedor en la interna de UNA, Sergio Massa, tercero en discordia entre Scioli y Macri.

Con esos objetivos, al sciolismo se le presenta el viejo dilema de "deskirchnerizar" la campaña para intentar captar el voto independiente; mientras que desde la Casa Rosada trabajan en sentido contrario: "kirchnerizar" todo lo que se pueda, subiendo a Zannin a escena y con Cristina manteniéndose en el centro del ring, para marcar agenda hasta el último día de su mandato.

Lo más factible es que coexistan ambas orientaciones, con fricciones, tensiones y zancadillas. No obstante, miradas de conjunto, ambas líneas son funcionales para las necesidades electorales del oficialismo: Scioli buscará "abrir" y cosechar entre el electorado indeciso, mientras Cristina cohesiona el núcleo duro del voto kirchnerista, que a esta altura igual ya no tiene otra alternativa que atracar en el mismo puerto que el ex motonauta iniciado en la política por Carlos Menem.


Con nuestras reivindicaciones y programa

En este contexto, las fuerzas de izquierda tenemos que intervenir con iniciativa y posiciones propias, totalmente delimitadas del republicanismo derechista de Macri y Massa, al que como era de esperar se plegó la centroizquierda blanca de Margarita Stolbitzer.

Desde el punto de vista de la izquierda clasista, la intervención electoral debe tener como fin difundir y apuntalar las luchas de la clase trabajadora; propagandizar un programa político de profunda transformación social y acumular fuerzas para una alternativa obrera, popular y socialista. Cuando queda cada vez más claro que el debate sobre una nueva devaluación que golpee sobre los bolsillos populares es sólo una cuestión de tiempos e intensidad, es fundamental bregar por una salida a la crisis económica en beneficio de los trabajadores y el pueblo.

Son estos nuestros ejes y programa de fondo, y el FIT tiene una gran responsabilidad de no desviar de allí el "centro de gravedad" política de la campaña, frente a los candidatos del ajuste y la devaluación.

Las denuncias contra el fraude del régimen electoral, válidas y fundamentadas en hechos reales, deben quedar completamente subordinadas a ese contenido político fundamental que es el que define el carácter de independencia de clase, desde posiciones de izquierda, a la campaña electoral a desplegar.

Las semanas próximas serán clave para ese desarrollo y desde Izquierda Revolucionaria militaremos con fuerza la opción del Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) como única alternativa realmente opositora a los candidatos de las "corpos".

A su vez, seguiremos dedicando nuestros mayores esfuerzos para avanzar en mayores niveles de unidad en todos los planos de la construcción política: estratégico-partidario, táctico-electoral y para la lucha cotidiana por nuestras reivindicaciones. Las páginas de este número de A Vencer reflejan ampliamente parte de esas búsquedas e intentos.

Sumemos fuerzas para un proyecto propio, ¡vamos por una alternativa política del pueblo trabajador!

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