Nuevo sitio Se vienen nuevas elecciones 22 Agosto 2015

Dimite Tsipras: en Grecia los caminos se bifurcan

Luego del tercer rescate financiero, el Primer Ministro anunció su renuncia y la convocatoria a elecciones, en una jugada fríamente evaluada. Frente al nuevo escenario, los proyectos en pugna continúan siendo dos.

Se vienen nuevas elecciones | Dimite Tsipras: en Grecia los caminos se bifurcan

Sísifo fue un rey de la antigua mitología griega que sufrió la condena de los dioses. Había faltado a sus deberes con los señores del Olimpo y a modo de castigo, lo condenaron a conducir por la ladera de una montaña una roca enorme que volvía a despeñarse cuando llegaba a la cima. La pena no tenía fin, era eterna.

La política impuesta por la Troika europea al pueblo griego admite una comparación con el drama de Sísifo: endeudarse con los dioses alemanes de las finanzas europeas, luego recibir cuantiosos rescates -a cambio de ajuste- para pagar las deudas contraídas con esos mismos organismos. La roca sube y vuelve a caer. Tal es así, que el miércoles 19 de agosto el Bundestag, parlamento alemán, aprobó por amplia mayoría un nuevo y cuantioso rescate para la economía griega: 86.000 millones de euros. Esta cifra descomunal no tiene como destino ni inversión productiva ni la recuperación de derechos sociales que han desaparecido con el ajuste; muy por el contrario, 56 mil de ellos serán para el pago de deuda pública y 25 mil para alimentar el sistema bancario del país. Es decir, la deuda griega seguirá creciendo y se volverá más insostenible.

Mientras tanto, se sostiene la política de ajuste que desde el estallido de la crisis en 2010 sostienen los sucesivos gobiernos griegos. Aumento del porcentaje de IVA, edad jubilatoria en los 67 años, recorte de pensiones, congelamiento de los convenios colectivos de trabajo, creación de un fondo de privatización de bienes públicos por 50 mil millones de euros, son algunos de los más notorios y nefastos ejemplos del drama sostenido contra el pueblo griego.

Hasta aquí el drama económico, que sigue su curso en medio de una crisis política que sacude al Estado. Apenas un día después de aprobado el tercer rescate financiero, ayer jueves el primer ministro Alexis Tsipras, quien llegó al gobierno hace apenas seis meses, anunció su dimisión y la convocatoria a elecciones para septiembre, en la cual volverá a presentarse para renovar mandato.

El anuncio del líder de Syriza no es completamente inesperado. Desde la convocatoria al referéndum celebrado al comienzos de julio comenzó a barajarse la posibilidad de su dimisión, porque desde entonces tuvieron lugar durísimas tensiones al interior de Syiriza. La oposición, al acordar cualquier entendimiento que implique nuevos ajustes por parte de una minoría nucleada en Plataforma de Izquierda, una de los espacios que componen la coalición Syiriza, se fue agudizando. En la sesión parlamentaria del viernes pasado nuevamente el bloque de diputados de la fuerza gobernante se quebró, y la aprobación (al igual que sucedió con la aceptación de la propuesta de la Troika luego del referéndum) se logró con los votos del PASOK, Nueva Democracia y To Potami. Es decir, con partidos burgueses que están decididos a continuar con el ajuste.

En este panorama, la dimisión de Tsipras es una jugada política fríamente evaluada. El líder de Syiriza tiene en sus manos la fidelidad de la mayor parte de su fuerza política –incluso de algunos referentes que se han opuesto al ajuste como el ex ministro Yanis Varoufakis– y de gran parte de la población. En las elecciones de septiembre buscará renovar su apoyo popular y relanzar su gobierno con su partido ordenado y depurado internamente: está echando lastre por izquierda. La confirmación de esto es la salida de Plataforma de Izquierda de Syiriza y la conformación de un nuevo partido, Unidad Popular, entre los cuales figuran algunos ex funcionarios de Tsipras y que cuenta con un bloque de 25 diputados en el parlamento.

Al mismo tiempo, Nueva Democracia, partido político nacionalista con el cual conformó gobierno Syriza se ha lanzado a la conquista del Estado: intentará conformar una coalición de gobierno y evitar las elecciones, una estrategia que difícilmente rinda frutos dado el apoyo popular del que goza Syriza.

El proceso político griego se acelera y cada uno de los actores en juego va revelando su verdadera identidad. La propuesta progresista que triunfó en las última elecciones ha fracasado y en los caminos que se bifurcan queda claro, cada vez más, que los proyectos en pugna han sido y son dos: el del ajuste, es decir, el de la continuidad en la Eurozona y la destrucción de la condiciones de trabajo y de vida del pueblo griego, al cual se ha sumado la fracción hegemónica de Syiriza y el propio Tsipras. Y por otro lado, el de las fuerzas que luchan contra la Troika y que rechazan seguir endeudando y empobreciendo el pueblo a cambio de una salida a la crisis que en verdad es un espiral descendente de miseria. La Unidad Popular recién conformada y el Partido Comunista heleno son las fuerzas con mayor visibilidad de este bloque. Un tercer actor que no puede desdeñarse es Aurora Dorada. Esta fuerza política de la derecha ultra nacionalista también se ha opuesto contundentemente a la Troika y el ajuste, pero bajo un proyecto político xenófobo y antidemocrático que bajo ningún punto de vista traerá beneficio alguno para el pueblo.

Las fuerzas verdaderamente progresistas y revolucionarias que buscan una salida de la crisis que atienda las necesidades de los trabajadores griegos atraviesan un momento político clave. La baraja se está mezclando para repartir de nuevo. En la próxima mano, acumular el descontento si este crece y capitalizar la abdicación política de Syriza, al mismo tiempo que contener el crecimiento de la ultraderecha parecen ser tareas fundamentales. El futuro político y económico de Grecia compromete y tendrá consecuencias, sin dudas, en el viejo continente entero.

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Izquierda Revolucionaria
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