Nuevo sitio Cresta Roja y la línea 60 4 Agosto 2015

El poder obrero que crece desde abajo

La victoria de los obreros de Cresta Roja, que fue precedida por la victoria de los aceiteros, así como la dura pelea que viene llevando adelante la línea 60, demuestran que se puede enfrentar a la santa alianza de la patronal, la burocracia y el gobierno.

Edición N° 5

A Vencer (agosto-2015)

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Cresta Roja y la línea 60 | El poder obrero que crece desde abajo

Triunfo histórico en Cresta Roja

Hace años que Cresta Roja no es noticia por los porcinos o productos avícolas sino por la prepotencia de la patronal del grupo Rasic Hermanos contra los trabajadores de las plantas ubicadas en El Jagüel, Esteban Echeverría, y Ezeiza. Olas de cientos y hasta miles de despidos (2013, 2014), incremento de los ritmos laborales y de productividad, pésimas condiciones de seguridad e higiene, son las características de una patronal con el aval del gobierno provincial y los sindicatos de la carne, la alimentación y la UATRE.

El viernes 24 de julio, los trabajadores forzaron a que la empresa cumpla el acuerdo de reincorporar a los más de 700 despedidos y pagar los salarios adeudados. Luego de diez días de piquete en la ruta 205, cortes de la autopista Ricchieri, bloqueo y permanencia en los portones de las plantas 1 y 2, y una movilización de 500 obreros a la municipalidad de Ezeiza, los trabajadores alcanzaron un histórico triunfo.

Las conquistas no son sólo el sostenimiento de la fuente laboral y el mejoramiento de las condiciones, sino también, como avance político, la unidad gremial de ambas plantas –históricamente separadas por la burocracia sindical-, la capacidad de sostener una lucha que luego de diez días lejos de desgastarse mostró fortaleza, combatividad y firmeza para no transar el pliego reivindicativo por el cual se inició la pelea, y sobre todo, haber corrido a los delegados propatronales y al sindicato y construir una representación gremial con una legitimidad ganada en la lucha.


"Y vamos la 60"

La línea 60, que desde 1931 une Constitución con la industrial zona norte del gran buenos aires, transporta en la actualidad alrededor de 250 mil trabajadores por día. En 2005 se impuso en elecciones un cuerpo de delegados que no responde a la UTA del burócrata Roberto Fernández, y que terminó de consolidarse en 2009, cuando más del 90% de los 1200 trabajadores votaron a sus actuales delegados. Desde entonces, los trabajadores de la empresa MONSA (de la cual el grupo DOTA es el accionista mayoritario) conquistaron condiciones de trabajo admirables para los colectiveros de todas las líneas. Claro que esas conquistas no se lograron de un día para el otro y que la UTA y la empresa no se quedaron de brazos cruzados: el cuerpo de delegados se hizo fuerte resistiendo los embates patronales (despidos y persecución mediante) y de la patota de la burocracia a la que tuvieron que enfrentar en más de una oportunidad.

El conflicto actual es parte de esa persecución a la organización de los trabajadores, tal como nos lo expresó el delegado Iván Iza. "Es clara la situación: quieren destruir al cuerpo de delegados, a la organización sindical de la línea 60. Y que no perdure el 'no cobre boleto', que es la herramienta de lucha más filosa que hemos elegido".

La medida de fuerza comenzó contra el despido injustificado del chofer Benítez. Lo que sigue es historia conocida: la empresa despidió no a uno sino a 53 colectiveros, impidió que los choferes salgan con los colectivos a la calle, se militarizó la cabecera Constitución (quedando 22 trabajadores que, heroicamente, aún resisten adentro), la represión de la gendarmería en la panamericana el 28 de julio, y la constante complicidad de la UTA y de los gobiernos nacional y provincial con la patronal que no dio ninguna respuesta.


El futuro ya llegó

Uno de los datos políticos más relevantes es la intervención, en ambos conflictos, del ministro de seguridad bonaerense, Alejandro Granados, como mediador. Está claro que a una semana de las PASO nacionales Scioli no quiere que ningún conflicto le modifique un panorama que lo tiene, en sus cálculos, como ganador de las presidenciales. Pero además, es ilustrativo que quien oficia de mediador de partes no sea ni siquiera su ministro de Trabajo, Cuartango, sino el ministro de Seguridad de una de las provincias con mayor represión del país. Es decir, el sciolismo comienza a gobernar de hecho y también muestra cómo y con qué herramientas lo hará.

Para muestra de lo que opinan los sectores "kirchneristas" bastan las declaraciones del jefe de gabinete nacional y candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, Aníbal Fernández, o del diputado del FPV Edgardo Depetri (ligado a la CTA oficialista), quienes sin mucha vergüenza sostuvieron que "los trabajadores de la línea 60 buscaban un muerto".

El poder crece desde abajo

Si bien los casos de Cresta Roja y la 60 – así como el de los trabajadores aceiteros- tienen trayectorias distintas, hay cuestiones comunes que hacen que hoy se conformen en las luchas más importantes para el conjunto de la clase trabajadora.

En primer lugar la militancia de base y persistencia en el tiempo de la construcción gremial, elementos que no siempre salen a la luz. El rol prioritario de la unidad de los trabajadores por abajo más allá de las diferentes corrientes de opinión y tendencias políticas que influyan desde adentro o afuera en el conflicto. Más allá de que en el caso de Cresta Roja la organización se fue gestando al calor de la lucha y sin una gran acumulación previa, en todos los casos primó ese espíritu unitario así como la democracia de base para llevar adelante la pelea.

La predisposición y la necesidad de la acción directa en las distintas luchas fue central: los trabajadores se vieron en un proceso que los obligó a radicalizar sus métodos, más o menos conscientemente, realizando cortes de ruta, bloqueos de las plantas y accesos, cortes de vías, el no cobro de boleto, o acampe en las puertas de salida.

Otro elemento es que ninguno de estos conflictos fue hegemonizado por tal o cual corriente y lo que primó fue la unidad de los trabajadores y son ellos mismos –tal como entendemos tiene que ser-, quienes protagonizan y dirigen su conflicto. Este dato no es menor, ya que en otros casos hemos visto como determinadas corrientes priorizan la disputa interna por sobre el conflicto, algo nocivo que lejos de alentar el enfrentamiento contra las patronales y la burocracia, fogonea una disputa marginal al interior de la izquierda. Que estos casos hayan sido conflictos con amplia solidaridad del conjunto de la clase trabajadora, incluso de trabajadores de base en donde dirige la burocracia, es un dato que expresa una característica importante.

Lógicamente las perspectivas de estos conflictos son distintas, pero sus luchas nos dejan lecciones centrales para quienes queremos construir desde y para la clase obrera: la unidad por la base de los trabajadores para construir organizaciones gremiales sólidas capaces de enfrentar a las patronales; la intransigencia para no condicionar las decisiones obreras frente a ningún amague patronal o gubernamental; la democracia obrera y de base como metodología de toma de decisiones; la acción directa y combatividad para destrabar los conflictos.

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Izquierda Revolucionaria
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