Nuevo sitio Tsipras claudicó ante la troika europea 17 Julio 2015

Crisis griega: es la hora del pueblo

El parlamento griego aprobó el durísimo paquete de ajuste y privatizaciones que la troika europea le impuso al gobierno griego para sostener el salvataje financiero. A poco de andar, el gobierno de Syriza traicionó el mandato popular.

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Luego de largas discusiones, el acuerdo alcanzado por el primer ministro Alexis Tsipras y la Troika recibió el aval del parlamento griego en las primeras horas del día jueves 16. En medio, hubo masivas movilizaciones en la Plaza Syntagma, que terminaron con represión a los manifestantes y cientos de detenidos.


Con el acuerdo en marcha, en los próximos días se estarían aprobando las primeras medidas de ajuste mientras que el Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera (MEDE) enviaría un rescate de 7.000 millones de euros, necesarios para que Grecia haga frente al próximo vencimiento de deuda el lunes 20.


El referéndum convocado para el 5 de julio, en que el pueblo griego manifestó un rotundo rechazo a nuevos ajustes, intentó ser una demostración de fuerza por parte del gobierno griego para renegociar en mejores condiciones un rescate financiero y un nuevo acuerdo con la Troika (FMI, Banco Central Europeo, Comisión Europea.) Pero la estrategia de Tsipras fracasó. Esa poderosa arma que es el pueblo movilizado fue tirada por la borda por el primer ministro. ¿Por qué? Tsipras buscó una salida negociada que le permitiera permanecer en el euro al mismo tiempo que obligar a la Unión Europea a mantener el tubo de oxígeno financiero del que depende la banca helena y aplicar los ajustes más "suaves" posibles. En la balanza entre el capital europeo que avanza feroz sobre la condiciones de vida de los pueblos y esos mismos pueblos que resisten, Tsipras y su equipo intentaron caminar por el fiel, en un delicado juego de equilibrio. Era una fantasía progresista.


Tsipras y con él Syriza, como sucede con los progresismos históricamente, ha jugado con las reglas de la burguesía, con la "sana intención" de evitar nuevos recortes contra el pueblo y ha llevado a un nuevo ajuste que supone más privatización y más miseria para el pueblo griego.


El que avisa no traiciona


En reiteradas notas hemos señalado los límites de las "nuevas izquierdas" progresistas de Europa o "izquierdas radicales", como los medios hegemónicos las han llamado. En este caso, es significativo que Syriza haya mostrado su incapacidad en la primera prueba. Ya durante la semana que transcurrió entre el anuncio del referéndum y su realización, Tsipras había jugado una mala carta. El miércoles primero de julio, cuando ya había vencido el plazo de deuda el día anterior y mientras llamaba a votar el NO al acuerdo con el FMI envió una carta firmada por él mismo a ese organismo proponiendo un acuerdo muy similar al que en principio había rechazado. Este movimiento de piezas debe haber provocado muchas carcajadas alemanas, sin duda.




El acuerdo firmado y aprobado por el parlamento heleno consiste en: 1) creación de un fondo de todos los activos del Estado griego pasibles de ser privatizados y estará bajo estricta supervisión del FMI. Las ganancias serán destinadas en 50% a la recapitalización de la banca, el 25% pago de la deuda externa y el otro 25% a la inversión. 2) Control, financiamiento y supervisión del FMI sobre Grecia. 3) En cuanto a las pensiones, "Tsipras se ha comprometido a legislar el 15 de julio para garantizar la sostenibilidad de las pensiones, la reestructuración del IVA, la independencia de la oficina estadística griega y los recortes de gasto en caso de incumplimientos presupuestarios. El 22 de julio debe tener listas otras dos normas: una para agilizar la justicia y otra para trasladar a las normas helenas el marco europeo de resolución bancaria" (Diario El País). 4) "Modernizar" las negociaciones colectivas entre trabajadores y patronales. 5) Con respecto al sector financiero, Grecia se compromete a tomar medidas contra los deudores de préstamos y a evitar "interferencias políticas" en el sector. 5) Por último, en relación a la deuda, por primera vez se menciona la posibilidad de reestructurarla, pero no de realizar quitas. Los debates al respecto quedan postergados, no obstante, hasta que la Comisión Europea constate que Grecia pone en marcha los compromisos asumidos.


El acuerdo es elocuente. Un nuevo plan de ajuste ha sido lanzado sobre la clase trabajadora griega El propio ex ministro de economía Varoufakis definió el acuerdo como una "capitulación" frente a los acreedores[1]. Syriza echó por tierra todas las promesas electorales: "suspender los pagos [de deuda] hasta que se haya recuperado la economía y vuelva el crecimiento y el empleo", "combatir el secreto bancario y la evasión de capitales al extranjero", "nacionalización de los bancos", "nacionalizar las antiguas empresas públicas de sectores estratégicos para el crecimiento del país", "recuperar los convenios colectivos", entre otros. (Programa de Syiriza, en www.izquierda-unida.es)


Lecciones para una crisis que no termina


Aún con el aval dado por el parlamento al acuerdo con la Troika, no hay en el horizonte plazo para el fin de la crisis europea como tampoco garantías para la permanencia de la eurozona. Nada está solucionado: las condiciones que dan origen al desmadre económico actual permanecen intactas[2] y la Unión Europea solamente ha logrado tiempo. Un poco más de tiempo.


Ahora Grecia cuenta en su haber con una humillación más: la cesión de su soberanía económica y la confirmación de su vasallaje frente a Alemania y los organismos financieros. Pero la realidad no sucede sin dejar lecciones. A poco andar, el novísimo progresismo europeo ha mostrado no solo sus límites sino también sus propias contradicciones internas. La mayoría del Comité Central de Syriza rechazó el acuerdo (109 a 200) y en simultáneo se produjeron varias dimisiones de funcionarios oficialistas, entre ellos un diputado y la viceministra de Finanzas Nadia Valavani. E incluso, durante la votación 38 parlamentarios del partido gobernante votaron en contra.


Ha quedado de manifiesto la incapacidad de Syriza para dar respuesta a las demandas del pueblo. La clase trabajadora europea en su conjunto tiene ahora posibilidad de realizar un balance: frente al ajuste que comandan los partidos burgueses tradicionales –demócratas-cristianos, socialdemócratas y "partidos populares"– solamente organizaciones políticas que defiendan férreamente sus intereses pueden impulsar el proyecto que concluya el repetitivo ciclo de ajuste que, desde comienzos de la crisis, sacude a Europa.


Es conocida la frase de que solo el pueblo salvará al pueblo. Ya la repetimos en las páginas de la edición de julio de nuestro periódico A Vencer. Pero es necesario volver a decirlo, porque es una verdad absolutamente necesaria. Las combativas movilizaciones que desde hace años viene sosteniendo el pueblo griego son un baluarte fundamental. Sobre esa base de movilización, se han dado hechos políticos de trascendencia, como fue el rechazo a los partidos que planteaban el ajuste en las últimas elecciones –marco en el cual se dio el ascenso de Syriza- y el reciente rechazo al plan de ajuste de la Troika en el referéndum, cuyo resultado acaba de ser traicionado por el nuevo gobierno.

Confiamos en que esta dura experiencia del pueblo griego pueda aportar a la apertura de nuevos canales de movilización popular y al desarrollo de nuevas perspectivas que perfilen horizontes de superación a los proyectos del ajuste.


[1] Véase: http://internacional.elpais.com/internacional/2015...


[2] Recomendamos al respecto el siguiente análisis: https://rolandoastarita.wordpress.com/2010/07/07/c...

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