Nuevo sitio 40 años de las Coordinadoras Interfabriles 2 Julio 2015

El desarrollo del clasismo

Con la irrupción de las Coordinadoras en 1975 el clasismo se expandió al centro político del país y fue apropiado por decenas de miles de trabajadores. La combatividad y la democracia de base fueron el fundamento de una amplia unidad que permitió un salto en la acción conciente de la clase obrera.

Edición N° 4

A Vencer (julio-2015)

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40 años de las Coordinadoras Interfabriles | El desarrollo del clasismo

Con el Cordobazo de 1969 el movimiento obrero entró en un nuevo ciclo de sus luchas. Las reivindicaciones gremiales confluyeron con el cuestionamiento al orden social. Se ampliaron experiencias de participación de las bases y se vio una gran combatividad en las calles y las fábricas, en barricadas y enfrentamientos con la represión estatal y con los matones de las empresas y la burocracia sindical. Junto a nuevos líderes sindicales como Agustín Tosco de Luz y Fuerza y René Salamanca del SMATA, se desplegaron algunos de los combates más intensos de la clase obrera como el de Sitrac Sitram y el Viborazo de 1971. Había nacido el clasismo.

En el marco de importantes luchas, una nueva experiencia, esta vez en Santa Fe, mostró la maduración del clasismo. Los obreros de Villa Constitución, lograron desplazar a la burocracia sindical de la UOM por medio de una lucha combativa y masiva, dirigida por una lista unitaria de sectores de la vanguardia obrera. Los encuentros nacionales surgidos tras el Villazo de marzo de 1974, mostraban el potencial de la coordinación de esa vanguardia clasista. Las organizaciones armadas y las no armadas, la izquierda marxista y la peronista, fueron impulsores concientes y efectivos de esta tendencia hacia la autonomía y la conciencia anticapitalista de la clase obrera.

A mediados de 1975 las medidas de ajuste de Isabel Perón fueron el catalizador de nuevas luchas, ahora también en Buenos Aires. Después de un mes de vacilaciones, y mientras salían a la lucha sectores combativos en todo el país, la burocracia sindical se vio forzada a convocar a una jornada de lucha para el 27 de junio, que en los hechos se convirtió en un primer paro general, con más de 100.000 personas a la Plaza de Mayo.

Ante la falta de respuesta del gobierno y de las direcciones sindicales, distintos organismos de base de la zona metropolitana fueron tomando la iniciativa. Era posible porque gran parte de las grandes fábricas venían desarrollando luchas sostenidas en las bases obreras que se llevaban adelante con independencia de las direcciones burocráticas. Una vez más, la participación de la izquierda marxista y peronista era un factor central. Así, el 28 de junio se realizó el "Primer Plenario de la Coordinadora de Gremios, Comisiones Internas y Cuerpos de Delegados en Lucha de Capital Federal y Gran Buenos Aires".

A principios de julio la movilización independiente se desplegó en la zona, y también en gran parte del país. La burocrática CGT se vio obligada a convocar a un paro nacional de 48 horas para el 7 y 8 de julio. El paro fue contundente, las bases excedieron en mucho a la movilización de la estructura sindical oficial, el ministro de Economía Celestino Rodrigo y el "Brujo" López Rega debieron renunciar y el gobierno aceptó la homologación reclamada. La intervención unitaria y combativa de importantes sectores de la clase obrera con autonomía del Estado y de la burocracia sindical había mostrado su enorme efectividad y planteaba la necesidad de dar solución a los problemas políticos del país.

El 20 de julio, el segundo plenario de las coordinadoras, daba cuenta de la maduración de la vanguardia obrera. Más de un centenar de comisiones internas y más de una decena de sindicatos y seccionales de la región metropolitana se congregaban ahora, para seguir planteando los ejes de sus luchas. Su planteo económico y político incluía un impuesto al gran capital para revertir la desocupación, la estatización de una serie de empresas, el desconocimiento de la deuda externa, la renuncia del gobierno, la libertad de los presos políticos, la derogación de la legislación represiva y la investigación de las AAA. No se trataba de un programa sostenido en el aire, sino de los acuerdos de un organismo arraigado en el sector más combativo de la clase, representante directo de decenas de miles de obreros, que había jugado un rol central en la movilización nacional para el freno a las medidas de ajuste y la renuncia de funcionarios antipopulares. El lugar central de la clase obrera como actor político transformador estaba a la vista.

Las Coordinadoras fueron el punto más alto que alcanzó el clasismo, desde su nacimiento en Córdoba un lustro antes, hasta que su desarrollo fue obturado por la dictadura militar de 1976. La experiencia del clasismo deja en evidencia que, lejos de los mitos que hoy se recrean desde los sectores de poder (político, sindical, académico, comunicacional), la clase obrera puede constituirse como un actor autónomo frente a las estructuras políticas y sindicales que están integradas al capitalismo. Y puede hacerlo, como lo demostró en las Coordinadoras, con amplio desarrollo de masas, integrando a miles y miles de trabajadores concientes, capaces de plantear una perspectiva política propia.

Esta experiencia muestra también, la importancia y potencialidad de la militancia de la izquierda y los revolucionarios integrados en la clase obrera, aunque esta potencialidad aparece condicionada por su capacidad de intervenir de forma unitaria.

Así, la experiencia de las coordinadoras nos da enormes lecciones. Presenta un alerta sobre el sectarismo actual de parte de la izquierda, que aún en crecimiento y con cierto desarrollo en la clase obrera, no logra avanzar hacia la construcción de ámbitos unitarios que integren al conjunto del activismo obrero combativo y antiburocrático. Pero es, al mismo tiempo, un gran ejemplo de la potencialidad que tiene el trabajo militante que hoy miles de compañeros y compañeras llevan adelante para construir en el seno de la clase obrera y aportar a una salida revolucionaria que exprese los intereses de los trabajadores y el pueblo.

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Federico Cormick
Autor

Federico Cormick

Docente universitario.