Nuevo sitio Crisis de deuda griega 2 Julio 2015

Los caminos de Grecia

En estos días, en Grecia los bancos y la bolsa de comercio permanecen completamente cerrados. El gobierno de Alexis Tsipras decretó feriado bancario para controlar las divisas por una semana y evitar una fuga masiva de capitales luego del anuncio de que no se pagaría al FMI la suma de €1.600 millones en el plazo previsto, 30 de junio.

Edición N° 4

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Crisis de deuda griega | Los caminos de Grecia

Luego de largas negociaciones, no se ha logrado un acuerdo entre el gobierno y la Unión Europea. El FMI exige superávit en base a un aumento del IVA y nuevos recortes en pensiones. Es decir, la misma receta de factura alemana que sin matices se aplica desde 2010 y cuyo resultado más notable es la recaída cíclica de las economías en crisis. Además, el organismo se ha negado a poner en debate la reestructuración de la deuda, que alcanza ya al 180% del PBI. Quieren euro sobre euro.

El pueblo griego está exhausto, hambreado. El propio Tsipras ha dicho que las condiciones son "humillantes" y ha convocado a un referéndum para el domingo 4 de julio en el que el pueblo griego decidirá mediante el voto si acepta o no el acuerdo con el FMI. Adelantó, además, que hará campaña por el NO.

Es un momento crucial para el gobierno de Tsipras y para la vida de la Unión Europea. En el caso del primero, está enfrentando por primera vez el desafío que el pueblo griego le encomendó y que lo llevó a encabezar el Estado del país heleno: enfrentar la crisis sin recetas de "austeridad". La prueba le ha traído grandes turbulencias adentro de Syriza. La táctica del referéndum es un intento por patear la pelota fuera de la cancha y sortear el jaque del FMI a su gobierno.

La Unión Europea, mientras tanto, comienza a analizar no solo la bancarrota griega, sino también una posible salida de la zona euro completamente.

Dos salidas capitalistas

El pueblo griego tiene frente a sí dos caminos, dentro del sistema capitalista, para salir de la crisis. El primero es la continuidad: aceptar las exigencias del FMI y de los países centrales de la Unión que tienen el comando político y económico, esto es, Alemania y Francia. El otro sendero es declarar el cese de pagos, romper con el euro y devaluar la moneda. Es decir, una salida al estilo Argentina frente a la crisis del 2001.

Las interpretaciones al respecto son diversas. Economistas nobeles como Paul Krugman y Joseph Stiglitz han disparado sus dardos contra la Unión Europea y recomiendan la inmediata ruptura de Grecia con el euro y la devaluación de su moneda, es decir, un retorno a la antigua dracma. Thomas Piketty, por su parte, advierte que la salida de Grecia de la zona euro tendría efectos muy contrarios a los que pretende Alemania y el FMI, que es "disciplinar" a los países endeudados para que recorten gastos y cumplan sus "compromisos". Por el contrario, la Grexit –salida de Grecia, como se la ha llamado– implicaría un conjunto de redefiniciones importantes al interior de la Unión que tendría como escenario posible el fin de la eurozona tal como la conocemos para crear un nuevo espacio económico "depurado" de los países más afectados por la crisis. El sueño de la Europa unida se cae a pedazos.

Cualquiera sea la salida adoptada, ligada íntimamente a la voluntad que se exprese en el referéndum, ambas tienen en común que implican un aumento de la explotación de la clase trabajadora y un ajuste por abajo. Cambian los modos, pero en el contenido nada cambia.

La receta del FMI mantiene la ilusión de la moneda única, pero su sostenimiento le ha costado al pueblo griego altas tasas de inflación, salarios de los más bajos de la Unión y un aumento exponencial de la deuda pública. La inflación y los salarios bajos son el modo en que la ficción del euro se adapta a la "economía real" helena, mucho menos competitiva que las centrales del continente.

La salida del euro y la creación de una moneda nacional con un tipo de cambio alto también implica, producto de la devaluación, una destrucción del poder adquisitivo de la clase trabajadora y, en consecuencia, una recuperación de la tasa de ganancia. Así fue como se recuperó nuestro país de la crisis del 2001. Como se ve, no es precisamente progresiva. Aún así, un posible triunfo del NO en el referéndum y por lo tanto el rechazo al acuerdo con el FMI sería un duro golpe político para los planes de la burguesía europea y una manifestación de la voluntad del pueblo griego de dejar atrás el camino del ajuste estatal.

Ni Tsipras ni Merkel: solo el pueblo salvará al pueblo

El pueblo griego, pero también todos los pueblos europeos que sufren los golpes de una crisis que no han generado, son la variable de ajuste. El camino de la movilización popular, el de las 32 huelgas generales es, hoy, el principio de una salida que no logra configurarse políticamente.

Es indudable que la emergencia de las "nuevas izquierdas" como la propia Syriza o Podemos son objetivamente un paso adelante la disputa política y el piso de la experiencia política acumulada en estos años de lucha y resistencia frente a la crisis. Son insuficientes, sin embargo, porque no son fuerzas políticas de la clase trabajadora y sus programas están lejos de romper con el sistema capitalista.

Los orígenes de la crisis griega están en su imposibilidad para competir con otros capitales mucho más desarrollados: su industria es débil, atrasada y la apreciación cambiaria impuesta por el euro, deformante. Terminar con estos problemas estructurales es, lisa y llanamente, terminar con las relaciones capitalistas. Solamente el pueblo griego puede emprender ese camino. Solamente el pueblo salvará al pueblo, así lo confirma una y otra vez la historia.

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Izquierda Revolucionaria
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