Nuevo sitio No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos 1 Julio 2015

Fuera Milani: un triunfo de la lucha popular

La renuncia del Jefe del Ejército, implicado en torturas y desapariciones en la dictadura militar, es fruto de la denuncia y lucha consecuente de los organismos de DDHH independientes y las organizaciones populares.

Edición N° 4

A Vencer (julio-2015)

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No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos | Fuera Milani: un triunfo de la lucha popular

El 23 de junio César Milani presentó su renuncia como Jefe del Ejército argumentando "problemas estrictamente personales". Carlos Zannini le pidió que diera un paso al costado para evitar seguir lidiando con el peso de su prontuario en medio de la campaña electoral.

Esta renuncia es fruto de la incansable denuncia y lucha consecuente de los organismos de DDHH, las organizaciones de izquierda y el campo popular que repudiaron desde un primer momento el ascenso a Jefe del Ejército de una figura como Milani, involucrado en crímenes de lesa humanidad.

Muy distinta fue entonces la actitud de los obsecuentes (en algunos casos), y oportunistas (en otros), que acompañaron, apoyaron u optaron por el silencio ante la decisión de la Presidenta, dando lugar al ascenso del genocida.

De esta forma, en nombre del "proyecto nacional y popular" Hebe de Bonafini, con su famoso abrazo a Milani, no dudó en enfrentarse al CELS, a las Madres Línea Fundadora o al Premio Nobel de la Paz, Pérez Esquivel.

Menos mediático pero igual de escandaloso fue Martín Sabbatella, fundador de Nuevo Encuentro y titular del AFSCA, al echar a María Elisa Reynoso (delegada del organismo y militante histórica del PC riojano (partido del que también proviene Sabbatella), por pedir la investigación de Milani por su responsabilidad en la desaparición del conscripto Ledo.

Por supuesto las defensas más fuertes se hicieron desde las propias filas del gobierno. El Ministro de Defensa, Agustín Rossi, negó que el ascenso de Milani significara una contradicción en la política de DDHH del gobierno, argumentando que las denuncias es su contra "no tienen ninguna comprobación judicial".

Y en la misma línea, los "pibes para la liberación", como les gusta denominarse a la militancia de La Cámpora, no perdieron oportunidad de intervenir de conjunto con el Ejército dirigido por este genocida, como en el operativo conjunto en el que llevaban electrodomésticos y antenas de televisión digital para disputar las elecciones en el barrio la Carbonilla contra la Corriente Villera; o al usar las instalaciones del Ejército en las elecciones mendocinas como búnker kirchnerista.

Si el gobierno y sus seguidores decidieron en su momento sostener a César Milani al mando del Ejército es porque semejante cosa no les resultó más contradictoria que el resto de su "política de DDHH".

No olvidemos que al tiempo que el kirchnerismo descolgaba cuadros de genocidas y hacía museos en centros clandestinos de detención, aprobaba también la Ley Antiterrorista y desplegaba la persecución por medio de dispositivos como el Proyecto X.

La necesidad de juicio y castigo que se ha puesto en el centro de la escena con los juicios a los genocidas, está muy lejos de asumir los ritmos y la amplitud que hacen falta. Por eso son apenas un puñado de militares octogenarios los que tienen prisión efectiva, mientras muchos otros aún están en libertad, sin juicio ni condena (incluyendo al propio Milani). Ni que hablar entonces de los cómplices civiles de la dictadura, los empresarios, los políticos, los asesinos de las AAA, a quienes ni siquiera se ha investigado.

Mientras tanto, durante los 12 años de kirchnerismo, asistimos al crecimiento del gatillo fácil y la tortura, que hoy se cobran la vida de un pibe cada 28 hs en manos de las fuerzas represivas; la persistencia de secuestros y desapariciones como los de Luciano Arruga y Jorge Julio López; la persecución sistemática a los luchadores populares, que llevó a numerosos activistas a la cárcel en lo que va del kirchnerismo y que ha multiplicado por miles los procesados por su actividad gremial y política; y el sostenimiento de condiciones infrahumanas en las cárceles, que siguen pobladas de miles de pobres sin condena.

En este marco, la integración de un militar acusado de ser cómplice de torturas y desapariciones en la dictadura como Jefe del Ejército, no implicó una ruptura con la línea general del kirchnerismo.

Fue en cambio la lucha de las organizaciones populares la que puso en el centro de la discusión nacional el lugar de Milani como un represor. Si bien algunos sectores dentro del mismo oficialismo llegaron a admitir esta situación y criticaron por lo bajo al genocida, no sacaron los pies del plato, encolumnándose con la línea oficial.

Sin embargo, la critica creciente a este represor que fue promovida por las organizaciones populares, hizo que para el gobierno Milani se convirtiera en un lastre.

Y hoy, que el FPV está tratando de ordenar el traspaso de poder en el marco de la campaña electoral, se volvió una necesidad política despejar el tema Milani del debate cotidiano.

Así, el planteo de destitución, sostenido por las organizaciones populares, consiguió un merecido triunfo.

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Izquierda Revolucionaria
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