Nuevo sitio Diálogos entre las FARC y el estado colombiano 1 Junio 2015

El pueblo colombiano lucha por la paz

En una seguidilla de operaciones del Estado Colombiano cayeron guerrilleros de las FARC. Luego de la tensión se retoman los diálogos en La Habana. Perspectivas del proceso en medio de las demandas populares para lograr la paz.

Edición N° 3

A Vencer (junio-2015)

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Diálogos entre las FARC y el estado colombiano | El pueblo colombiano lucha por la paz

El jueves 21 de enero un ataque de la Fuerza Aérea de Colombia asesinó a 27 guerrilleros, militantes de las FARC en la región del Cauca. Tamaña ofensiva tuvo como respuesta el levantamiento inmediato del cese al fuego que cinco meses antes había decidido la guerrilla como gesto político favorable en medio del proceso de diálogo por la paz. Apenas tres días después, pero esta vez Antioquia, al noroeste, fue el epicentro de un segundo bombardeo en el que cayeron diez guerrilleros más. Un día antes, el presidente Santos había afirmado: "Que nadie se llame a engaños. Con la misma firmeza y decisión que hemos emprendido unas conversaciones de paz que permitan poner fin al conflicto que nos azota hace tantas décadas, con esa misma firmeza seguiremos combatiendo sin tregua ni cuartel todas las formas de criminalidad en todos los rincones del país". (El País, 23/05/2015.)

El tercer ataque fue un operativo conjunto realizado el lunes 25 por las Fuerzas Militares y la policía en las selvas del Chocó, al noroeste del país. En él murió Alfredo Alarcón Machado, conocido como Román Ruiz, jefe del bloque Noroccidental de las FARC y miembro desde hace poco del Estado Mayor Central.

Rápidamente, Cuba y Noruega, países garantes del proceso de paz dieron a conocer su visión sobre los hechos: "El escalamiento de las acciones violentas también pone en riesgo las acciones prácticas que se han estado implementando para el desescalamiento del conflicto y el incremento de la confianza, como de las referidas a la limpieza y descontaminación del territorio de minas antipersonal, artefactos explosivos sin explotar y restos explosivos de guerra".

"Hacemos un llamado a las partes a que continúen sus esfuerzos para seguir avanzando en la discusión de las cuestiones pendientes, incluyendo la adopción de un acuerdo para el cese bilateral definitivo del fuego y las hostilidades", continuó el comunicado. (Extraído de: www.pazfarc-ep.org)

Por su parte, la respuesta de las FARC ha sido completamente afirmativa en el sentido de lo solicitado por estos países. Es un contrasentido continuar con las acciones bélicas en medio de los diálogos iniciados. Esta ha sido una y otra vez su voluntad en el camino de lograr una paz duradera "sobre bases de la democracia, justicia social y soberanía".

Una historia en tiempo presente

El origen del conflicto armado en Colombia se hunde en las características de la lucha de clases a comienzos del siglo XX. El crecimiento de los enfrentamientos por desplazamientos de campesinos en manos de las grandes haciendas cafeteras, las masacres de trabajadores bananeros propinada por la United Fruit Company, las huelgas estudiantiles, las huelgas obreras principalmente de ferroviarios y portuarios son los hechos significativos que anteceden al momento más álgido conocido como el "Bogotazo", luego del asesinato del líder popular liberal Jorge Eliecer Gaitán el 9 de abril de 1948.

En 1953 se produce el golpe de estado encabezado por el general Rojas Pinilla, que viene a consolidar el dominio de la burguesía, impulsando un realineamiento de la mayoría de las fracciones e internas de conservadores y liberales, cuyo objetivo se centra en consolidar un bipartidismo ordenado. En este contexto, se va acelerando un proceso político-organizativo que tiene como central elemento el paso de las autodefensas campesinas a guerrillas móviles que darán origen a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia en 1964. Al año siguiente nacía, además, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), al cual se uniría el sacerdote tercermundista Camilo Torres.

Las causas sociales y económicas que dieron origen a la lucha guerrillera siguen plenamente vigentes: la concentración de tierras es aún un flagelo para la inmensa mayoría de campesinos que, además, obligados por la demanda del mercado cocalero solamente tienen como opción el cultivo ilegal de esa planta. Una verdadera revolución agraria que termine con la concentración de tierras en manos de una pequeña oligarquía cada vez más ligadas a capitales multinacionales que, además arrasa la tierra con el monocultivo, es una tarea pendiente.

En el plano de las demandas democráticas, también el retraso es inmenso. La masacre de las fuerzas populares y progresistas legales, dirigentes sociales y gremiales es moneda corriente. Hasta el presente, y aún luego de hitos como el genocidio de miles de luchadores durante el proceso político de la Unidad Patriótica en los '80s, nada ha cambiado. El asesinato de militantes de Marcha Patriótica y algunos dirigentes sindicales son políticas del presente, de las cuales el Estado colombiano es responsable.

Las demandas por una verdadera democracia tienen además íntima ligazón con la política represiva del Estado. El terrorismo de Estado es un dato objetivo: liquidación de la oposición política, el apoyo e incentivo al paramilitarismo, los "falsos positivos"[1] y crímenes de guerra forman parte de un combo que se completa con una política pro-yanqui. Colombia tiene hoy siete bases militares estadounidenses en su territorio y recibe millones de dólares para la lucha contra la "subversión".

La paz para el pueblo y por el pueblo

Quiénes son los que luchan por la paz y quiénes atentan contra ella, está claro a todas luces. Las fuerzas guerrilleras han comprendido la voluntad popular de poner fin a un conflicto armado que lleva más de cincuenta años. El pueblo está exhausto y desea la paz. Solamente en ese marco parece hallar explicación que fuerzas que combaten desde hace décadas, que han sorteado gran cantidad de adversidades y que aún así han sostenido un poder de fuego notable –las acciones de la guerrilla se cuentan de a cientos anualmente–, avancen en un proceso de diálogo con un Estado claramente terrorista.

Objetivamente, los diálogos implican un retroceso táctico, pero que no realizarse, sin duda dejará en una situación de aislamiento a las fuerzas insurgentes. El Estado colombiano, por su parte, también comprende que la paz es la voluntad popular, aunque no quedan dudas que no cejará su objetivo de liquidar completamente a las organizaciones rebeldes.

¿Son los diálogos de paz el camino a la resolución definitiva de la guerra? En absoluto. Son apenas un paso táctico. Las causas que en las que se origina el conflicto bélico no tienen resolución sino es por la vía de la toma del poder por una fuerza social revolucionaria de obreros, campesinos y el conjunto de los oprimidos del país hermano. Mientras tanto, mientras las fuerzas populares se recomponen para lograr las tareas históricas que tienen asignadas, los diálogos permiten poner y han puesto efectivamente sobre la mesa numerosos debates sobre la tenencia de la tierra, el problema del narcotráfico y los derechos democráticos.

Las fuerzas revolucionarias y populares de nuestra América debemos acompañar los diálogos de paz, con "el pesimismo del intelecto pero con el optimismo de la voluntad", comprendiendo siempre que la paz será socialista o no será. La masacre que durante décadas opera el Estado colombiano contra el pueblo y la insurgencia no puede sernos ajena: toda nuestra solidaridad debe estar puesta en ello.


[1] Falso positivo: término empleado para describir el asesinato de civiles en manos del Estado que luego se hacen aparecer ante la luz pública como guerrilleros asesinados. Se calcula que hay más de 3.000 casos encuadrados en esta categoría.

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