Nuevo sitio Editorial A Vencer, edición de junio 1 Junio 2015

Los que luchan y los que entregan

La histórica lucha aceitera, que consiguió un 36% de aumento, marca el rumbo a seguir. La contracara es la burocracia sindical oficialista que entregó nuestros salarios en los despachos oficiales. Frente al ajuste, dos perspectivas en disputa.

Edición N° 3

A Vencer (junio-2015)

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Editorial A Vencer, edición de junio | Los que luchan y los que entregan

Durante el mes de mayo, la disputa por la recomposición salarial y las negociaciones paritarias estuvo en las primeras planas. Pese a varios años de reactivación y crecimiento general de la economía –como gusta señalar el kirchnerismo-, el piso del cual parte la inmensa mayoría de la clase trabajadora es muy bajo.

Según las estadísticas oficiales del INDEC, más de la mitad de los trabajadores y trabajadoras que tienen empleo registrado cobra menos de $5.500; el 33% trabaja bajo distintas condiciones de precariedad contractual y en los últimos meses creció la desocupación. Todo esto en un contexto en el cual mes tras mes se viene deteriorando la capacidad de compra de los salarios por la inflación. Actualmente, la canasta familiar en la ciudad de Buenos Aires y en varias de las principales ciudad del país, supera holgadamente los $12.000.

En este contexto, poco tardó el gobierno en demostrar que sus postulados acerca de las paritarias "libres", en las que "no existen techos ni topes fijados" para las negociaciones, no son más que declaraciones formales para la tribuna. Así como en años anteriores llegó al punto de cerrar por decreto la paritaria docente, eliminando de plano la negociación salarial, en esta oportunidad puso una gran resistencia para homologar el acuerdo al que llegaron –después de una importantísima huelga- los trabajadores aceiteros y las patronales del sector.

La negativa rotunda del gobierno en una primera instancia a aceptar el aumento del 36% para los aceiteros puso en evidencia la decisión de ajustar sobre los salarios, pautando "aumentos" por debajo de la inflación real. Así, en el marco de este año electoral, lejos de la heterodoxia, la gestión de Cristina Kirchner y Kicillof apunta a resolver las tensiones existentes en la economía con un enfriamiento de los niveles de actividad, por la vía del ajuste sobre los salarios y el consumo de los sectores populares.

El proceso de negociaciones paritarias puso en evidencia también, una vez más, el rol cómplice y entregador de la burocracia sindical que jugó un papel destacado para instalar el techo salarial pretendido por el gobierno. Del otro lado, del de los que luchan, la destacada huelga encabezada por la Federación de Trabajadores Aceiteros demostró que con la lucha es posible conseguir aumentos acordes a las necesidades de las y los trabajadores.

La burocracia oficialista

Con una fuerte presión del gobierno, un grupo de importantes sindicatos de la CGT oficialista, que incluye a la UOM, Comercio, UPCN, UOCRA y SUTERH, anunciaron en conferencia de prensa el 20 de mayo, junto a los ministros Tomada y Kicillof, que daban por cerradas sus negociaciones salariales con incrementos en torno al 27,5%.

De esta forma, estos dirigentes dieron un claro apoyo al "techo salarial" que intentó instalar el gobierno, en un marco en el cual crecía la referencia de la lucha aceitera y distintos gremios opositores se manifestaban por la necesidad de que los aumentos superen el 30%.

No sólo el gobierno celebró el acuerdo anunciado por estos importantes dirigentes de la CGT oficialista. También las patronales dieron su aprobación explícita -como hiciera José Urtubey de la UIA, celebrando el "final feliz" de la paritaria de la UOM- dejando en evidencia la orientación antiobrera de esta burocracia.

La realidad de los metalúrgicos es demostrativa del atraso salarial y de las duras condiciones en general que atraviesa una parte importante de la clase trabajadora. Tras el acuerdo alcanzado, el salario de miles de operarios del sector apenas si alcanzará para cubrir la mitad del valor de la canasta familiar.

El gran ejemplo de los aceiteros

Los trabajadores aceiteros, encabezados por su Federación, protagonizaron durante todo el mes de mayo una histórica lucha. Con bloqueos, piquetes y una fuerte huelga que paralizó las principales plantas del país por más de 20 días lograron torcerle el brazo a las patronales primero y al gobierno después (ver Histórica huelga de los aceiteros).

Durante toda esta histórica lucha, los aceiteros levantaron una bandera central para la clase trabajadora: salario igual a la canasta familiar. Es decir, en su reclamo de aumento salarial no se guiaron por los porcentajes de inflación, como pauta el gobierno -y, tradicionalmente, llevan adelante las patronales y la burocracia- sino que exigieron un salario que alcance para cubrir todas las necesidades de una familia trabajadora, lo que actualmente estiman en $14.931.

En sus comunicados públicos expresaban con claridad: "No vamos a la paritaria pidiendo actualizar por éste o aquel índice de inflación los salarios, sino que insistimos en fijar un salario básico inicial que alcance para alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión". En este punto, la posición de la Federación de Trabajadores Aceiteros representa un gran ejemplo para el conjunto de la clase trabajadora y eso explica, también, la insistente presión del gobierno para que no se concretará su reclamo.

Enfrentar el ajuste requiere mayor unidad

El kirchnerismo estableció para este año, en su política de enfriamiento de la actividad económica, a los salarios como variable de ajuste. Por eso, intentaron instalar la pauta del 27%. Ya nadie esconde, por otra parte, que el próximo gobierno impulsará una nueva devaluación del peso que impactará también sobre los ingresos de la clase trabajadora.

Como está a la vista, la burocracia no representa ninguna alternativa para enfrentar el ajuste. Ni la oficialista, que trabaja codo a codo con las patronales y el gobierno; ni la que hoy se encuentra en el campo opositor, como la que encabezan Moyano o Barrionuevo, que sólo convocan a medidas esporádicas para posicionarse a ellos mismos como actores en el escenario político, pero no despliegan ningún plan de lucha serio para defender los intereses del conjunto de la clase trabajadora.

Por lo tanto, ante este panorama, se vuelve fundamental avanzar en mayores niveles de coordinación y de unidad. Un Encuentro o Plenario obrero que reúna a las distintas corrientes de la vanguardia obrera y al conjunto del activismo combativo y antiburocrático se vuelve cada vez más necesario. Desde Izquierda Revolucionaria entendemos que avanzar en esa perspectiva unitaria es una de tareas centrales de la etapa para aunar esfuerzos en la lucha contra el ajuste.

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