Nuevo sitio Inmigración en Europa 11 Mayo 2015

Migrar o morir en el intento

El 18 de abril 700 personas que partieron en una endeble barcaza desde las costas de Libia con destino a Italia perdieron la vida. Sobrevivieron apenas 24 y se recuperaron sólo 28 cuerpos. En 2014, fueron 3.200 los náufragos que tapizaron de muerte el Mediterráneo. Todos ellos africanos y pobres.

Inmigración en Europa | Migrar o morir en el intento

1. Es 8 de mayo. La foto tiene lugar en Ceuta, ciudad de paso entre la blanca y civilizada Europa y África. En el control de seguridad fronterizo el detector de metales muestra un cuerpo dentro de una maleta: un niño de ocho años intenta cruzar con su padre, originario de Costa. En el fin de la anécdota el padre cae preso en manos de la Guardia Civil española.

La breve historia de aquel padre y su pequeño es, increíblemente, apenas uno de los menores males que los inmigrantes sufren al intentar ingresar a Europa. El 18 de abril 700 personas que partieron en una endeble barcaza desde las costas de Libia con destino a Italia perdieron la vida. Sobrevivieron apenas 24 y se recuperaron solo 28 cuerpos. En 2014, fueron 3.200 los náufragos que tapizaron de muerte el Mediterráneo. Todos ellos africanos y pobres.

2. Las frías cifras de la realidad son tan groseras que dan muestra evidente del drama que sufren los inmigrantes. En 2014 entraron a Europa casi 284.000 inmigrantes ilegales, un récord que espera superarse en 2015[1]. Solamente en los primeros meses de este año ya llegaron al viejo continente 53.000 personas. Del total de inmigrantes ilegales en toda la Unión, calculado en más de 440.000, la mitad ha recibido la deportación, pero apenas un 25% se hace efectivo. Por lo cual, año a año, la cifra de perseguidos por las políticas migratorias crece por cientos de miles.

Los países de origen de las masas migratorias no es azarosa, tampoco los países de llegada. Siria, Eritrea y naciones del África subsahariana como Nigeria y Camerún encabezan la lista. Las rutas de acceso más transitadas son el Mar Negro desde Siria o Afganistán hacia Bulgaria o Rumania, que son solo países de paso; el este del Mediterráneo desde Turquía y el cuerno de África y el Mediterráneo central desde las costas de Libia hacia el sur de Italia o desde Marruecos hacia costas españolas.

La guerra civil que desde hace cuatro años destroza a Siria, y en la cual el imperialismo yanqui y la venia de la Unión Europea son absolutamente responsables, es el primer factor de emigración. La masacre y el hambre de la población siria empujan a las masas a huir de su país. Es verdaderamente una ironía de la historia que los gobiernos europeos tengan que verse con las consecuencias de su política exterior destructiva en su propio territorio. En el caso de los países del Magreb (norte de África), también la emigración es producto, en buena medida, de los crímenes de la burguesía europea: Libia es un punto de fuga por donde huyen desesperados miles de hombres, mujeres y niños. Y en el caso de los países al sur del Sahara, también la miseria, la desocupación y la inestabilidad política y económica están íntimamente ligados al rol que en la división internacional del trabajo asumen esos países.

3. Las respuestas de Unión Europea son criminales y no se puede dudar en calificarlas de fascistas. Bulgaria, que limita con Turquía al sur, está levantando un muro de 150 kilómetros para cerrar su frontera al afluente migratorio que llega de Oriente. España y Marruecos, en la frontera de Melilla, han levantado una valla de alambre y cuchillas en la que frecuentemente quedan cadáveres colgados, ya sea producto de las heridas o por los fusilamientos perpetrados por los guardias fronterizos. En 2014, de 4.000 personas que intentaron cruzar, apenas 600 lo lograron. Similar es la situación en la Valla de Ceuta.

4. Llegar a Europa es la primera parte de los obstáculos para los inmigrantes. Una vez que logran pisar el viejo continente encuentran, en primer lugar, Estados y pueblos que tienen arraigado el prejuicio de que un inmigrante de origen árabe es un potencial terrorista y los africanos potenciales delincuentes que vienen a engrosar las filas de las mafias. La estigmatización es un dato objetivo. La elaboración de "perfiles étnicos" por las instituciones policiales ya ha sido denunciada por organismos de derechos humanos en Alemania. Caso extremo: en 2013 un miembro de una célula neonazi activa asesinó a nueve inmigrantes en ese país. Tampoco es azaroso. El país teutón recibe alrededor del 30% del flujo migratorio. En segunda línea entran países como Suecia y otras economías del norte. Esto no significa que en tierras meridionales no haya inmigración: en España la presencia de africanos existe, sobre todo marroquíes. Pero la crisis ha vuelto poco deseables destinos como Italia, Grecia y España.

El desequilibrio en la recepción de inmigrantes es motivo actual de debate en la Unión: una de las propuestas que está llegando a consenso es una ingeniería social que busca distribuir la inmigración según el PBI de cada Estado miembro.

Lo que no ofrece distinciones son las cifras de desocupación y trabajo precario y en negro: en todos los países los inmigrantes tienen los peores trabajos y los peores salarios. Sucede lo mismo con las condiciones de vida: hacinamiento, escaso o nulo acceso al servicio de salud son males que padecen y que los convierten en parias.

De todo este complejo problema la derecha europea hace política: endurecer los reglamentos de ingreso y permanencia en la Unión Europea. En general, estas propuestas encuentran base en los pueblos. Pero, contradictoriamente, las cifras de inmigración siguen rompiendo récords y el pretendido cierre de fronteras no alcanza. En el caso de las "nuevas izquierdas" progresistas como la española, Podemos la cuestión migratoria no ocupa un lugar destacado en su agenda, aunque sí denuncian la situación humanitaria en los pasos de frontera. Tímido posicionamiento frente una realidad gravísima.

5. El capitalismo tiene muchos rostros espantosos: explotación, desocupación, hambre, guerra, trata de personas. La inmigración los contiene a todos: producto de todos esos fenómenos ya enumerados, masas de seres humanos son arrojados fueras de sus sitios de origen a buscar mejores condiciones de trabajo y vida. En más del 80% de los casos son varones adultos que dejan familia, cultural, religión. Al llegar a destino, sino mueren en el intento, la discriminación, segregación, persecución y la peores condiciones de trabajo y vida que el capitalismo puede ofrecer en los países centrales son la bienvenida.

Escribió Galeano: "Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos y sus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos más huyen de los salarios exterminados y de los suelos arrasados."

"Los náufragos de la globalización peregrinan inventando caminos, queriendo casa, golpeando puertas: las puertas que se abren, mágicamente, al paso del dinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros son cadáveres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombre que yacen bajo la tierra en el otro mundo adonde querían llegar."

El único futuro posible para las masas de emigrados será fruto de la lucha. Para ello, los pueblos europeos deben hermanarse con árabes, africanos, sudamericanos y con las minorías étnicas como los romaníes que migran internamente y que habitan esas tierras. El primer paso para derribar las fronteras de cemento o de metal es derribar las que nos separan mentalmente, en nuestra más íntima subjetividad.

El chovinismo y el racismo deben pasar al basurero de la historia para que pueda existir una fuerza social movilizada contra las políticas discriminatorias que condenan a inmigrantes a la miseria y segregación.


[1] Datos recogidos de: FRONTEX. Annual Analysis Risk 2015. Disponible en frontex.europa.eu. Frontex es la "Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación Operativa en las Fronteras Exteriores de los Estados miembros de la Unión". Creada en 2004 y con sede en Varsovia, Polonia.

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