Nuevo sitio Luciano Arruga 4 Mayo 2015

Juicio por detención ilegal y torturas

Durante el proceso se va a probar, una vez más, cómo funciona el aparato de represión sobre nuestros jóvenes, y cómo la organización popular puede enfrentarlo. La mamá y la hermana de Luciano anunciaron que acusarían al suboficial Torales por el delito de imposición de tormentos.

Luciano Arruga | Juicio por detención ilegal y torturas

¿Cómo madre, le parece bien que un chico de 16 años salga a cartonear? La pregunta del abogado defensor hizo estallar las voces de repudio en la sala de audiencias, colmada de militantes antirrepresivos, la mayoría familiares de víctimas. Era la primera jornada del juicio al suboficial de la Bonaerense Julio Diego Torales, uno de los policías del Destacamento de Lomas del Mirador que, en 2008, intervino en la detención ilegal y tortura de Luciano Arruga, cuatro meses antes de su secuestro, asesinato y desaparición.

Aunque en esa oportunidad los jueces del Tribunal Criminal Nº 3 de La Matanza, provincia de Buenos Aires, rechazaron la pregunta, ésa fue la línea de la defensa desde el principio. En los lineamientos de apertura, tanto la fiscalía como los abogados de Mónica Alegre y Vanesa Orieta, mamá y hermana de Luciano, anunciaron que acusarían al suboficial Torales por el delito de imposición de tormentos, que tiene una pena de 8 a 25 años de prisión. A su turno, los defensores del policía se quejaron de la "imputación denigrante", a partir de un "hecho exótico", y denunciaron que su pobre defendido es un "detenido por razones políticas".

Naturalmente, llegado su momento, el imputado no declaró, y comenzó el desfile de los testigos. Dos médicos –uno legista y otro el que atendió a Luciano después que recuperó la libertad- explicaron qué lesiones verificaron en el cuerpo y la cara del pibe. Luego declararon un amigo de Luciano, que describió el estado en que lo vio después de salir de la comisaría, y una amiga de Vanesa, en el mismo sentido.

La declaración testimonial de la mamá de Luciano puso en contexto el hecho que se investiga. Contó que su hijo, tan joven, cartoneaba para ayudar en la casa; habló de cómo los policías lo hostigaban para que "trabajara" para ellos, y de la persecución que se desató cuando se negó. Recordó el día de esa detención sin razón alguna –como centenares de miles a diario en todo el país, por averiguación de antecedentes o por códigos de faltas- y la voz de su hijo, gritando "¡Vane, sacame de acá porque me están cagando a palos!" cuando con su hija llegaron a la comisaría.

Ahí vino la "pregunta" del descarado defensor, ocupado en culpabilizar a la víctima y su familia, como es habitual en su ramo.

En la sala, y en la calle, decenas de familiares de víctimas de la represión policial, organizaciones y militantes, acompañaron la audiencia, y mostraron con sus consignas que no es un policía, es toda la institución, y que no es una institución que se "autogobierna" sino que responde al rol que tiene asignado en el "estado de derecho".

Torales no estaría preso hoy si no se hubiera visibilizado, a fuerza de lucha y organización, lo que pasó con Luciano el 31 de enero de 2009. Seguiría trabajando en la comisaría 2ª de Gregorio de Laferrére, como lo hizo hasta 2013. Como lo siguen haciendo los demás policías del destacamento, sus superiores jerárquicos y sus responsables políticos.

En el juicio que comenzó el 4 de mayo, y que seguirá hasta mediados del mes, esta vez en nombre de Luciano Arruga, se va a probar, una vez más, cómo funciona el aparato de represión sobre nuestros jóvenes, y cómo la organización popular puede enfrentarlo.

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Izquierda Revolucionaria
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