Nuevo sitio Acuerdo entre Estados Unidos e Irán 4 Mayo 2015

El imperialismo yanqui juega una nueva carta en Medio Oriente

En el final de su gestión, Obama imprimió un viraje a su política exterior. El acuerdo con Irán expresa el cambio de escenario que plantea la confrontación militar con el “Estado Islámico”; y pone en tensión la relación entre la Casa Blanca y su aliado histórico en la región: Israel.

Edición N° 2

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Acuerdo entre Estados Unidos e Irán | El imperialismo yanqui juega una nueva carta en Medio Oriente

Era martes 31 de marzo cuando el ejército iraquí entraba victorioso a Tikrit, ciudad clave de ese país que desde hace un año era asediada para arrancársela al Estado Islámico. Junto con las fuerzas iraquíes habían combatido milicias chiítas de origen iraní. En este punto del tablero de Medio Oriente, Irán se volvía un aliado táctico del imperialismo estadounidense. Apenas dos días después, el 2 de abril, Irán y Estados Unidos firmaban un acuerdo inédito y con notables consecuencias para toda la región. La victoria en Tikrit no es la explicación del acuerdo, sino solamente una muestra de cómo la realidad crea condiciones para que tengan lugar acontecimientos que antes parecían inverosímiles.

La ronda de debates había comenzado el 26 de marzo con la participación de China, Francia, Alemania e Inglaterra, además de los dos países protagonistas. El acuerdo político al que se arribó no es definitivo, puesto que la redacción final deberá estar lista para fines de junio. No obstante, los puntos en los que avanzaron son muy significativos. Sobre el Plan Nuclear de Irán, se acordó que este reduciría hasta el 25% el uso de las plantas de uranio de las que dispone y desactivará completamente la planta de plutonio de Arak, ya sea destruyéndola o trasladándola fuera del país. Además, se someterá a un régimen especial de inspecciones durante los próximos 25 años. Estas son las condiciones impuestas por Estados Unidos para levantar las sanciones económicas al país persa. Este es uno de los puntos duros del debate: mientras los yanquis exigen que Irán desactive sus plantas de uranio para terminar con las sanciones, el líder iraní Hassán Rohani ha dicho a los medios que no se firmará el acuerdo definitivo si no se levantan completamente las sanciones.

En concreto, hay un primer acuerdo que acerca posiciones entre ambos países, lo cual es un dato de enorme importancia en relación a la política exterior de los EEUU, como también en el panorama de la correlación de fuerzas en Medio Oriente. Obama está tomando, hacia el final de su gestión presidencial, iniciativas importantes en esta materia. El restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba es un ejemplo de esto. Con Irán también se da un vuelco. Y en este último caso, la táctica es una demostración evidente de que su posición en Medio Oriente es delicada: Irán es, a su pesar, un aliado en la confrontación con el Estado Islámico en Irak y en la estabilización de Afganistán. En ambos países el imperialismo ha fracasado para dar un cierre a los conflictos que allí tienen lugar. A su vez, el acuerdo amortigua, ya que no neutraliza por completo, a Irán como un posible frente de batalla que ha estado latente durante décadas. Esta iniciativa deja a EEUU en mejores condiciones tácticas, pero a largo plazo el efecto puede producir precisamente los resultados inversos: el levantamiento de las sanciones económicas brinda mejores condiciones para fortalecer la consolidación de Irán como potencia en la región, en detrimento de otros aliados estratégicos del imperialismo.

Un delicado equilibrio

De sus socios regionales, Israel fue el primer país en poner el grito en el cielo. La opinión del primer ministro hebreo, Benjamín Netanyahu, es que el acuerdo pone en peligro la situación de su país en la región, que la ofensiva armada contra Irán está sobre la mesa como una posibilidad real y que está dispuesto a hacerlo aún sin el consentimiento estadounidense. El lobby israelí hacia el interior del Partido Republicano ya está en marcha; tal es la "devolución de favores" del sionismo a Obama. Del apoyo o no de los republicanos en el Congreso depende la aprobación definitiva del acuerdo. Al mismo tiempo, los estados gobernados por ese partido han ratificado que no darán marcha atrás en las sanciones económicas a Irán. Es decir, el futuro de la política exterior de Obama pende de un hilo.

Por otro lado, no se puede perder de vista el conflicto que protagoniza Arabia Saudita y que inició una nueva guerra en la región: Yemen. La monarquía saudí es uno de los Estados más reaccionarios de Oriente Medio y un aliado estratégico de EEUU por ser la mayor potencia petrolera del mundo, líder de la OPEP. También es el mayor exportador de organizaciones del integrismo islámico. El propio Estado Islámico, en gran medida, es de su propia factura. Al sur de la península que ocupa Arabia se encuentra Yemen, un pequeño país desgarrado por una guerra que ya provocó el desplazamiento de cientos de miles de personas, varios miles de muertos y unos 12 millones de hombres, mujeres y niños sometidos a la penuria del hambre. Allí, la intervención de la monarquía de Salmán bin Abdulaziz pretende frenar el levantamiento de los hutíes contra un gobierno de origen sunita, la etnia gobernante en Arabia. Irán, por su parte, se opone férreamente a la intervención saudí y apoya, naturalmente, a los hutíes.

Es sumamente difícil ser concluyentes con una posible lectura de la situación en Medio Oriente. Aparece bastante claro, provisoriamente, que Estados Unidos está metido en un pantano en la región del cual le es tan difícil salir que incluso da golpes de timón como el acuerdo con Rohani. Esto retrasa, naturalmente, el fortalecimiento de su posición en el Asia Pacífico, adonde se pretendía enviar el 60% de su flota mundial con el plazo del 2020. Para muestra basta un botón: además de los conflictos señalados anteriormente, en el propio Estrecho de Ormuz – por donde transcurre el 25% del tráfico mundial de crudo– Irán tiene una importante presencia de naves de guerra que obligó a EEUU a escoltar a buques cargueros de su interés a solo un mes de firmado el acuerdo.

El juego de equilibrios en que se mueven las potencias es delicadísimo y las tensiones son múltiples. Estados Unidos ha logrado con este acuerdo un respiro momentáneo; Irán, por su parte, fortalece su posición en Medio Oriente. El desarrollo de las relaciones bilaterales entre ambos países será determinante en la región, lo cual, además tiene consecuencias de alcance mundial también en relación a los bloques que se disputan la hegemonía mundial: Estados Unidos, por un lado, y China y Rusia, por otro.

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