Nuevo sitio A 50 años de la fundación del PRT 4 Mayo 2015

Una experiencia insoslayable para la izquierda revolucionaria

Estas vivencias deben nutrir a las nuevas generaciones de militantes, para construir una perspectiva revolucionaria y socialista. Ni los relatos oficiales, ni las subestimaciones de parte de la izquierda, ayudan a la necesaria tarea de recuperar una historia que ha dado tantos ejemplos de lucha revolucionaria.

Edición N° 2

A Vencer (mayo-2015)

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A 50 años de la fundación del PRT | Una experiencia insoslayable para la izquierda revolucionaria

El Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), fundado el 25 de mayo de 1965, fue una de las propuestas que más intensamente asumió una perspectiva revolucionaria y socialista con vocación de poder.

Se trató de una organización marxista que planteó la necesidad de construir un partido revolucionario en nuestro país, asumiendo una serie de tareas con un criterio integral.

El lugar central asignado a la clase trabajadora en el proceso revolucionario llevó al PRT a ser parte de las principales luchas obreras del período, como se vio en Sitrac Sitram, en el Viborazo, en su estrecha relación con Agustín Tosco, en el Villazo, o en las coordinadoras de junio y julio de 1975, donde había participado en construcciones como la CGT de los Argentinos o el Movimiento Sindical de Base (MSB).

Su apuesta a conformar una fuerza social revolucionaria hegemonizada por la clase trabajadora se expresó en su política frentista, ejemplificada en el FAS cuyos encuentros llegaron a convocar a unos 20.000 participantes del movimiento obrero y popular.

Además del protagonismo en la lucha de masas, y de haber intentado algunas experiencias electorales (con Leandro Fote en 1965 y con la frustrada fórmula Tosco-Jaime en 1973), el PRT asumió la lucha en el plano militar para la toma del poder, para lo que fundó el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

Por supuesto, el PRT no fue la única organización revolucionaria, ni estuvo exento de cometer errores, lo que no quita que se haya ganado un lugar destacado en nuestra historia militante, por su valioso aporte a la lucha por un proyecto revolucionario y socialista.

Lamentablemente, el conocimiento profundo de esa experiencia se ha obturado a partir del rechazo de distintas corrientes de pensamiento. Por eso, consideramos que es necesario rescatarlo, con criterio crítico, para el necesario rearme ideológico y político que precisa nuestro pueblo trabajador en su lucha por su definitiva liberación.

El relato oficial e intelectual

La dictadura señaló a todos los luchadores, y en especial a los combatientes revolucionarios, como enemigos de la patria, supuestos agentes externo a los que los militares se encargarían de erradicar. Para ello secuestraron, torturaron y mataron a 30.000 compañeros. El alfonsinismo rechazó la tesis militar pero equiparó a militares y luchadores con la "teoría de los dos demonios": Videla, Astiz o Galtieri eran tan culpables del genocidio como quienes habían sido secuestrados, torturados y asesinados por ellos. El kirchnerismo rechazó la tesis alfonsinista, pero señaló a aquello como parte de un pasado remoto. La lucha revolucionaria ya no tenía sentido, sería ahora el gobierno el que llevaría adelante sus banderas, mientras los juicios a algunos militares debían servir para despejar las culpas sobre el resto, lo que le permitió poner a probados verdugos como Milani al frente de las FFAA.

A su vez, gran parte de la producción de divulgación y académica es consecuente con los relatos oficiales y se esmera en echar culpas sobre la militancia revolucionaria de los 70. Se puede ver en los planteos derechistas de Ceferino Reato o el ex Side Juan Yofre, pero también en los más complejos intelectuales de la derrota: Sergio Bufano señalando que los revolucionarios vivían el "vértigo de la violencia" y aspiraban a entregar la "vida plena" y "verle la cara a Dios"; Oscar Del Barco generalizando el planteo del "no matarás" por igual a militares genocidas y luchadores revolucionarios; Hugo Vezzetti, describiendo la violencia revolucionaria como una búsqueda de "experiencias de lo sagrado", sostenida en un "espíritu de sacrificio" que daba lugar a la acción "delirante y extraviada" en donde la violencia era fruto de una "pulsión de muerte". Son las mismas coordenadas con las que algunos de los últimos trabajos sobre el PRT, como el de Vera Carnovale, estigmatizan a los luchadores revolucionarios desde la fría distancia de la comodidad intelectual.

Macartismo de izquierda

A su vez, en la izquierda hay importantes sectores que ignoran o rechazan las experiencias de las organizaciones político militares.

Ya en los 70, desde el PC hasta el PST catalogaron a las organizaciones armadas, incluyendo a partidos marxistas como el PRT, como "foquistas" y "pequeñoburgueses", desconociendo su estrategia, su inserción y su práctica política (aún cuando estuvieran muy arraigadas en la clase trabajadora y muy alejadas de la "teoría del foco").

Muchas de esas viejas versiones siguen siendo repetidas por partidos como el PO o el PTS.

Así, el PO se "delimita" del "foquismo de verdad, del ERP y Montoneros"[1], del "reformismo armado del PRT" (al que caracteriza como que "no tenía hegemonía ni sobre sí mismo"), porque "El foquismo intenta reemplazar la evolución política y la acción de los movimientos de masas con la actividad de un grupo que actúa independientemente de esa evolución y de esa acción. Eso es violencia reaccionaria, en cuanto se constituye en un obstáculo para el desarrollo de la conciencia obrera"[2].

El PTS se mueve en las mismas coordenadas. Desconoce, por ejemplo, que varias organizaciones armadas, entre las que se incluye el PRT, tenían un amplio desarrollo sobre el movimiento obrero. De ahí su tesis de los "cuatro relatos" en donde las explicaciones que recuperan la experiencia de las organizaciones político militares (el "tercer relato") son presentadas como una subestimación de las acciones de masas de la clase obrera. Por eso proponen un "cuarto relato" que dé cuenta de la acción de la clase obrera, aunque sólo lo ligan con organizaciones morenistas (PST) y lambertistas (PO), omitiendo al resto, en particular a quienes llevaban adelante la lucha armada, por más que le dieran gran relevancia al movimiento obrero como el PRT, OCPO, Montoneros, Peronismo de Base, FRP, etc[3].

Una recuperación crítica es un aporte a la revolución

Ni los relatos oficiales, ni las subestimaciones de parte de la izquierda, ayudan a la necesaria tarea de recuperar una historia que ha dado tantos ejemplos de lucha revolucionaria, entre los que se destaca el PRT. Por supuesto, debemos hacerlo desde una perspectiva crítica, ya que de poco sirven (como en ningún caso) las versiones acríticas que toman como válidas casi la totalidad de acciones y definiciones de aquella experiencia.

La apuesta a la construcción de una fuerza partidaria arraigada en la clase obrera y el pueblo, con vocación de masas y predisposición combativa para la toma del poder, es un gran aporte que ha dejado el PRT. Es por ello que consideramos que esta experiencia debe nutrir, junto a muchos otros aportes, el acervo de las nuevas generaciones de militantes, para construir una perspectiva revolucionaria y socialista en nuestro país.


[1] Sobre armados y desarmados, PO, 20/2/2014

[2] De nacionalismo, foquismo y reformismo armado, PO, 26/11/2009

[3] Elementos para un "cuarto relato" sobre el proceso revolucionario de los '70 y la dictadura militar, Revista Lucha de Clases Nº 4.

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