Nuevo sitio Contra toda opresión 18 Abril 2015

Por un feminismo revolucionario

Si bien el patriarcado no surge con el capitalismo –sino que lo antecede en miles de años-, adquiere bajo este modo de producción, rasgos particulares que convirtieron al patriarcado en un aliado indispensable para la explotación y el mantenimiento del statu quo. Capitalismo y patriarcado se retroalimentan potenciando los mecanismos de opresión y explotación que, específicamente, cada uno reproduce. A la vez que adquieren características particulares en este contexto histórico/político/económico/cultural y social. Así, se configura un sistema que a través de un entramado de relaciones e instituciones hegemónicas y coercitivas, reproduce la perpetuación de las jerarquías y las desigualdades en las relaciones sociales.

Edición

El Revolucionario

El Revolucionario

Sumario

Compartir Articulo

Contra toda opresión | Por un feminismo revolucionario

Desde una perspectiva marxista, es importante realizar una distinción fundamental entre explotación y opresión. La primera se relaciona con aspectos estructurales económicos, demarca la relación entre las clases y se manifiesta en la apropiación del producto de trabajo excedente de las masas trabajadoras por parte de la clase poseedora de los medios de producción. La segunda en cambio se vincula a una relación de sometimiento de un grupo sobre otro por razones culturales, raciales o sexuales. Se trata de un uso de las desigualdades en función de poner en desventaja a un determinado grupo social. La diferencia es transformada en justificación para el dominio de un sector social sobre otro. Sin embargo, más allá de que sea "práctico" hacer esta distinción, debemos entender que la realidad no es tan estática, estructurada ni fragmentada. Sino que todo este conjunto de relaciones opresivas, operan de forma conjunta multiplicando su capacidad de dominio. Es decir, es necesario hablar de una interseccionalidad de estas opresiones que, al momento de operar, no reparan en hacerlo de forma segmentada. Muy por el contrario.

Es cierto que la explotación y la opresión se combinan de diferentes maneras. Las opresiones no recaen de la misma manera en cualquier sujetx. La pertenencia de clase, por ejemplo, claramente delimita los contornos de su opresión. No podemos obviar la pertenencia a la clase social o la racialización de una persona, cuando analizamos o pensamos cómo recae en ella las opresiones de género o sobre su sexualidad.

Las diferentes opresiones moldean las vivencias subjetivas, los cuerpos, las elecciones posibles… la misma subjetividad y, principalmente, las posibilidades objetivas de enfrentamiento y superación parcial o no de esas condiciones sociales de discriminación (legal, política, cultural, económica).

Por ello pensamos que es necesario inscribirnos en un pensamiento feminista de lucha, que recupere todas las tradiciones heroicas de resistencia de lxs oprimidxs de nuestra tierra, y desde allí, forjaremos la herramienta necesaria para nuestra emancipación. Dentro de estas, buscar recuperar y rescatar un feminismo que no se adapte a ciertas reivindicaciones democráticas, sino que forme parte de un proyecto político integral de transformación social. Un feminismo revolucionario, que inscriba su análisis en el marxismo, porque entendemos que es fundamental pensar al patriarcado y al capitalismo de conjunto; al mismo tiempo que inscribiendo a estos sistemas en un capitalismo desde un continente colonizado lo que también nos posiciona para pensar nuestras opresiones, y nuestras resistencias, desde realidades específicas.

En este sentido, enfatizamos la existencia de contradicciones intragéneros, por ejemplo. Nunca nos pondremos del lado de una fracción, que reproduzca algún tipo de opresión. Nos diferenciamos, en este sentido de las expresiones de los feminismos eurocéntricos/salvacionistas, de los feminismos burgueses y liberales o reformistas, de los feminismos homo/lesbo/transfóbicos.

Diferentes corrientes feministas, formulan posiciones de carácter universal, obviando las diferentes variables de opresión que atraviesan a lxs sujetxs. Es nuestra intención, intentar aportar a la construcción de una corriente feminista, que se aleje de cualquier reduccionismo. Que intente forjarse como una herramienta de lucha contra cualquier opresión, que piense la necesaria emancipación integral.

Por ello intentamos retomar los aportes que tanto el marxismo como el feminismo hacen sobre el capitalismo heteropatriarcal, a la vez que intentamos complejizarlo con una mirada anticolonial. Comprendiendo este complejo entramado, estudiándolo con las herramientas más precisas, podremos armarnos de mejores formas, para enfrentarlos y derrocarlos.

Entendiendo que el marxismo no es un dogma y que los aportes que lxs clásicxs han hecho en este aspecto, como en todos los otros, están condicionados por el momento histórico en el que se desarrollaron; quienes nos reivindicamos dentro del marxismo revolucionario deberemos asumir la ardua tarea de profundizar y elaborar, desde una praxis emancipadora nuevos aportes teóricos que contribuyan a derribar este sistema patriarcal y capitalista. Tanto el marxismo como el feminismo son indispensables para comprender al sistema capitalista y la realidad que nos atraviesa no sólo a las mujeres dentro de él, sino también a las personas que no se autoperciben dentro del binarismo de género. Asimismo, debemos señalar que el patriarcado capitalista se ancla en la heteronorma como modo de perpetuarse, por ello también debemos combatir fuertemente la heterosexualidad como regla o mandato.

Claramente destacamos que el sistema patriarcal lo que otorga, es privilegios a uno de los géneros existentes, que es aquel género al que le atribuye todo el poder: el género masculino. Dentro de esa premisa indiscutible, debemos poder visualizar que haciendo un análisis intragénero, esta identidad también se encuentra atravesada por múltiples variables que lo determinan. Por ello no ejercerá su privilegio patriarcal de la misma manera, un varón blanco, burgués y heterosexual, que uno negro, homosexual y/u obrero. El patriarcado también configura un modelo de masculinidad hegemónica, que también debemos combatir en aras de la construcción de las nuevas relaciones sociales igualitarias a las que aspiramos.

En este sentido, una mirada desde la interseccionalidad de clase, raza, género nos aportará mayores herramientas para aportar a la construcción de ese feminismo que añoramos.

Lo que suele suceder es que se produce una fragmentación de estas teorías y herramientas de lucha, solemos caer en encasillamientos desconociendo la diversidad y complejidad de interpretaciones que existen dentro de cada una de ellas.

Retomamos a Heidi Hartmann, cuando plantea que no podemos entender que uno suplanta al otro -refiriéndose al marxismo y al feminismo-, pues reproduciríamos la ley general del patriarcado: cuando el matrimonio propone que hombre y mujer se conviertan "en una misma cosa" pasando el varón a primer plano y quedando la mujer "en suspenso". En las interpretaciones sobre los marxismos y los feminismos suele suceder lo mismo, muchas veces se cae en pensar que uno reemplaza al otro y esto no es así. Ambos son necesarios en una relación permanente para una lucha consecuente por la emancipación.

Entonces, se torna fundamental no subestimar ninguna de las armas teóricas que tenemos a nuestro alcance. Creemos que "(…) el poder analítico del marxismo con respecto al capital ha hecho que pasaran inadvertidas sus limitaciones con respecto al sexismo. Aquí mantendremos que si bien el análisis marxista aporta una visión esencial de las leyes del desarrollo histórico, y de las del capital en particular, las categorías del marxismo son ciegas al sexo. Sólo un análisis específicamente feminista revela el carácter sistemático de las relaciones entre hombre y mujer. Sin embargo, el análisis feminista por sí solo es insuficiente, ya que es ciego a la historia y no es lo bastante materialista. (…)". Un análisis materialista demuestra que el patriarcado no es simplemente una estructura psíquica, sino también social y económica. En la actualidad capitalismo y patriarcado han constituido una "sociedad anónima", en la que ambos se apoyan mutuamente sirviéndose el uno del otro, perpetuándose ambos. Por eso debemos estudiarlos, comprenderlos y combatirlos.

Joan Scott nos dice que el género es un elemento constitutivo de las relaciones basadas en las diferencias que distinguen los sexos. La autora intenta especificar hasta qué punto necesitamos pensar en el efecto "del género" en las relaciones sociales, por ello nos dirá que el género es una forma primaria de relaciones significantes de poder. Podría decirse mejor que el género es el campo primario, aunque no el único, dentro del cual o por medio del cual se articula el poder. Parece haber sido una forma persistente y recurrente de facilitar la significación del poder en las tradiciones occidental, judeo-cristiana e islámica. Entonces observa Scott: "...los conceptos de género estructuran la percepción y la organización, concreta y simbólica de toda la vida social (...) el género se implica en la concepción y construcción del propio poder" (Scott, 1996, 293).

En algunas lecturas contemporáneas se pueden destacar ciertas posiciones del feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia. El primero conceptualizó al género como una construcción social, no determinado por la anatomía, rechazando el determinismo biológico del "sexo" o la "diferencia sexual" utilizados para justificar la discriminación de las mujeres. Señalan que la biología no es destino, proponiéndose eliminar las jerarquías establecidas alrededor de las diferencias de género socialmente construidas, que reforzaban la exclusión y opresión de las mujeres. El segundo, de la diferencia, se proponía destacar y revalorizar los aspectos que diferenciaban profundamente a las mujeres de los varones que habían construido este mundo de opresión e injusticia. Surge la mujer como un otro, ahora positivamente connotado. Critican al feminismo de la igualdad por proponer la asimilación a un orden social y simbólico que invisibiliza a las mujeres. Se propone, por el contrario, crear un orden simbólico distinto, partiendo del pensamiento de la diferencia sexual y la materialidad de la condición femenina. Propugnaron una nueva interpretación positiva y revalorizada de la feminidad. Planteando la existencia de una idealizada y loable feminidad intrínseca al ser mujer, diferencia que hay que exaltar y no negar en la "mismidad". Sostienen que la liberación de las mujeres depende de la creación de una contracultura femenina. Podemos decir que obteniendo reconocimiento a cambio de integración, tanto el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia, habían pasado de cuestionar las bases del sistema capitalista a legitimar a la democracia burguesa como el único régimen en el que se puede lograr, paulatinamente, mayor equidad de género, a través de algunas reformas parciales que no cuestionen su fundamentos. De este modo, los sistemas de dominación proponen un dilema para lxs oprimidxs: la integración al sistema a través de la admisión de sus demandas de igualdad o la marginación en subculturas o ghettos en función de las diferencias, el feminismo de la igualdad tendría como consecuencia inevitable lo primero y el feminismo de la diferencia condenaría inexorablemente a las mujeres a lo segundo.

En la actualidad muchas corrientes se inscriben en esta posición: "transformar desde adentro" o se conforman con algunas conquistas parciales para mejoras parciales. En nuestro caso, entendemos que es correcto en el largo camino de lucha conquistar victorias parciales que signifiquen mejoras en nuestra calidad de vida, pero sin jamás abandonar nuestro horizonte socialista que implica la liberación en todas sus formas, el fin de toda opresión y de toda alienación.

Asimismo, criticamos aquellas corrientes que dejan librado el campo de la biología a las teorías patriarcales, cual si este campo estuviera despolitizado. También como marxistas entendemos que toda ciencia es política. Inclusive la biología. Si lxs feministas no nos metemos en ese terreno, se lo dejamos librado a las teorías misóginas. Entonces, afirmamos que el sexo, así como el género, también es una construcción cultural y política. Explayarnos sobre esto implicaría otro artículo, pero vale dejar sentada la posición con la intención de que sea un mojón para discutir los binarismos que también impone el modelo médico hegemónico, claramente patriarcal y transfóbico.

Lxs integrantes de IR, nos oponemos al argumento de algunos compañeros de izquierda que limitan sus interpretaciones e intervenciones a "la cuestión de la mujer". Entendemos que es necesario recuperar el análisis marxista y el análisis feminista para lograr un análisis lo más acertado posible del patriarcado como construcción histórica y social, en el sistema capitalista y la situación de las mujeres y de las identidades no hegemónicas dentro de este entramado de relaciones. Así logrando una complementación, en la praxis, entre marxismo y feminismo lograríamos enriquecer nuestras miradas, para enriquecer nuestras intervenciones.

Como marxistas feministas revolucionarixs debemos luchar contra el capitalismo y el patriarcado, desde ahora. No existe "el día después de la revolución" para luchar por nuestra emancipación. En este sentido es que reivindicamos la construcción de un feminismo revolucionario que nos ayude a superar esta dicotomía planteada y nos permita armarnos de la mejor manera para construir una sociedad sin explotación ni opresión de ningún tipo: ¡¡para que el capitalismo y el heteropatriarcado caigan juntos!!

Comentarios

Izquierda Revolucionaria
Autor

Izquierda Revolucionaria