Nuevo sitio Un camino revolucionario en Argentina 18 Abril 2015

Los ´70 y el rescate del PRT y OCPO

Vivimos un momento particular en la lucha de clases, los nubarrones de la derrota en los ´70 comienzan a disiparse y presagian la apertura de un nuevo período de acumulación de la clase obrera y el pueblo para el proceso revolucionario. El lento reanimar de las masas, que se potenció a partir de diciembre de 2001, sigue sin corresponderse con el necesario reagrupamiento de su vanguardia en partido revolucionario. La ausencia de una dirección unificada y una estrategia de poder definida, marcan la debilidad de la alternativa revolucionaria como salida a la crisis crónica que nos afecta a la clase obrera y el pueblo en su conjunto, crisis inherente a la constitución del capitalismo y que sólo tiene posibilidad de superación en el socialismo.

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Un camino revolucionario en Argentina | Los ´70 y el rescate del PRT y OCPO

La falta misma de un partido revolucionario tampoco es casual, ni se debe a la malicia de quienes encabezan construcciones partidarias reformistas, oportunistas o sectarias. En todo caso ellas también son expresión de condicionantes materiales de profundas raíces históricas. Como destacamento que pretende realizar su aporte en la superación de esta falencia histórica, deberemos avanzar hacia un análisis más profundo de este fenómeno. Sin embargo alcanzamos a trazar algunos ejes. Ya mencionamos las implicancias que tuvo el naufragio del primer intento histórico del socialismo, plasmado en construcciones tan alejadas de los sueños y aspiraciones históricas del proletariado. Cuánto afectó la hegemonía del movimiento comunista internacional, liquidador de muchos procesos revolucionarios; y las limitaciones de aquellas corrientes que intentaron una superación del stalinismo. Nos referimos al trotskismo -que por diversas razones apenas si pudo subsistir en una dimensión marginal-; a las corrientes que se forjaron en la generalización de procesos revolucionarios triunfantes, como el maoísmo, que más allá de algunos aportes puntuales terminó constituyéndose como el ala izquierda del stalinismo; o el guevarismo, que si bien brindó un impulso renovador a la lucha revolucionaria -sobre todo en Latinoamérica- tampoco pudo plasmarse en alternativa estratégica integral y unificada, sino que se desgranó en distintas variantes que ponían el acento en tal o cual aspecto de su bagaje teórico práctico. En general, en la búsqueda por reencontrar el cauce revolucionario muchas corrientes se extraviaron en antagonismos parciales.

En nuestro país, con una izquierda tradicional (PC y PS) extraña y en general hostil a la clase obrera y el pueblo, el intento de superación vino desde las corrientes antes mencionadas, desde algunos gajos revolucionarios surgidos desde el peronismo, pero fundamentalmente desde lo que se llamó la "nueva izquierda". De este torrente surgen las dos organizaciones que a nuestro entender se constituyen como referentes insoslayables, las que debemos rescatar: el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y en segundo orden a la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO). Estas organizaciones -en su corta vida- intentaron revitalizar el marxismo revolucionario reivindicando creativamente sus expresiones más genuinas. Ambas pusieron el eje en la clase obrera y la disputa de poder.

Entendemos el proceso de construcción perretista como la expresión de una organización marxista revolucionaria, que estructuró su proyecto integral (político y militar) a partir de una síntesis de las que consideró las principales contribuciones del pensamiento revolucionario de aquellos años (no sin tensiones por cierto) y que lo llevó adelante con una tenaz vocación de poder. El PRT transitó ese camino de lucha por el socialismo, defendiendo la independencia política de la clase trabajadora, en disputa con el reformismo y el populismo y para ello el PRT volcó sus mayores esfuerzos para desarrollarse con ímpetu en el seno de la clase trabajadora, buscando construir material, política y organizativamente la centralidad del proletariado en el proceso de transformación revolucionaria de la sociedad.

Entre los elementos centrales a reivindicar, destacamos su relación como partido revolucionario con la clase obrera, la necesidad de una mirada sobre el carácter político-militar del proyecto revolucionario, su concepción de doble poder, su perspectiva continental de la estrategia de poder. La práctica internacionalista del PRT, desde su participación en la IV Internacional hasta la participación activa en la conformación y desarrollo de la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR) ya entrados los ´70. Pero fundamentalmente su audacia a la hora de intentar forjar una alternativa revolucionaria, no a partir de esquemas preconcebidos, sino mediante el diálogo vivo y abierto con las experiencias más destacadas de la lucha de clases, en Argentina y el mundo.

Por su parte, la corta vida de la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO) no fue impedimento para que "Poder Obrero" -tal como era conocido en la época-, pudiera acumular un importante acervo político y teórico. Además de vertiginosa, la de OCPO fue una experiencia efímera. Pasaron solo un puñado de años desde su estructuración como organización nacional hasta su casi total desarticulación a raíz de la represión de la dictadura militar genocida. Sin embargo, la brevedad de su historia no le quita méritos a OCPO, que en tan poco tiempo logrará una importantísima acumulación política e ideológica. En ese sentido destacamos dos puntos centrales de su elaboración teórica, y que se traducían en práctica política concreta que llevaba adelante: su concepto de dirección revolucionaria de masas; y su concepción soviética del proceso revolucionario. En un sentido más práctico, reivindicamos el rol destacadísimo desempeñado -a través de sus cuadros proletarios- en las Coordinadoras Obreras del ´75 en Córdoba, Villa Constitución y la zona norte del conurbano bonaerense.

En el desarrollo de estas experiencias -no las únicas pero si las más valoradas- podemos decir que seguramente hubo faltas, traspiés o concepciones erróneas, que su posterior aniquilamiento por parte de la dictadura genocida impidió balancear, procesar y superar. Pero eso no le quita su valor. Parte de esas tareas pendientes deberemos asumirla en nuestra construcción, de manera que nuestro rescate sea más potente y enriquecedor.

Desde nuestro punto de vista el desafío no pasa hoy por "reconstruir" el PRT o la OCPO, ni redescubrir sagradas escrituras para reencauzar el rumbo perdido, ni buscar atajos en la mística nostalgiosa. Si más que nunca cobra vigencia la tarea de rearticular una alternativa revolucionaria de poder, de poner en pie un partido revolucionario de la clase obrera que cimiente esa alternativa; se trata de aprehender la vocación que encarnaron estas organizaciones en su época. Imitar su iniciativa, recrear su espíritu crítico heterodoxo y sintético escapando a cualquier esquematismo o fetichismo; aportando a la recreación de la genuina tradición del marxismo revolucionario en nuestro país y continente. Un marxismo que parta del reconocimiento de que la revolución socialista "será obra de los trabajadores mismos", concibiendo a la clase trabajadora como sujeto autoconciente. Un marxismo que sea capaz de construir organizativamente la independencia política de la clase trabajadora forjando para ello la imprescindible alianza obrero-popular que requiere la revolución en nuestro país (u obrero y campesino-indígena en algunas partes de nuestro continente); que asuma hasta las últimas consecuencias el carácter inexorablemente violento de la lucha de clases y se prepare concienzudamente para ello, superando al mismo tiempo la encerrona sin salida del militarismo. Un marxismo revolucionario que enfrente implacablemente los proyectos de conciliación de clases y las concepciones "etapistas" de cuño stalinista, dado el carácter permanente, ininterrumpido e internacionalista del proceso revolucionario, pero que al mismo tiempo sea capaz de dialogar políticamente con las experiencias reales de lucha de nuestros pueblos para no quedar sumergidos para siempre en los márgenes testimoniales del escenario político. En resumen, un marxismo revolucionario con decidida vocación de poder, que nos permita proseguir junto con las compañeras y compañeros caídos en el camino inconcluso de la lucha por la revolución y el socialismo.

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Izquierda Revolucionaria
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