Nuevo sitio Marxismo latinoamericano: ni calco ni copia 18 Abril 2015

Recuperar al Che para la revolución socialista

La disputa política por el legado político de Ernesto “Che” Guevara asume en la actualidad múltiples formas y pone en juego diversos intereses. En algunos casos se utiliza la figura del Che para ligarlo a proyectos políticos de “capitalismo nacional”, vaciando de este modo la sustancia revolucionaria de su práctica y pensamiento. En otras ocasiones, se reduce su ejemplo al de simple referente ético, por lo cual el rescate queda acotado a la abnegación y consecuencia militante del Che, mutilando de esta forma una parte significativa de sus aportes.

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Marxismo latinoamericano: ni calco ni copia | Recuperar al Che para la revolución socialista

A diferencia de lo anterior, nuestra reivindicación del Che pretende recuperarlo como un militante revolucionario, con sus aciertos y errores, pero desde las necesidades del movimiento vivo de la lucha política por el socialismo. Apostamos a asumir lo mejor del legado político del Che, sus más importantes aportes, con el objetivo fundamental de gestar una alternativa revolucionaria en nuestros días, capaz de dar cuenta de los desafíos que plantea la lucha de clases en la actualidad.

Los principales aportes del guevarismo

El guevarismo emerge en América Latina, a mediados del siglo pasado, como el intento más consecuente por articular una respuesta revolucionaria alternativa al reformismo de los Partidos Comunistas stalinizados, agentes diplomáticos de Moscú en aquellos años de guerra fría y coexistencia pacífica. Bajo el influjo de la Revolución Cubana, el Che protagoniza e inspira los intentos más radicales por dar una respuesta integral y no espontánea, con vocación de poder, al problema de la revolución en una coyuntura crucial de la lucha de clases a nivel mundial.

Si bien en un corto y vertiginoso tiempo el Che dio forma a una producción teórica significativa, fue por la vía de la práctica donde rompe con la ortodoxia stalinista y su concepción etapista de la revolución, carne y uña de la nefasta teoría del "socialismo en un solo país" pergeñada por la burocracia stalinista. Con su praxis revolucionaria, el guevarismo postuló una estrategia continental, puso sobre la mesa el problema real del poder, de cuáles son los resortes en que se sostiene el régimen burgués y de la imposibilidad del tránsito pacífico al socialismo. Y en función de esto, qué características debe tener la fuerza revolucionaria que pretenda vencer en la batalla por el socialismo. Con el Che, el problema político-militar de la revolución se puso en el tapete como un factor que ya no podía ser soslayado en la lucha revolucionaria.

En el marco de esta política general el Che llevó adelante una batalla inclaudicable contra el imperialismo, asociándola siempre a la pelea por la revolución socialista, conformando así una unidad dialéctica inseparable. En este sentido, va dirigida la histórica consigna del Che enseñando que ya "no hay más cambios que hacer, o revolución socialista o caricatura de revolución" (Mensaje a la Tricontinental, 1967). Por eso decimos que vincular el legado del Che a la defensa de proyectos políticos capitalistas –ya sea "nacionales" o en sus actuales variantes "andinas"-, es romper frontalmente con lo fundamental de su legado.

Asimismo, el Che tenía perfectamente claro el rol servil de las burguesías autóctonas de nuestro continente, las que, según sus palabras, "han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo –si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola" (Ídem anterior). Por eso no depositaba ninguna confianza en fracción alguna de las clases dominantes y asumía –en todas sus implicancias- que la revolución de los pueblos de nuestro continente debía desarrollarse de forma ininterrumpida en un sentido socialista, que ésa era la única vía posible para conquistar la liberación de trabajadores, campesinos y del conjunto de los explotados de América Latina.

En toda su trayectoria revolucionaria el Che dio sobradas muestras de su vocación internacionalista, trascendiendo radicalmente cualquier forma de nacionalismo estrecho. En esta senda, con sus acciones materializó en hechos concretos su confianza ilimitada en la potencialidad de la acción humana en la transformación revolucionaria y la construcción del socialismo. Supo unir como pocos la palabra y el gesto, la idea con el hecho. Abrevar firmemente en esta dimensión de su legado es vital también para relanzar una alternativa revolucionaria en nuestros días; el énfasis que pone Guevara en la necesidad de construir mujeres y hombres nuevos es, a la vez, una apelación de carácter ético y también material. En su célebre folleto "El socialismo y el hombre en Cuba" (1965), el Che explica: "Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entre tanto, la base económica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo".

Desde esta perspectiva, como es ampliamente conocido, el Che defendía la necesidad de los estímulos morales en su polémica con la burocracia soviética: "De allí que sea tan importante elegir correctamente el instrumento de movilización de las masas. Este instrumento debe ser de índole moral, fundamentalmente, sin olvidar una correcta utilización del estímulo material, sobre todo de naturaleza social. Como ya dije, en momentos de peligro extremo es fácil potenciar los estímulos morales; para mantener su vigencia, es necesario el desarrollo de una conciencia en la que los valores adquieran categorías nuevas. La sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela".

No fue por casualidad, precisamente, que el Che pudo ver con asombrosa anticipación y lucidez los riesgos que suponía la utilización de categorías de mercado en los intentos de construcción del socialismo, al favorecer las tendencias a la restauración capitalista plena, como décadas después quedó demostrado con la caída de la URSS y de todo el campo "socialista".

El Che como exponente del marxismo revolucionario

Nuestra organización defiende la centralidad de la clase obrera en el proceso revolucionario, en virtud de su rol en el sistema de producción capitalista, lo que determina que sea la única clase social que, potencialmente, puede ofrecer una salida política de emancipación al conjunto de los explotados y oprimidos. Por eso creemos que no resulta correcta de la estrategia guevarista, su lectura -motivada por factores de carácter militar- de la primacía del campo en la lucha revolucionaria continental (y que encontraba sus raíces materiales en las brutales condiciones de vida y de explotación del campesinado y las poblaciones indígenas en América Latina).

Sin desconocer la enorme importancia que los movimientos de resistencia campesina tienen para la lucha revolucionaria en nuestro continente, señalamos que sin la participación activa y consciente de la clase trabajadora de los principales países de la región, constituida como sujeto político y dirigente, no hay posibilidades de emprender exitosamente el camino de la revolución socialista a nivel continental. Para ello es imprescindible que la clase obrera sea capaz de conformar y dirigir una férrea alianza con el conjunto de los explotados, dando respuestas en su proyecto a las reivindicaciones de los pueblos originarios, expoliados y humillados por siglos, primero por el colonialismo español y portugués y luego por las burguesías criollas.

Las contribuciones del Che, prácticas y teóricas, son un componente vital en la tradición del marxismo revolucionario. En esa huella de lucha heroica trazada y referenciada en los aportes centralmente de Marx, Engels, Lenin, Trotsky, como así también de Rosa Luxemburgo y Gramsci, en nuestro continente a José Carlos Mariátegui, Miguel Enríquez y Mario Roberto Santucho y otros tantos revolucionarios, a lo largo de la historia de la clase trabajadora internacional en su combate por la construcción de un mundo nuevo.

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