Nuevo sitio De revoluciones y revolucionarios 18 Abril 2015

Rosa Luxemburgo: con el socialismo y la revolución

Rosa Luxemburgo es una figura fundamental de nuestra historia de lucha. Fue, en primer lugar, una luchadora incansable. Una mujer como Rosa, nacida en 1871 en Polonia, de origen judío, tuvo que desplegar mucha energía para poder abrirse camino y aún desde muy joven, convertirse en una de las más destacadas luchadoras por la emancipación del conjunto de los trabajadores y oprimidos.

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De revoluciones y revolucionarios | Rosa Luxemburgo: con el socialismo y la revolución

Su tenacidad y coherencia son un baluarte fundamental. Desde que en sus jóvenes 16 años se incorporó a la lucha por el socialismo en su tierra natal, hasta que cayó asesinada en 1918, por ser dirigente de la izquierda más combativa y consecuente de Alemania, Rosa desarrolló un destacado recorrido en donde sus aportes políticos y teóricos se entrelazan con su consecuencia y entrega militante. Es por eso, un enorme ejemplo de praxis revolucionaria.

Con el peso de la persecución sobre Proletariat (luego Partido Social Demócrata de Polonia), el partido revolucionario en el que militaba desde joven, Rosa emigró a Suiza. Al tiempo que desarrolló estudios de ciencias naturales, matemáticas y economía en la universidad de Zurich; Rosa se destacó como referente del partido en la emigración, siendo ya a los 22 años su representante para el Congreso de la Internacional Comunista de 1893. Al cerrar el siglo, Rosa se había radicado en Alemania y se convertía en una figuras destacada del socialismo internacional, siendo una de las principales colaboradoras del periódico teórico marxista más importante de la época, Die Neue Zeit. Y siendo además una de las más lúcidas polemistas sobre las tareas y perspectivas de los revolucionarios socialistas.

Así, Rosa Luxemburgo, aparece ya en los últimos años del 1800, como una de las principales figuras que plantea la lucha contra el reformismo, una corriente creciente en la socialdemocracia alemana de aquellos años. El reformismo al que empezaban a adherían una parte importante de los miembros del Partido Socialdemócrata Alemán encabezados por E. Bernstein, seguía hablando de un futuro socialista, pero depositaba todas sus esperanzas y energías en la apuesta a un cambio gradual, pacífico e institucional. Al igual que haría Lenin desde Rusia, Rosa se convierte en la voz de la corriente revolucionara que defiende el carácter revolucionario de la lucha por el socialismo. Tomando en consideración el carácter irreconciliable entre explotadores y explotados, Rosa deja en evidencia que no es posible un entendimiento con los beneficiarios del capitalismo, que no es posible resolver los problemas de los trabajadores apelando a una convivencia pacífica con empresarios, banqueros, terratenientes, y los partidos que los representan. Por el contrario, siguiendo lo propuesto por Marx y Engels, Rosa defiende (como lo plasmó en su célebre trabajo "Reforma o Revolución") que la única vía para la conquista de una sociedad socialista es la lucha por la toma del poder. Demuestra así, cómo el planteo de participación electoral, llevado a práctica sistemática y fundamental de un partido socialista, se transforma en el medio de su adaptación al sistema y su abandono de una práctica revolucionaria. Y considera en cambio, que el fundamento de la transformación social es la lucha de las masas trabajadoras y explotadas.

Vale hacer notar, como lo hicieron muchos conocedores de la obra y la práctica de Rosa Luxemburgo, que en el pensamiento de esta gran defensora de la revolución, se esboza también una concepción muy profunda del marxismo, que rehúye del pensamiento positivista y evolutivo que le da sustento a la adaptación reformista. Como lo recuerda, entre otros, Michel Lowy, la célebre frase de Luxemburgo "revolución o barbarie" es, además de un llamado al combate revolucionario, la síntesis de una concepción que descree del desarrollo progresivo e ilimitado de la humanidad, y que en cambio, deposita en la acción de los hombres y sus luchas, un papel fundamental. Para Rosa, no se puede, como cree Bernstein, suponer que por el desarrollo económico y social "objetivo" se logrará una mejora paulatina de la realidad que dará lugar, inevitablemente, a una sociedad superadora, el socialismo. Muy lejos de ello, Rosa nos recuerda que, de dejar correr las cosas como están, el capitalismo nos traerá más desigualdad, miseria, guerras, en fin… pura barbarie. El socialismo no deja de ser una meta, pero es algo que debe ser conquistado por medio de la lucha, sólo la revolución, sólo el enfrentamiento de la clase obrera y los explotados con el capital podrá abrir lugar a un nuevo proyecto, que sea para el bienestar del conjunto del pueblo trabajador.

Así como en la polémica entre reformistas y revolucionarios, durante toda su vida Rosa mantuvo esa energía revolucionaria, estando al frente de las luchas de masas, y también al frente de las batallas políticas, entablando debates con muchos de los más conocidos militantes de la internacional, no sólo con el reformismo de Bernstein, o el "centrismo" de Kautsky, sino también con otros dirigentes del ala revolucionaria de la internacional como Lenin y Trotsky.

En sus trabajos sobre la huelga de masas destacó la importancia de la amplia intervención directa de los trabajadores en la lucha, logrando la furia de quienes apostaban a que el eje de la acción se volcara en los pasillos y cámaras del parlamento, y polemizando también con sus camaradas sobre las formas de organización de los trabajadores. En su vocación revolucionaria apoyó y se entusiasmó con los procesos de lucha, particularmente a las revoluciones rusas de 1905 y 1917, sin dejar de disputar orientaciones políticas, haciendo énfasis en la necesidad de construir una sociedad socialista basada en la democracia de las masas trabajadoras.

Cada uno de estos aportes políticos y teóricos, Rosa Luxemburgo los sostuvo con una militancia ejemplar, que le costó emigraciones, persecuciones y reiteradas estancias en prisión. Esa praxis, esa unidad entre teoría y práctica, la llevó al final de sus días, una vez más, a estar en la primera de los combates revolucionarios del proletariado alemán. Tras la tragedia y derrota de la guerra, y con el enorme impulso de la revolución de octubre en Rusia, Rosa Luxemburgo y su Liga Espartaco (donde estaban también Karl Liebknecht, Franz Mehring y Clara Zetkin, entre otros), aportaron todas sus energías para impulsar que en Alemania también se siguiera el camino de la revolución socialista. Su asesinato y el de Liebknecht en 1918, luego de ser detenidos tras acompañar las luchas de calles de sectores de la clase obrera alemana, intentaron ser un corte a tan alto ejemplo de dignidad y consecuencia. Muy lejos de eso, hoy Rosa Luxemburgo se sigue erigiendo como una gran inspiración que nos invita a mantener el puño en alto, por el triunfo revolucionario de los trabajadores.

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