Nuevo sitio Editorial de Septiembre 4 Setiembre 2014

Patria o Buitres: el discurso de los de arriba y las luchas de los de abajo

Siempre que escribimos, hablamos o intervenimos sobre nuestra realidad lo hacemos desde una posición política propia. Eso es aún más explícito cuando una voz, o en este caso un texto, se expresa en los periódicos de dos organizaciones políticas. Las notas de nuestras prensas describen la situación actual de nuestra clase desde una posición política clara: luchamos contra el capitalismo porque sabemos que el ajuste y la persecución actuales al pueblo trabajador son consecuencia de un sistema social injusto contra el que hay que luchar.

Editorial de Septiembre | Patria o Buitres: el discurso de los de arriba y las luchas de los de abajo

Sin embargo, no somos los únicos que hablamos de política. También lo hacen quienes hablan de “pago soberano" y desembolsan miles de millones de dólares para seguir pagando deuda externa, mientras los trabajadores y trabajadoras hacemos malabares para llegar a fin de mes porque la inflación se come nuestros salarios. Allí, en el terreno de los discursos que interpretan la realidad, también se pone en juego la lucha de clases.

Su “soberanía" es la soberanía de las empresas buitres

Ellos dicen “patria o buitres" y nosotros también. Su patria es, como respuesta a la falta de vivienda, la represión de la gendarmería de Berni y Cristina Kirchner y la Metropolitana de Macri a los vecinos del barrio Papa Francisco; como respuesta a los conflictos sindicales, la represión a los obreros en lucha. Su patria es el diálogo con el FMI, el acuerdo con el Club de París, y las negociaciones con los fondos buitres.

Su patria son las paritarias a la baja; la persecución contra los trabajadores que se organizan para enfrentar esas políticas; la acusación macartista y gorila del Ministro de Transporte y precandidato a presidente, Florencio Randazzo, contra los delegados del Sarmiento, quien en lugar de discutir los motivos del paro y solucionar los problemas del sistema ferroviario pretende desaforar a los delegados combativos para despedirlos. Su patria es la burocracia sindical de Gerardo Martínez, Pedraza o Pignanelli, el burócrata del SMATA que armó una asamblea trucha junto a la patronal yanqui de Lear para quitar los fueros a los delegados que pelean contra la intensificación de los ritmos de producción, por la salud y el salario de los trabajadores mecánicos y metalúrgicos.

Esa es la patria de los buitres: Lear, el Club de París, la gendarmería de Berni; la que se mezcla hasta convertirse en una misma cosa con la patria que el gobierno nacional adorna con retórica nacional y popular.

La patria del pueblo trabajador, la nuestra, está en la vereda de enfrente. Es la de quienes luchamos contra los buitres en la calle y por nuestros derechos, haciendo piquetes, yendo al paro, enfrentando a las patronales y sus socios del gobierno y la burocracia sindical; la de los vecinos del barrio Papa Francisco que fueron desalojados y luchan por vivienda digna; la de los pueblos y comunidades que en todo nuestro país defienden nuestros recursos naturales y se enfrentan a las multinacionales buitres que saquean nuestros bienes comunes.

Coordinar para enfrentar el ajuste

El paro del 28 de agosto volvió a confirmar, una vez más, el rol central de la clase trabajadora. La burocracia que convocó al paro no logró que la también burocrática UTA se pliegue a la medida, lo que le restó efectividad.

Por nuestra parte, los piquetes y las diferentes medidas de parte del activismo antiburocrático estuvieron garantizados fundamentalmente por las organizaciones políticas de izquierda, con una menor presencia de compañeros de base con respecto al paro del 10 de abril. Esto fue producto de la situación de despidos y suspensiones generalizadas, que genera temor en muchos compañeros y compañeras, pero también fue consecuencia de que como izquierda perdimos iniciativa en cuanto a la coordinación de las luchas, lo que se evidencia por ejemplo en la parálisis actual del Encuentro Sindical Combativo. Así, para el 28 de agosto fueron menos los piquetes y en muy pocos casos hubo claridad en la convocatoria con antelación.

Así y todo, el paro fue importante, mostró el descontento con la situación actual de muchos trabajadores y trabajadoras que no concurrieron a sus trabajos a pesar de que sus dirigentes burocráticos no adhirieron a la medida, y permitió a la izquierda demarcarse de la burocracia de Moyano y Barrionuevo. La marcha convocada por la CTA de Micheli fue visible, pero el intento de paro de 36 horas mostró la debilidad de una Central sin peso propio en el grueso de la clase trabajadora y de una conducción que no logra organizar siquiera a las propias bases de sus gremios.

Para la izquierda y los sectores combativos de la clase trabajadora, se hace evidente la necesidad de tener una política de Frente Único, de mayores niveles de coordinación tanto a través de las comisiones internas combativas como de las organizaciones políticas de la izquierda y el campo popular. Esa tarea es imprescindible no solo para intervenir en una huelga como la del 28 de agosto y delimitarnos de la burocracia convocante; sino fundamentalmente para enfrentar una política de ajuste y persecución selectiva que lejos de mermar, se profundiza.

Para enfrentar a la triple alianza de patronales, gobiernos y burocracia sindical, y su ofensiva de despidos, suspensiones y persecución al activismo sindical antiburocrático, es necesario practicar todos los niveles de unidad posible sin mezquindades y sin poner por delante la “quinta propia" ni las disputas de “aparato" de los conflictos obreros.

Por una salida revolucionaria para el pueblo trabajador

Como sabemos, esta situación particular de avanzada patronal no es consecuencia exclusivamente de una crisis económica puntual, sino que es una manifestación de las crisis cíclicas de un sistema social que se basa en la explotación del trabajo ajeno para beneficio de unos pocos.

Por esto mismo, además de la coordinación sindical y política para la etapa, hay que proyectar una política de la clase trabajadora de largo aliento, una política que se plantee como norte estratégico terminar con un sistema social que siempre, tarde o temprano, solo ofrece miseria y explotación para los de abajo.

Desde nuestras organizaciones asumimos esa tarea con total responsabilidad, sabiendo que no somos los únicos que nos planteamos una salida revolucionaria para los problemas de nuestro pueblo, y que debemos seguir dando pasos en la construcción de una organización política de la izquierda revolucionaria. Del mismo modo, planteamos la perspectiva de poner en pie instancias políticas, sociales y sindicales frentistas en donde confluyamos organizaciones populares de diferentes tendencias políticas anticapitalistas que nos planteemos como norte común la liberación económica y social de nuestra clase trabajadora.

La unificación de las prensas de MIR y OTR, proyectada para el próximo mes, es sólo un paso más en esta tarea gigante. A la unidad y la coordinación para la etapa, hay que acompañarla con la unidad de la izquierda revolucionaria para construir una organización de alcance nacional que pueda proyectar una salida de profunda transformación social para el pueblo trabajador.



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