Nuevo sitio Contra el “fundamentalismo islámico” en Medio Oriente 6 Octubre 2014

Estados Unidos y la OTAN emprenden otra agresión imperialista

La situación en Medio Oriente es sumamente compleja. Allí, se entrecruzan disputas interimperialistas con sus correspondientes intervenciones (por un lado EE.UU-OTAN, por otro Rusia-China); los intereses de las potencias regionales (Irán, Arabia Saudita, Turquía), las necesidades geoestratégicas y energéticas de cada uno y fenómenos como el “fundamentalismo islámico”, junto a las expresiones más o menos orgánicas de resistencia popular, cuyo ejemplo más significativo y reciente ha sido el de la resistencia palestina que logró enfrentar al embate israelí, aliado fundamental de EEUU en la región.

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Periódico del Frente Único MIR-OTR. Octubre 2014

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Contra el “fundamentalismo islámico” en Medio Oriente | Estados Unidos y la OTAN emprenden otra agresión imperialista

Irak como excusa

La incursión norteamericana en Irak de 2003 fue acompañada por un reordenamiento político, incluyendo un nuevo balanceo y relación entre organizaciones sunitas, chiitas y kurdas. Las pujas por el control político vienen a la par, desde entonces, del recrudecimiento de la guerra confesional. En esa secuencia se debe tener en cuenta el perfil del gobierno chiita que desde 2010 persigue a los sunitas, y las luchas de resistencia que incluyen la apuesta al radicalismo religioso como base para su articulación, conformándose, entre otras organizaciones, el Estado Islámico de Irak y la Gran Siria.

Desde la instalación mediática del Estado Islámico “Daesh", Estados Unidos justificó su decisión de bombardear junto con Francia y la Liga Árabe (Bahréin, Jordania, Arabia Saudíta, Qatar y Emiratos Árabes Unidos) el norte de Irak. En simultáneo el general Martin Dempsey, Jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos declaraba que era imposible terminar con el Estado Islámico sin acabar con su infraestructura y bases de apoyo en Siria. De esta forma, abría las puertas a la agresión sobre el pueblo sirio.[1]

El interés sobre Siria

Recordemos que exactamente un año atrás, en setiembre de 2013, Estados Unidos, Francia y la Liga Árabe estuvieron a punto de iniciar acciones militares contra Siria. Solo detenidas a último momento por la intervención decidida de Rusia y en segundo lugar de China.

Como hemos dicho desde nuestras organizaciones: “Siria es un país de gran significancia estratégica: por sus tierras pasan los oleoductos más importantes que abastecen de energía a Europa y es un socio fundamental de la República Islámica de Irán, el enemigo más fuerte e importante que tienen los yanquis (y su socio Israel) en la región. El gobierno de Obama quiere seguir hegemonizando poder en la región. Y es por eso que, desde los territorios de los Altos del Golán, robados por Israel a Siria en la guerra de Yom Kippur; desde Turquía, donde EE.UU. tiene una base militar; y desde Irak, país invadido y ocupado por los estadounidenses; todos países limítrofes con Siria, las potencias imperialistas han inyectado de armas y dinero a los grupos enfrentados con el gobierno"[2].

“Siria se encuentra emplazada en un lugar privilegiado, donde se halla la más importante reserva de gas del planeta (…) En la cuenca del Mediterráneo oriental (Israel-Líbano-Siria) se encuentran las mayores reservas de gas, lo que ha provocado la disputa territorial entre los tres países (…) hasta que Estados Unidos y Rusia no lleguen a un acuerdo sobre la gestión de los recursos energéticos de Siria, no habrá solución posible"[3]. Esto se suma al intento de impedir la construcción del mega-gasoducto Irán-Irak-Siria (llamado “la tubería chiíta"), que cuenta con inversión ruso-iraní para exportar el gas a Europa.

Esta disputa entre Estados Unidos-OTAN y el eje China-Rusia ha llevado a que el conflicto alrededor de Siria se extienda, como se ha señalado en un informe del International Crisis Group, haciendo “metástasis", llevando a que “una guerra siria de alcance regional se está transformando en una guerra regional en torno de Siria".[4] La movilización de fuerzas militares por parte de Rusia junto con su propuesta para que Naciones Unidas se hiciera cargo del arsenal químico del régimen de Al Assad, frenaron la agresión.

Los acuerdos con Irán: la aproximación indirecta

Sin embargo, Estados Unidos tomó otro flanco. Y en noviembre de 2013 se anunciaba en Ginebra el acuerdo de Irán y P5+1 (EE.UU., China, Rusia, Francia, Gran Bretaña más Alemania). Dicho acuerdo suponía el reinicio de relaciones formales entre Estados Unidos e Irán después de treinta años.[5]

¿Qué había detrás del acuerdo? El reconocimiento de la influencia política de Irán en la región por parte de EE.UU. Después de la invasión de Irak se redistribuyeron las cartas en la región y el que era el principal adversario de Irán (Sadam Husein) fue eliminado, llegando los chiitas al poder; por lo tanto, Irak pasó a ser un aliado. En ese momento Irán ya tenía importante influencia en Siria, en el Líbano (Hezbollah) y en Palestina (Hamas). La hegemonía regional se inclinaba hacia Teherán. De hecho, por entonces comenzaron las controversias a propósito del programa nuclear iraní.

Por el lado de Irán, desde 2006 Estados Unidos y la Unión Europea venían reforzando poco a poco el embargo contra el gobierno persa. Las sanciones económicas, la combinación de la guerra en Siria (con su financiamiento a Al Assad), la situación inestable y de plena balcanización en Irak, lo pusieron en peligro. Teherán se dio cuenta de que no era demasiado fuerte, en las actuales circunstancias, para asumir el papel de gran potencia regional. Era pues tiempo de sentarse a la mesa de negociaciones.

Con este acercamiento Estados Unidos busca un equilibrio estratégico entre chiitas y sunitas. Su intención es que ninguno de estos dos campos sea lo suficientemente poderoso para prevalecer sobre el otro. Un Islam dividido, cuyos polos aseguren el equilibrio y se neutralicen mutuamente, juega el papel perfecto para Israel y Estados Unidos.

Arabia Saudita un “aliado peligroso"

Después de la “primavera árabe", un cierto número de regímenes autocráticos de la región se han vuelto socios dudosos o débiles. Es el caso de Egipto, Yemen, Jordania, Bahréin, Túnez; y sobre todo vale para Arabia Saudita, que además se encuentra en un delicado proceso de cambio generacional.

En los últimos tiempos hubo algunas diferencias entre Estados Unidos y el rey saudí. En relación a Siria, Estados Unidos apoyó a los grupos terroristas islamistas en un principio y después les sacó el financiamiento (aunque analistas relativizan este elemento); mientras que Arabia Saudita reemplazó a Qatar como financista de los grupos islámicos más radicales. Además el nuevo Director de Espionaje, el príncipe Bandar bin Sultan, tomó el control de la política externa y construyó una red terrorista para operar independientemente de los Estados Unidos, desde Marruecos a Egipto. Otro problema es que Arabia Saudita se opone a cualquier negociación con Irán.

A modo de cierre

Es importante destacar que, como refiere el economista egipcio Samir Amin, "imperialismo y fundamentalismo cultural marchan juntos", ya que “el fundamentalismo étnico y el religioso son instrumentos perfectos para propiciar y dirigir el sistema político. Estados Unidos, como muestra el caso de Arabia Saudita y Pakistán, siempre ha apoyado el fundamentalismo islámico".

El problema para los pueblos sigue siendo encarar la resistencia, ahora ante esta ofensiva imperialista, que vuelve a definir nuevas excusas para sus bombardeos y ataques, sabiendo que -lejos del fundamentalismo religioso- el camino que necesitamos emprender es la lucha común, hermanados más allá de credos y culturas, contra toda explotación y opresión.


[1] Sobre este proceso puede consultarse “Irak, balcanización y tribalismo religioso", en A Vencer Nº68, agosto 2014.

[2] “Siria: Por ahora Estados Unidos no atacará directamente", en El Revolucionario Nº95, octubre 2013.

[3] “Las potencias juegan con fuego en Siria", en A Vencer Nº57, septiembre 2013

[4] International Crisis Group, “La metástasis del conflicto sirio".

[5] Sobre este tema puede consultarse “¿Vencedores vencidos?", en A Vencer Nº60, diciembre 2013.

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