Nuevo sitio Código Civil 12 Octubre 2014

Un nuevo Código Civil contra el pueblo trabajador

Cristina Kirchner promulgó la semana pasada por cadena nacional el nuevo Código Civil y Comercial que comenzará a funcionar en 2016. Tal como lo anunciara la propia Presidenta “el nuevo Código refleja las políticas de los últimos años”; es decir, mientras que contiene contados avances progresivos en lo civil, como el matrimonio igualitario o facilidades para el divorcio, de conjunto expresa importantes retrocesos para los trabajadores y trabajadoras así como sostiene su impronta eclesiástica antiabortista.

Código Civil | Un nuevo Código Civil contra el pueblo trabajador

En su discurso, la Presidenta se ocupó de dar tranquilidad al sector empresarial y financiero advirtiendo que la norma "no es violatoria de los contratos en moneda extranjera”, pero nada dijo de la gran cantidad de artículos que ponen a los trabajadores en peores condiciones contra las patronales, ni del artículo 19 que limita el derecho al aborto.

Al respecto, no se modificó con esta reforma el concepto que ya estaba en el código hoy vigente que indica que "hay persona desde la concepción". Por lo tanto sigue presente la condena al aborto que, como sabemos, es una condena para las mujeres de la clase trabajadora que no tienen recursos y deben hacerse los abortos en lugares clandestinos a riesgo de sus vidas.

Es decir los sectores del kirchnerismo que en un principio plantearon esta reforma como un avance para los derechos de las mujeres (como los juristas que encabezaron la Comisión, entre ellos el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti) ni siquiera pudieron sostener los tímidos avances planteados en un comienzo (al eliminar esa frase) e intentar regular las técnicas de fertilización asistida, avance que fue eliminado de la versión final, a pedido de la Iglesia. No hay dudas que las amistosas fotos con el Papa Francisco tienen sus costos, que mayormente pagan las mujeres trabajadoras de nuestro país.

Por otra parte, impacta también en cuestiones relevantes para las perspectivas de lucha y organización de la clase trabajadora. Por ejemplo, desprotege a los trabajadores tercerizados al solo poder demandar a su empleador “formal” eliminando la “solidaridad” entre la empresa que terceriza y la tercerizadora. Se elimina el concepto de indemnización “integral”, limitando el derecho a ser reparado sólo por los salarios cesantes. Se autoriza la constitución de sociedades unipersonales, de manera que el "socio" sólo responde con los bienes que destinó a ese emprendimiento y no con todo su patrimonio. Se flexibiliza la locación de servicios (fraude laboral que encubre una relación de dependencia). Se elimina el privilegio que tienen los créditos laborales en caso de quebranto empresarial (privilegio significa que son los primeros en cobrar de lo que queda). En pocas palabras, deja a los trabajadores en peores condiciones frente a las patronales.

En las primeras filas aplaudieran el discurso presidencial tanto los miembros de la Corte Suprema, como los de la Conferencia Espiscopal, el empresariado local y la burocracia sindical, como el jefe de la CGT oficialista, Antonio Caló.

Un Código de clase

El Código Civil fue redactado por Dalmacio Vélez Sársfield y promulgado en 1869, de acuerdo a las necesidades de los sectores dominantes de ese entonces. Fue matizado con todas las reformas posteriores que agregaron o cambiaron según iban precisando (la más famosa fue la ley 17.711 del ministro de Interior de Onganía, Guillermo Borda, que modificó sustancialmente el viejo liberalismo político napoleónico para incorporar la doctrina de la iglesia). Ninguna de las muchas reformas tocó jamás lo que siempre fue el eje organizador de todo nuestro derecho civil: la defensa de la propiedad privada. El Código Comercial, por su parte, tiene como paradigma organizador la libertad de empresa y la defensa de la ganancia. Eso tampoco se toca en esta unificación, sino que, al contrario, se profundiza; y no sorprende ya que el actual gobierno no se propuso nunca otra cosa que no sea construir un “capitalismo en serio”.

La actual promulgación del Código Civil y Comercial se da en un contexto de constantes políticas que golpean a la clase trabajadora y los sectores populares: masivos despidos y suspensiones, represión a los conflictos obreros y a quienes luchan por vivienda digna (como sucedió hace un mes en el barrio Papa Francisco por parte de la gendarmería de Berni y la Metropolitana de Macri), inflación constante y pérdida del poder adquisitivo.

Más allá de los matices planteados por algunos funcionarios kirchneristas, el Código “hijo de la democracia”, como lo llamó Cristina Kirchner, fue votado a libro cerrado por el conjunto del bloque oficialista, mostrando una vez más (como cuando se votó la Ley Antiterrorista) que no existe un kirchnerismo progresista que se anime a “sacar los pies del plato” al momento de tomar las decisiones políticas fundamentales.

Una vez más, queda al desnudo que el proyecto “nacional y popular”, pese a su retórica, es en realidad un proyecto que defiende a los empresarios y la Iglesia, en detrimento de los derechos y condiciones de vida del pueblo trabajador.

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Izquierda Revolucionaria
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