Nuevo sitio Córdoba 4 Noviembre 2014

Ayer y hoy (2da parte)

La Córdoba industrial había nacido con un fuerte protagonismo estatal. Industrias Mecánicas del Estado (IME), con su escuela de aprendices y su producción de aviones, rastrojeros y motos, formó el plantel de obreros calificados que después aprovechó la industria del Automóvil (Fiat, Renault, Volksvawen). El peronismo quería conformar una burguesía industrial fuerte, que armonizara con los trabajadores, para conformar una “comunidad organizada”, dirigidos todos por un gobierno bonapartista (que simula estar por encima de las clases sociales) y benefactor. Las Guerras mundiales y especialmente la 2da., con ruptura de los circuitos comerciales entre Europa y América, habían originado ese impulso nacionalista a la “autarquía económica”.

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Periódico del Frente Único MIR-OTR. Noviembre 2014

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Córdoba | Ayer y hoy (2da parte)

En los 60 la Cámara de Industriales Metalúrgicos de Córdoba (CIMC) se constituyó en la vanguardia del nacionalismo industrial del empresariado del interior del país. La CIMC criticó duramente la política de la Dictadura de Onganía que abría la industria de repuestos y autopartes a la competencia extranjera, lo que significaba para los industriales cordobeses “ir contra la independencia y el desarrollo del país”. Y después del Cordobazo se hicieron más insistentes en la protección de la industria nacional y en la necesidad de una planificación. Y se integraron a la Confederación General Económica (CGE) dirigida por Gelbard y Broner que aportaría el Programa Económico y sus principales dirigentes a los equipos de gobierno del 73 con Cámpora y Perón-Perón.

Fue en esos años que en la izquierda de Córdoba y del país se abrió un acalorado debate sobre el rol de los industriales en el país que se hizo extensivo al rol de todo el empresariado del país. Numerosas publicaciones brindaron sus páginas y hasta los mismos industriales y sus intelectuales que se autodenominaban “burguesía nacional” participaron en este debate.

En realidad este debate tenía su historia. Tras la 1era. Guerra Mundial comenzó a hablarse de un capitalismo nacional. Fueron un grupo de intelectuales conservadores nucleados en la “Revista de Economía Argentina” dirigida por Alejandro Bunge. Preocupados por las consecuencias que sobre la estabilidad de nuestra economía podría tener una Segunda Guerra Mundial impulsaban el desarrollo de las economías regionales y de algunas industrias de manufacturas imprescindibles como textiles y de alimentación. Estas ideas influyeron en los gobiernos de la década del 30 que impulsaron políticas industrialistas.

Otros intelectuales rechazaban los principios liberales y las políticas del libre cambio y eran fuertemente críticos del Pacto Roca- Runciman que, concertado a nivel de los gobiernos, sometía nuestra economía a los intereses de Inglaterra. Provenían de un nacionalismo conservador como los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta ó del radicalismo yrigoyenista como el caso de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) en el caso de Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz y José Luis Torre.

También la clase trabajadora, durante la década del 30 comenzó a desarrollar una conciencia nacional. Muchos sindicatos (frigoríficos, ferrocarriles, electricidad) criticaban al capital extranjero exigiendo la nacionalización de esos sectores básicos.

También el pensamiento nacionalista tuvo especial trascendencia en las Fuerzas Armadas. En la década del 20 y por impulso del General Mosconi se formó Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) y la Fábrica Militar de Aviones en Córdoba. Para garantizar la “Defensa Nacional” había que priorizar la fabricación de acero (necesario insumo de fusiles y tanques) y el General Savio logró hacer funcionar los “Altos Hornos de Zapla”.

El llamado “capitalismo nacional” se convirtió en las décadas del 40 y del 50 en patrimonio de un amplio arco político que iba desde el Pdo. Radical hasta el Pdo. Comunista. Pero por supuesto que lo más representativo de este Capitalismo Nacional siempre fue el Peronismo.

A partir de 1973, con el gobierno de Cámpora y Perón Perón y el ministro de economía Gelbard (que seguía siendo Presidente de la Confederación General Económica), todo ese capitalismo nacional y la “burguesía nacional”, como su actor fundamental, se unificaron en el Plan Gelbard y tuvieron a su disposición todos los recursos del Estado. Se instaló nuevamente la Junta Nacional de Granos y la Junta Nacional de Carnes y el Estado manejó todo el comercio exterior. Parte importante de la Renta agraria se derivó al Banco Industrial y los empresarios tuvieron créditos subsidiados para comprar maquinaria y tecnología. Fue el intento más serio para lograr sortear el desafío histórico que tenía el empresariado industrial argentino: lograr poner en el mercado internacional un amplio abanico de manufacturas industriales que fuera competitivo y que a través de su comercialización les permitiera obtener las divisas que hasta ese momento las obtenían de la renta agraria. Pero el Plan sólo llegó a una reducida exportación de tractores y autos a Cuba, México y Venezuela. La industria Argentina no era competitiva a nivel internacional como sí lo era la producción agraria. Las tenazas de la dependencia habían impedido en Argentina el surgimiento de una industria de máquinas y herramientas consolidada y la tecnología teníamos que comprarla a los monopolios extranjeros. El fracaso del capitalismo nacional y de la llamada “burguesía nacional” fue total. Se debieron recluir en el mercado interno a expensas de los favores arancelarios y crediticios del Estado. Sus industrias, cada vez más ensambladoras de partes importadas, funcionan con las divisas que a través del Estado les llegan de la renta agraria. En la década del 90 vendieron muchas de sus empresas a los monopolios extranjeros y fugaron al exterior sus capitales. Semejante fracaso rebela su debilidad social y política.

La posición de los industriales cordobeses fue, avanzando los 70, cada vez más reaccionaria. De la política de Gelbard le interesaba sólo la posibilidad de controlar los sindicatos a través del congelamiento de salarios y el fortalecimiento del aparato sindical peronista y el populismo como alternativa al creciente clasismo de los obreros cordobeses. Cuando naufragó el Plan Gelbard los industriales cordobeses se distanciaron de la CGE y confluyeron en el Consejo Empresario Argentino cuyo Presidente era Martínez de Hoz y desde donde las grandes empresas planeaban, junto con los militares, el golpe del 76.

El 6 de Julio de 1977, por iniciativa de 34 empresas cordobesas (Astori, Pagani, Roggio, Negrini etc) se constituyó la Fundación Mediterránea. Al año siguiente se formó el Instituto de Estudios sobre la realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) con su revista Estudios en cuya dirección fue puesto un joven economista recién egresado de Harvard: Domingo Felipe Cavallo. De ascenso meteórico Cavallo pasó a ser Presidente del Banco Central del gobierno militar, para estatizar todas las deudas externas que habían contraído los empresarios de la Mediterránea y de todo el país que se convirtieron en Deuda Pública, a pagar por todos los argentinos. A fines del 80 la Mediterránea “contribuyó” con un millón de dólares al PJ de Córdoba para que Cavallo fuera diputado nacional. En 1991 ya era Ministro de Menem y su segundo era el ex gobernador de Córdoba y empleado de la Mediterránea Juan Schiaretti. Nuevamente Ministro de Economía de De la Rúa, Cavallo hizo el Megacanje y pagó a los Bancos intermediarios 150 millones de dólares en Comisiones. Su sueldo de Ministro siempre se engrosó con una entrega mensual de la Fundación Mediterránea por 10.000 dólares.

En el 2003 el flamante Presidente Kirchner trazó su política que comenzaba con un gran pedido: “Se busca una burguesía nacional”. Tarea anti-histórica por cierto. Y reiteradamente fracasada. No existe burguesía nacional, ni progresista, ni capitalismo con rostro humano. La burguesía local está totalmente enlazada y asociada al capital financiero y a los monopolios internacionales. Industrializar el país, para crear soberanía, independencia y trabajo para todos los argentinos, es otra tarea que sólo los trabajadores podrán hacer, cuando se constituyan en Poder social y político.

El empresariado cordobés pasó del nacionalismo populista al liberalismo ortodoxo. Hoy es el apoyo más fuerte que tiene Monsanto para concretar su radicación.-

Noviembre de 2014.

Movimiento Córdoba Se Mueve.

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Córdoba se Mueve

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