Nuevo sitio Córdoba 4 Diciembre 2014

Ayer y hoy (Tercera Parte)

A partir de Pavón, en 1862, las masas montoneras y federales fueron definitivamente derrotadas. Los lanceros del Chacho y Varela, que habían asumido los intereses populares, sociales, culturales y económicos del interior, fueron pasados a degüello para apuntalar un modelo agro-exportador con centro en Buenos Aires y dirigido por las élites locales y gobiernos aristocráticos, fuertemente asentados en la propiedad terrateniente y el comercio internacional. A pesar de sus rencillas y enfrentamientos internos, éstos fueron los únicos actores, durante 40 años, de un gigantesco diseño institucional, represivo y de poder.

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Periódico del Frente Único MIR-OTR. Diciembre 2014

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Córdoba | Ayer y hoy (Tercera Parte)

Hacia fines del siglo XIX, la modernización de la estructura económica, que ya contaba con el ferrocarril y el telégrafo, iba dando lugar en Córdoba al nacimiento de una clase media, hija de inmigrantes -mayoritariamente de origen italiano- que se mezclaba con el criollaje de estirpe española e indígena, directo resabio del movimiento federal.

En los primeros años del siglo XX, estas clases medias -que se habían desarrollado en todo el país- golpearon a las puertas del poder para solicitar un lugarcito. La respuesta fue el más destemplado “no tienen nada que hacer acá". Sin embargo, esto aisló aún más a las élites y sus gobiernos aristocratizantes. Así fue que su sector más lúcido -Roque Sáenz Peña, Ramón J. Cárcano y otros- comprendieron que era necesario abrir las urnas a las clases medias urbanas y rurales, y asociarlas al gobierno, aunque sin dejar de sostener el modelo económico agro-exportador y el férreo monopolio del poder. En 1910, Roque Sáenz Peña se convierte en Presidente de la Nación. A los pocos meses, manda al Congreso su proyecto de reforma electoral. Así se aprueba, en el año 1912, la Ley Sáenz Peña que establece el voto secreto, universal y obligatorio; el escrutinio público fiscalizado y la representación de las minorías. Más tarde, en 1916, es elegido Presidente Hipólito Yrigoyen, jefe del Partido Radical, al cual se habían incorporado las clases medias.

El Grito de Alcorta

Mientras se daban todos estos diseños modernistas e integracionistas y de luchas electorales, en la “Pampa Gringa", la situación de los arrendatarios, quienes trabajaban más de la mitad de las tierras de cultivo, era deplorable. Los terratenientes les imponían montos de arrendamiento sumamente elevados, lo cual suscitó protestas que llegaron a convertirse en un extenso movimiento social, que abarcaba a la provincia de Buenos Aires, Santa Fe, La Pampa y Córdoba. El 25 de junio de 1912, en la localidad santafecina de Alcorta, se llevó a cabo una masiva concentración y se resolvió llevar a cabo una huelga. Así fue como los chacareros paralizaron sus tareas en Marcos Juárez, Moldes, Leones, Río Cuarto y General Roca. Durante el “Grito de Alcorta", nombre con el que será recordado este acontecimiento, siete dirigentes agrarios fueron detenidos y conducidos a una cárcel de Córdoba Capital. La huelga agraria se extendió gracias a la solidaridad del pequeño comercio. Más tarde, estudiantes y sindicatos obreros se movilizaron por la libertad de los presos y se produjeron más detenciones. Finalmente, el movimiento obtuvo un gran triunfo: los terratenientes rebajaron los arriendos y los presos fueron liberados.

Con la llegada de Yrigoyen a la Presidencia de la Nación, en la provincia de Córdoba, es elegido gobernador otro radical: Don Eufrasio Loza. Pero, a diferencia del Presidente, Loza era miembro eminente de la “Corda Frates", una hermandad clerical que, junto con los conservadores del Partido Demócrata, controlaban la Universidad Nacional. Además, el Partido Radical en Córdoba había sido fundado por un sacerdote y su primera conducción había sido de connotados dirigentes de la Acción Católica. El nuevo gobierno además de sordo, era un insistente represor de los reclamos obreros y estudiantiles.

En paralelo a la asunción de la presidencia por parte de Yrigoyen y al gran movimiento de los arrendatarios contra el latifundio, a lo cual se sumaban las noticias que llegaban de Europa, en especial del movimiento revolucionario en Rusia, estalla en la Universidad Nacional de Córdoba -desencadenado por un acontecimiento secundario: el cierre del Internado del Hospital de Clínicas- un gran movimiento de honda trascendencia social, cultural y latinoamericana, que se llamó “Reforma Universitaria".

La Reforma Universitaria

Hasta ese momento la Universidad de Córdoba estaba en manos de una casta profesoral, profundamente conservadora y católica, que manejaba arbitrariamente los contenidos de la enseñanza y todas las formas institucionales de ingreso y permanencia, tanto de los estudiantes como de los profesores. Desde 1916, con el radicalismo, el Estado se había abierto a la participación de los sectores medios. Sin embargo, la Universidad permanecía como coto cerrado de las élites conservadoras que gobernaban el país desde el siglo pasado. Córdoba se había convertido en un gran centro productivo agrícola y ganadero, pero también comercial e industrial, basado en la pequeña y mediana propiedad de italianos, españoles, eslavos y franceses, cuyos apellidos no eran ilustres, pero que querían que sus hijos y nietos ingresaran a la Universidad, ya que veían en ella el canal del ascenso social. Lo votaban a Yrigoyen y simpatizaban con los socialistas. Sus hijos leían a José Ingenieros y a Aníbal Ponce en las “Bibliotecas del Pueblo" que, en el interior, organizaban los socialistas. Pero, cuando llegaban a la Universidad, se encontraban con una enseñanza arcaica, atrasada y muy poco científica, y con un catolicismo intolerante y mediocres profesores de apellidos ilustres pertenecientes a la “Sagrada Familia" cordobesa. Fue contra todo esto que se hizo la Reforma Universitaria.

En el Manifiesto Liminar, redactado por Deodoro Roca, se expresaba el ideario juvenil reformista, basado en una profunda renovación pedagógica, en las cátedras libres, los concursos de oposición y antecedentes y el gobierno tripartito de las casas de estudio. Todo esto estaba imbuido de una profunda reivindicación de lo latinoamericano, de su historia y de su cultura originaria.

La lucha por las 8 horas de jornada laboral

El año de la Reforma fue también un año en el que se sucedieron, al igual que en 1919, importantes luchas en el movimiento obrero de Córdoba. Fueron los trabajadores ferroviarios, de la cal y del calzado, y también los municipales, los que se movilizaron por las 8 horas de jornada laboral. Ya en 1909, los estibadores de San Francisco habían conseguido las 10 horas. En septiembre de 1919, en medio de fuertes movilizaciones sindicales, en las que la Federación Universitaria de Córdoba acompañó planteando la unidad obrero-estudiantil, se le arrancó a la Legislatura la ley de las 8 horas. La organización popular que permitió el desarrollo de estos acontecimientos estuvo acompañada e influenciada por los anarquistas, socialistas y comunistas, presentes en la formación de la clase obrera de Córdoba, provincia que tuvo, en 1924, al primer diputado provincial comunista de Argentina, Miguel Burgas.

Así fueron de intensas las luchas obreras y populares en las dos primeras décadas del siglo pasado en nuestra querida Córdoba: verdaderamente pronosticadoras de otras más intensas aún, que ocurrirán en las próximas décadas.

Diciembre de 2014. Córdoba Se Mueve.

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Córdoba se Mueve

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