Nuevo sitio A 41 años del golpe 6 Marzo 2017

Son nuestros, son 30.000 y no tienen precio

Son treinta mil, fue un genocidio. Cuesta creer que después de cuarenta y un años haga falta remarcarlo. Pero hace falta. Y ahí están los organismos de DD.HH. independientes para hacerlo.

Edición N° 3

A Vencer - La Llamarada (Marzo - 2017)

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A 41 años del golpe | Son nuestros, son 30.000 y no tienen precio

Como suele pasar cuando gobierna la derecha, el ataque es en toda la línea. El gobierno despide, reprime, les baja los salarios a las y los laburantes y aumenta las ganancias de los empresarios. Pero también está dispuesto a reescribir la historia. El gobierno de Cambiemos recuenta nuestros muertos y muertas: "son menos", nos dicen. Los mismos que mediante manipulaciones quieren bajar la cifra de desaparecidos/as a un tercio, son los que aumentan hoy la cifra de muertos/as por gatillo fácil. Durante el primer año de gestión macrista, hubo un asesinado/a por las fuerzas represivas cada 25 horas, dicen las estadísticas. Se supera el ya altísimo promedio que durante el kirchnerismo ubicaba esa misma cifra en un asesinato cada 28 horas.

Los asesores y estrategas que planifican –que los hay- detrás del balbuceante y gangoso mandatario, lo saben: el sentido común es un campo de batalla. El resto es saber cuándo soltarles el bozal al presidente offshore y sus ministros de Jockey Club; saber cuándo dejarlos decir que se acaba el "curro de los derechos humanos", o en qué momento dejarles pronunciar que no fue un genocidio sino "una guerra sucia". No debemos confundirnos. Detrás de la torpeza del jefe de estado y sus gags tan caricaturescos hay un guión; no para pautar sus tropezones ni sus furcios, pero sí para avanzar en medidas de largo aliento que da en simultáneo; para quitarles impuestos a los más ricos entre los ricos, y para sacarles más derechos a las y los trabajadores.

Los dardos de Cambiemos apuntan no ya a restaurar o aggiornar la "Teoría de los Dos Demonios", aquella visión liberaloide que equiparaba a las organizaciones revolucionarias y la violencia popular con el ejército genocida y su terrorismo estatal. De lo que se trata en este caso es de focalizar en un solo demonio: las y los que luchan, las y los que se rebelan; las y los "violentos" e "intolerantes", que –desde luego- siempre son las y los que resisten y no los que ajustan.

En ese marco se montan operaciones de inteligencia y desinformación, como la que emplea a Mariano Bronenberg, un exagente del macabro Batallón 601, para salir a reclutar rompehuelgas e intentar desprestigiar a las y los docentes que pelean por su salario y por la educación de sus alumnos y alumnas. La inestimable ayuda de los monopolios de prensa escrita, digital y televisiva no se hace esperar. En este contexto es que diversos funcionarios ejercitan el negacionismo, o que se les otorga la prisión domiciliaria a genocidas, o que se invita a desfilar a represores en actos oficiales o hasta se los promueve en cargos públicos, como en el caso del carapintada golpista Gómez Centurión, también acusado de corrupción en la Aduana. La avanzada ideológica implica, también, que se culpabilice a las y los inmigrantes del delito, aunque la realidad demuestre que sean menos del 6% de la población carcelaria. Y, desde luego, implica que, en consonancia, el presidente firme un decreto para expulsar extranjeros/as en tiempo sumarísimo, haciendo un refrito de la Ley de Residencia en pleno siglo XXI.

Pero la memoria no es una arena de disputa sólo desde hace un año y medio. Que la derecha empresarial y la oligarquía hayan asumido de manera directa las riendas del estado, no significa que nuestros muertos/as hayan estado a salvo antes de esto. ¿O no es acaso una profanación que desde el estado se hablase de Derechos Humanos teniendo en el estrado a un Comandante de las Fuerzas Armadas partícipe de la dictadura, como fue el hoy justamente detenido César Milani? ¿O no es acaso un nuevo ataque a nuestros muertos/as repetir hasta el cansancio que la generación del setenta peleaba para emparchar el capitalismo, hacerlo más bonito o humanizarlo? El kirchnerismo, bajo cuyo gobierno fueron asesinados en protestas Mariano Ferreyra o el maestro Carlos Fuentealba, ¿no cometió acaso el grave sacrilegio de desenterrar a nuestros muertos/as para emplear sus restos en contar algo que no fue? ¿Es compatible la memoria de las y los 30.000 con el "Proyecto X" o la "Ley Antiterrorista"? Por supuesto: hay grados de espanto en las operaciones sobre el pasado. Negar la existencia del genocidio militar es una abyección extrema. Pero plantear que un gobierno que asocia el bienestar al consumismo y se declara pagador serial de una deuda externa usuraria es la continuación política del proyecto de las y los 30.000 desaparecidos, no puede ser la alternativa.

"…Tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer", planteó el filósofo marxista Walter Benjamin. En cualquier lugar en donde estén enterrados, si es que están enterrados; en el aire, hechos cenizas o hundidos en el mar, nuestros muertos/as (que no son ni ocho mil, ni nueve mil: son 30.000) nos piden que no olvidemos. Que no los olvidemos a ellos y a ellas, a sus historias, sus sonrisas y sus amarguras. Y sobre todo, que a 41 años del golpe genocida, no olvidemos por qué peleaban; por qué causas se puede dar la vida, o vivirla entera.

Hoy, como tantas veces, nos toca defender nuestros derechos básicos: el pan, el techo, el trabajo. Pero también, su memoria. La memoria de sus luchas, la que nos empuja a no bajar los brazos y a seguir peleando por el socialismo y la revolución, con la certeza de que venceremos. Y con nosotros y nosotras estarán también nuestros muertos . Porque son nuestros, son 30.000 y no tienen precio.

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