Nuevo sitio Situación política 12 Febrero 2017

Los que tienen la vaca atada

“Tienen un breve espacio para decirlo todo. / Vienen y van, descansan / se miran en sus guantes de gamuza, / en sus tazas humeantes con café / donde suelen decir alguna cosa / del obrero maldito universalizado… / Nacen y crecen lentamente, / con una banda amarga sobre el pecho; / usan zapatos charolados cuando la luna viste de alpargatas / y el centavo no suena en los bolsillos / y el pan es duro y negro desde el trigo.” Canto a los hombres de la vaca atada (Mario Jorge de Lellis)

Edición N° 2

A Vencer - La Llamarada (Febrero - 2017)

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Situación política    | Los que tienen la vaca atada

Como quien no quiere la cosa, el hombre suelta una frase. Lo hace con ese tono canchero que tienen los que no conocen el barro en los zapatos, salvo el que hay en La Rural. Habla con esa seguridad y esa forma impostada, casi gangosa, que tienen los acomodados, los nenes de papá, los que no saben cuánto sale el boleto del bondi porque ahí viaja su servidumbre, y no ellos. El tipo, que viene a ser presidente, y que además de gobernar para los ricachones es él mismo uno de ellos, dice: Lewis compró un campo, invierte para que sea sustentable, y le da trabajo a cientos de personas. Agrega: no sé qué pretenden. En conferencia de prensa, Mauricio Macri defiende a uno de los suyos, el magnate Joe Lewis. Por si la audiencia no entiende, aclara: es mi amigo. Ese amigo, que lo hospeda en su estancia y le presta su helicóptero, es el mismo inglés que en la Patagonia pudo comprarse un lago y alambrar los alrededores, todo a precio de remate. Uno de los suyos; uno al que nadie llamaría "ocupa" pese a adueñarse irregularmente de 15.000 hectáreas. Así es la cosa. A un mantero que usa un metro cuadrado de vereda para que lo exploten desde las sombras, se le dan bastonazos y se le pide partida de nacimiento. A un corsario inglés del latifundio se lo defiende por cadena nacional desde la Casa Rosada. Pero seamos justos: Lewis no empezó a amasar su fortuna hace doce meses, ni viene desoyendo los fallos judiciales que lo obligan a dar paso a su adquisición de Lago Escondido desde que asumieron los CEOs, sino desde siempre, incluido el gobierno kirchnerista.

Como una taba donde para el rico siempre sale suerte y para el pobre siempre la contraria, se ven los contrastes. De un lado se ven los 40 días de vacaciones y retiros que tuvo Macri en su primer año de gobierno. Del otro, los y las que se ven forzados/as a no trabajar porque recibieron un telegrama de despido, o peor, porque se les cortaron las changas o el patrón que los tenía en negro los dejó en la vereda. De un lado de la taba los sojeros, los empresarios de agrotóxicos, los banqueros y monopolios; del otro, los y las jubilados/ as que cobran 200 mangos al día, los pibes y pibas sin laburo ni escuela. De un lado los ministros de paseo mientras el país se incendia o se inunda, literalmente. Del otro, los/las que ven crecer el agua desde adentro de las casillas. En el país del festín de las 4x4, de los que ya casi no pagan retenciones, hay 420.000 familias viviendo en villas y asentamientos sólo en la provincia de Bs. As. El Registro Público de Villas reconoce casi 1.600 asentamientos precarios, más del doble que en 2001. La década ganada hizo su aporte, sin erradicar las viviendas de hojalata e incluso incrementando en decenas de barrios las condiciones precarias; el macrismo lo multiplica, ensanchando la brecha entre ricos y pobres con dos vueltas de rosca más.

Ahí está Macri, este veraneante eterno, del lado de la suerte. Su familia, en Punta del Este, es llevada y traída por el helicóptero presidencial. Pero, vale decirlo: sería un error pensar que el principal problema con este presidente offshore y vacacionista compulsivo que usa el helicóptero presidencial como remís familiar son sus reiteradas ausencias. Aquellos/as que tachamos los días del calendario porque el fin de mes llega cada vez más temprano, tenemos que saber algo: la holgazanería de clase no es el peor defecto de Macri ni de la camarilla de ricachones devenidos en funcionarios que lo rodean. Sus medidas de gobierno, las que toman cuando están activos él y su barra de potentados, superan ampliamente lo obsceno de su despilfarro.

Veamos los intentos de imponer un nuevo capítulo en la flexibilización laboral, por ejemplo. Que no es otra cosa que el deseo voraz de que los empresarios nos expriman un cachito más, que nos reduzcan las vacaciones, que nos extiendan las horas de trabajo y el ritmo de laburo, que nos hagan jubilarnos más viejos/as para explotarnos más años. El propio Ministro de Trabajo Triaca, vocero de los patrones, a la par que reconoce más de 120.000 cesantías en los últimos nueve meses, pide que los y las trabajadores/as entendamos a los empleadores que despiden: hay que entender si (los empresarios) tienen circunstancias particulares por las cuales no pueden cumplir.

Pero del otro lado, el opuesto a esa clase que despilfarra lo que nos falta, que no es más ni menos que aquello que nos deben, también hay lucha. Ahí están los laburantes gráficos ocupando la planta de AGR y enfrentando al monopolio Clarín para frenar el vaciamiento, pese al cerco mediático y policial. Ahí están los y las docentes en la calle en pleno febrero, parándose de manos ante la amenaza de una paritaria miserable. Ahí está el pueblo, muchas veces a los tumbos, dando pelea.

Sabemos que ellos tienen la vaca atada. Bien atada. Así es desde hace décadas, aunque ahora, como es sabido, vienen por más. El pueblo que lucha, ése que ve cada vez con más desconfianza a los burócratas y verseros de la CGT haciendo la plancha, va experimentando de primera mano el gusto a podrido de la oligarquía en el gobierno, como también va percibiendo que el kirchnerismo no va a ser quien la enfrente con seriedad. A la imprescindible unidad de los y las que luchan, que trabajosamente intentamos forjar, la debemos acompañar con una certeza, que debe ser cada vez más nuestra, cada vez más de millones. No precisamos ninguna lluvia de inversiones, sino que los que tienen la vaca atada dejen de tenerla. Y para eso necesitamos construir desde abajo una alternativa anticapitalista, por el poder del pueblo y de los y las trabajadores. Una alternativa por el socialismo.

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Izquierda Revolucionaria -  Hombre Nuevo
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