Nuevo sitio Falleció en España el médico y militante Arnold Etchebéhère 12 Febrero 2017

Arnold y Mika Etchebéhère: botella al mar

Ha muerto Arnold Etchebéhère. Exiliado a partir de la última dictadura, vivió y militó dentro y fuera del país. Su labor fue clave para difundir la vida y la lucha de Mika Etchebéhère, capitana internacionalista durante la Guerra Civil Española. Pero además, él mismo fue un hombre activo en la izquierda, primero en nuestro país, como médico en la Nicaragua de la revolución sandinista, y en España.

Falleció en España el médico y militante Arnold Etchebéhère | Arnold y Mika Etchebéhère: botella al mar

Por Valeria Ianni y Mariano Garrido (OP Hombre Nuevo)

Uno

"Deseo contactar con los autores del artículo", decía respetuoso y lacónico su correo, hace casi una década. Agregaba que iba a estar de visita en Buenos Aires: "como se trata de molestar lo menos posible, agradecería la dirección donde seguro estén todos los números atrasados de la revista. Un saludo, Arnold". El inconfundible apellido Etchebéhère en su dirección de mail nos generó cierto sobresalto; cierta alegría, desde luego, pero también un poco de vértigo. En 2008, habíamos escrito para Revista Sudestada un artículo sobre Mika e Hipólito Etchebéhère, milicianos argentinos internacionalistas que pelearon desde las filas del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) en la Guerra Civil Española. El objetivo de aquella nota, reconstruir un puente sobre el océano entre nuestra generación, y aquella otra; más precisamente, el intento por rescatar del olvido la historia ejemplar de estos militantes. Cuando uno arroja una botella al mar, lo hace con la remota esperanza de que alguien lea el mensaje escondido en su interior… o tal vez, decir simplemente lo que uno mismo necesitaba decir. En este caso, la botella había viajado diez mil kilómetros, justo hasta donde nunca hubiéramos pensado, justo hasta donde tenía que llegar. Ahora, el sobrino de Mika nos escribía.

Dos

"Nada de novela rosa", les pidió a Fito y Javier, directores de la película que narra la vida de Mika. El film, dirigido por Fito Pochat y Javier Olivera, traza un recorrido por la Patagonia y territorio Europeo en el que Mika vivió y combatió. En la voz de la actriz Cristina Banegas y de la mano de la narración ante cámara del propio Arnold Etchebéhère, el documental "Mika, mi guerra de España" recupera la vida de Micaela Feldman (nombre de nacimiento de Mika) y reconstruye sus días anteriores y durante el combate junto con su compañero Hipólito Etchebéhère, caído en Atienza durante la Guerra Civil Española. En el relato que despliega el documental, el recorrido y la narración de Arnold van reconstruyendo esa historia de la mano de fragmentos del libro autobiográfico y testimonial "Mi guerra de España", esa genial pieza que Mika escribiera y que se publicó recién en 1975. Imposible de conseguir durante décadas en Argentina, el documental fue acompañado por una edición local del libro. Ese libro que a muchos nos marcó para siempre, era enriquecido por Arnold en cada reedición: la nota de Julio Cortázar a su amiga Mika valorando el libro, las fotos de Mika e Hipo en la Patagonia. A raíz de la película, decía Arnold: "…mi sueño hubiera sido ser joven e ir con este documental por los pueblos, para que se conozca esta historia".

Tres

Desde ese primer correo, los intercambios entre nosotros se estrecharon y pudimos abrazarlo cuando vino en un marzo ya lejano. Trabamos una amistad entrañable, basada en su sencillez y generosidad. Una amistad cuya intensidad esta vedad para quienes no saben lo que es compartir un mismo sueño, un mismo horizonte, una misma indignación por las injusticias que este sistema produce en masa. Pero sí conocemos esa amistad quienes sabemos que somos hermanos, no por compartir material genético, sino por sentirnos parte de un mismo todo; por reconocernos un eslabón en la larga lucha de los oprimidos por la liberación. Esa es la amistad que no se compra, que no se vende. Esa es la amistad de revolucionarios como Arnold, que viven como piensan, que sienten como dicen y que aman la vida como odian a quienes condenan a millones de seres humanos a llevar una existencia miserable.

Era muy impactante la tenacidad con que Arnold intentaba que, desde el rigor histórico, se rescatara la vida y combates de Hipólito y Mika. Ese rescate poco tenía que ver con una historia de familia, según él mismo decía. Quería, explícitamente, que no fuera ése el enfoque del documental que se estaba gestando. Porque Arnold mismo era un militante. Militó como estudiante de medicina en la Federación Juvenil Comunista. Recordaba el estudio exhaustivo de temáticas diversas con el propósito de prepararse para los debates en Consejo Directivo. Reponía también la organización de delegados por curso que habían logrado hacer, formando un cuerpo de decenas de estudiantes delegados.

Fue médico en la Patagonia, allí donde el pobrerío no conocía medicina alguna. Atendió partos, acompañó muertes, curó enfermedades y fue parte del pueblo. Abrazó el comunismo y, como muchos, incluidos Mika e Hipólito, se apartó de la doctrina oficial del PC, contaminada de manera terminal por el estalinismo, reivindicando la revolución y la necesidad de una sociedad construida a la medida de las necesidades humanas. En la dictadura genocida del 76, se exilió en España, donde se mantuvo siempre en contacto con la militancia. Buscó a la propia Mika, ya mayor ella, que seguía viviendo en París y pero que pese a los años seguía también activa y militante. En un paralelo que recuerda la historia de Mika e Hipólito, con su compañera Raquel fueron allí donde la revolución alumbraba un nuevo porvenir. Como médico, también aportó su labor en la Nicaragua sandinista que peleaba por la revolución.

La labor de Arnold fue clave para que la vida y combates de Mika, esa marxista rebelde y heterodoxa, esa capitana del POUM, única mujer con más de un centenar de soldados a cargo en la guerra, fuese conocida por nuestra generación. Arnold quería rescatar aquella historia no sólo para ganarle una partida al olvido, sino para recuperarla de cara a las luchas presentes. Por eso, siempre combatió los intentos de privatizar o de extraer ganancias (económicas o académicas) de la historia de esa revolución que encarnaron Mika e Hipólito.

Hace unos años, nos dijo: "Como decía Mika, envejecer es una mierda". Con ese humor y esa crudeza de quien sabe de qué habla. Fiel a quien era, su lucidez le permitió tomar decisiones hasta el final. Hoy, por medio de su querida compañera Raquel, nos llega la triste noticia de la muerte de este gran compañero y militante que fue Arnold, de este amigo. Se fue. Pero ha dejado semilla. Arnold Etchebéhère ha echado no una, sino cientos de botellas al mar, para que quien quiera asomarse a la historia de esa mujer y esa generación que fue a pelear por la revolución a diez mil kilómetros de su lugar de nacimiento, pueda hacerlo. La botella viaja. El mensaje es breve y claro: es preciso no olvidar a Mika. Pero además, como ellos pensaban, sentían y actuaban: es indispensable hacer la revolución. La continuidad está garantizada.


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