Nuevo sitio Juicio y castigo a los asesinos 23 Enero 2017

Compañero Darío “Iki” Julián: ¡presente!

El sábado 21 a la noche, en el Hospital Narciso López de Lanús, falleció el militante del MPLD Darío Iki Julián. Su muerte fue consecuencia directa del disparo que había recibido hace casi un año en un comedor de Villa Celina, en el marco de la lucha vecinal organizada contra las redes mafiosas de los negocios inmobiliarios del PRO.

Juicio y castigo a los asesinos | Compañero Darío “Iki” Julián: ¡presente!

"A las nueve de la noche del viernes 12 de febrero, durante una asamblea que se desarrollaba en Villa Celina, partido de La Matanza, un puntero del PRO, ligado al Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) y que responde a Ivan Kerr y a Emilio Basabilvaso, luego de interrumpir la asamblea con gritos y amenazas diciéndole a nuestro compañero que se deje de joder con las tierras del barrio Vicente López y Planes, le disparó un tiro en el pecho que pone en peligro la vida del compañero", decía el comunicado de la Confluencia Movimiento Popular La Dignidad Tupaj Katari OPSA que entonces reprodujimos. El mismo texto explicaba más adelante que Iki y los vecinos del barrio habían logrado frenar un negociado millonario de especulación inmobiliaria sobre unos terrenos que habían sido ilegalmente cedidos por el IVC a una red mafiosa de funcionarios, punteros y policías de la comisaría 11ª de Villa Celina.

La bala lesionó varios órganos del compañero y lo puso al borde de la muerte. A pesar de tal herida, Iki luchó para salir del hospital como ya lo había hecho en dos oportunidades previas. Porque esa no fue la primera bala que intentó terminar con su vida. Había sido herido, aunque de menor gravedad, con tiros policiales en las salvajes represiones del 20 de diciembre de 2001 y el 26 de junio de 2002. Es que, a pesar de su juventud, Iki llevaba casi dos décadas de orgullosa militancia. El compañero le contaba a todo el que quisiera escuchar que organizarse y pelear por un mundo diferente le había cambiado su vida: de pibe había encontrado en la militancia el camino para salir de la situación de calle en la que se encontraba y la posibilidad de construir un futuro para él y para todos.
Iki retomó su militancia apenas se puso nuevamente de pie, a pesar que nunca se recuperó plenamente. Hace pocos días, después de una nueva operación, su condición empeoró. La peleó hasta el final, mientras sus compañeros montaban una vigilia frente al hospital, y todos los que los conocíamos hacíamos fuerza con ellos.
Pero que quede claro: Iki no se murió, lo mataron. El 15 de diciembre pasado, él mismo fue el vocero de su organización para denunciar otro asesinato, el de su compañero César Méndez, en Moreno. Lo que dijo entonces, responsabilizando a las mafias del narco y los negocios de tierras, a la policía y los gobiernos nacional y provincial, es perfectamente aplicable hoy, a su propia muerte.
Abrazamos a su familia y sus compañeros, y nos ponemos a su disposición en la necesaria lucha por juicio y castigo a los asesinos.

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