Nuevo sitio En las calles contra la derecha neoliberal y a construir alternativa política 6 Diciembre 2016

A 15 años de la rebelión popular del 20 de diciembre

En diciembre de 2001 nuestro pueblo escribió una gran página de su historia. Harto de las recetas neoliberales promovidas desde el FMI, indignado ante el aumento de la pobreza y la desocupación que llegaba a cifras exorbitantes, cansado de sufrir la flexibilización laboral, la privatización de los servicios públicos, el vaciamiento de la salud y la educación públicas, se puso de pie y obligó a huir en helicóptero a De la Rúa y su séquito.

Edición N° 20

A Vencer (diciembre-2016)

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En las calles contra la derecha neoliberal y a construir alternativa política | A 15 años de la rebelión popular del 20 de diciembre

Desde los 90, con el gobierno del PJ presidido por Menem y luego con la coalición peronista-radical que puso en la cima al tándem de la Rúa-Cavallo, se desplegó el neoliberalismo en nuestro país. Frente a las recurrentes crisis económicas que golpean a países como la Argentina, los dos principales partidos actuaron como suelen hacerlo en esos casos: tomaron millones en deuda externa, saquearon los recursos de la nación y, mientras entregaban negocios millonarios a empresarios locales y extranjeros, cargaron la crisis sobre las espaldas de las familias trabajadoras.

Quince años después, ante una nueva crisis, muchas de esas políticas antipopulares vuelven a ser presentadas como la salida para nuestro pueblo. Despidos y ataques a programas sociales en el Estado, multiplicación millonaria de la deuda externa, flexibilización del trabajo a medida de la demanda empresaria, proyecciones discriminatorias y privatistas para la salud y la educación. Las claves del nuevo neoliberalismo, nuevamente vienen de la mano de la ganancia millonaria de unos pocos, sean grandes productores agrícolas, mineras o banqueros.

Pero esta nueva ofensiva neoliberal nos encuentra en un lugar diferente.

Por una parte, debemos señalar que, a diferencia de aquel diciembre, el gobierno que está cumpliendo su primer año aún tiene una importante base de apoyo en la sociedad. Lo hace parado sobre condiciones sociales que empeoran aceleradamente, aunque sin tocar los picos de dramatismo de entonces. Y si bien el agravamiento de esas condiciones puede redireccionar el rumbo del país, no se perfila un estallido a corto plazo.

Pero, más allá de eso, debemos mencionar que el movimiento popular llega a esta nueva ofensiva neoliberal armado de una mayor experiencia y con niveles de organización más elevados. Lo que en los 90 implicó un proceso de años de lenta acumulación político-social para desarrollar organizaciones con capacidad de resistencia, es algo que está presente, no sólo en la memoria, sino en la experiencia militante de importantes sectores, sobre todo aquellos que no dejaron de luchar en los años kirchneristas.

No es para nada menor ver cómo, ante los ataques contra el pueblo, aún en el primer año de gobierno, numerosas organizaciones y amplios sectores de trabajadores y trabajadoras, de trabajadoras y trabajadores desocupados, de estudiantes, el movimiento de mujeres, entre tantos otros, ganan las calles de forma sostenida, desplegando en muchos casos enormes movilizaciones de masas.

La existencia de importantes sectores de trabajadoras y trabajadores ocupados que intervienen en la lucha, poniéndose a la vanguardia en la pelea contra los despidos y el ajuste, más allá de la claudicación grosera de las direcciones burocráticas, es uno de los rasgos característicos de este momento de la resistencia. Del mismo modo, lo es la presencia creciente de un movimiento piquetero que tiene años de experiencia y consolidación.

La experiencia de 2001 dejó en evidencia la fuerza que tiene nuestro pueblo, capaz de desplazar gobiernos y abrir nuevos rumbos para la Argentina. El curso posterior, mostró a su vez, los límites de un levantamiento social que no se tradujo en una expresión política transformadora, ya que la izquierda y el movimiento popular no tuvimos la capacidad de desarrollarla.

Ante la ausencia de esa perspectiva, fueron figuras provenientes de los partidos tradicionales las que reencauzaron la vida política del país. Y si bien lo hicieron enormemente condicionados por el movimiento popular que les puso una agenda de demandas sociales que no pudieron soslayar, eso fue de la mano de la recomposición de una institucionalidad que está al servicio del actual régimen social, cuyo norte lo ponen las clases dominantes y no el pueblo trabajador.

El kirchnerismo, aún con todas las expectativas que generó en amplios sectores que buscaban una alternativa al neoliberalismo, pudo capear el temporal al subirse sobre la curva ascendente de los commoditties y el ciclo político de gobiernos progresistas que lo acompañó. Eso le permitió tejer una alianza con parte de los sectores populares, mientras garantizaba, a su vez, enormes negocios a los empresarios que "se la llevaron en pala", como bien supo decir Cristina Fernández.

No se trata sólo de que fue un modelo que estuvo marcado por el trabajo en negro, índices de pobreza significativos, represión en los barrios, defensa de las direcciones burocráticas del movimiento obrero, de los gobernadores e intendentes del PJ, entre tantas otras cosas. Se trata también de un proyecto que cuando empezó a decaer la economía preparó su propio recambio por derecha, orientado hacia el ajuste antipopular, abriéndole la puerta a la derecha macrista.

Si el neoliberalismo de los 90 ponía para los sectores populares en el centro la necesidad de construir una propuesta política antineoliberal, el balance y la experiencia de esos años a esta parte dejan en claro que las y los trabajadores y el pueblo deben poder construir una propuesta que vaya más allá del posibilismo progresista, cuyo fracaso pesa hoy sobre nuestras espaldas.

Hoy más que nunca, la resistencia en unidad contra la avanzada neoliberal debe ir de la mano de la apuesta a desarrollar una alternativa de fondo contra el neoliberalismo. No son naturalmente los partidos del sistema, como el PJ, la UCR o el PRO, ni siquiera sus versiones progresistas -como se propuso ser el kirchnerismo-, quienes puedan hacerlo.

Es la izquierda -que experimentó una interesante acumulación en los últimos años- la que debe desarrollarse como una opción de poder, forjando la unidad en todos los terrenos, empezando por la lucha diaria contra la avanzada macrista. Así, entendemos, se podrá erigir una propuesta política de profunda transformación social y lograr, efectivamente, que "se vayan todos" los políticos que hambrean al pueblo.

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