Nuevo sitio Estados Unidos 6 Diciembre 2016

En las puertas de la “era Trump”

A un mes y medio de su asunción oficial como presidente, el magnate naranja anunció los primeros nombramientos de funcionarios y algunas de sus futuras medidas. Hacia donde va el nuevo gobierno norteamericano.

Edición N° 20

A Vencer (diciembre-2016)

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Estados Unidos | En las puertas de la “era Trump”

El 20 de enero del próximo año tendrá lugar la asunción del presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump. En la última semana comenzaron a conocerse precisiones sobre el nuevo gabinete con el que gobernará la primera potencia capitalista.

Una de las características del nuevo gabinete es la presencia de multimillonarios, por lo cual, sectores de la burguesía yanqui gobernarán en primera persona y sin mediaciones en la gestión del republicano. Repasamos algunos nombres ya anunciados:

Steve Bannon como Jefe de Estrategia. Será el asesor principal de la Casa Blanca. En su trayectoria figura haber sido inversionista de la financiera Goldman Sachs y el director de Breitbart, el portal de la "alternative right" (extrema derecha). Es célebre por su racismo, homofobia e islamofobia.

Reince Preibus como Jefe de Gabinete. Es el titular del Comité Nacional Republicano. Su designación es un guiño al aparato partidario republicano.

"Maddog" Mattis como secretario de Defensa. El militar retirado se hizo conocido por decir que se divertía disparando a civiles iraquíes.

Michael Flynn para el Consejo de Seguridad Nacional: general retirado y ex director de la Agencia de Inteligencia de Defensa (organismo de espionaje exterior de los EEUU) durante la gestión de Obama. Participó en las campañas militares de Afganistán e Irak. Con vínculos rusos y buena relación con Vladimir Putin.

Jeff Sessions para Fiscal General. Será el cargado de liderar un giro a la derecha en el Departamento de Justicia con foco en la política migratoria y la libertad religiosa para atacar el derecho al matrimonio igualitario y al aborto.

Mike Pompeo para Director de la CIA: ultraderechista miembro del Tea Party.

Tom Price como secretario de Salud, duro opositor al "Obamacare". Uno de sus objetivos políticos es revisar completamente la reforma en el sistema de salud que realizó Obama.

En Educación estará Betsy Devos, republicana, y dirigente de una asociación que propugna por la utilización de fondos estatales para que las familias puedan enviar sus hijos a escuelas privadas y religiosas.

Como Secretario del Tesoro, Trump ha elegido a Steven Mnuchin, en cuyo currículum figura haber sido ejecutivo de la Goldman Sachs durante 17 años.

Por último, para Secretario de Comercio ha propuesto a Wilbur Ross, un empresario multimillonario especializado en el "saneamiento" de empresas en crisis (un "eufemismo" para despidos masivos).

Una primera conclusión que arroja la conformación del gabinete son los múltiples guiños de Trump para acercar a sectores de la burguesía financiera y del establishment republicano al que tanto criticó durante su campaña.

Del dicho al hecho

La pregunta que se replica en todos los análisis es si Trump podrá llevar adelante sus propuestas de campaña, si fueron meros fuegos de artificio y si son directamente irrealizables. Repasamos algunas:

-Crear puestos de trabajo y reindustrializar EEUU. Para ello, propuso traer nuevamente a suelo norteamericano las fábricas deslocalizadas en México y China, fundamentalmente. Todos los análisis económicos al respecto indican que es inviable revertir la deslocalización de industrias. La clave de ese proceso es que en la periferia las condiciones de explotación son mucho mejores para la burguesía industrial y por lo tanto, los costos bajísimos. A modo de ejemplo: en las maquilas mexicanas un/a obrero/a percibe un salario de seis a ocho veces inferior al de un estadounidense, lo cual vuelve muchísimo más competitiva a la industria que se instala en ese país. "Repatriar" las fábricas significaría perder competitividad frente otras grandes potencias como China y encarecer enormemente el costo de vida norteamericano.

Otra de las propuestas al respecto es la liberación de impuestos a las industrias, lo cual implicaría una pérdida de ingresos fiscales, en un marco ya de acentuado déficit fiscal. Trump espera que de ese modo la burguesía industrial invierta más en el país. Pero nada que lo asegure, puesto que la lógica del capital es la de la ganancia, no la de la generación de empleo.

En el mismo sentido apunta la idea de modificar el NAFTA, las bases de la OTAN y terminar con el Acuerdo Transatlántico. Es mucho más probable que pueda dejar en suspenso el último a modificar significativamente el NAFTA y la OTAN, puesto que constituyen pilares de la economía y la geopolítica norteamericana que pondrían en riesgo los propios intereses de importante sectores de la burguesía. De un modo u otro, los dueños de la industria armamentista y los sectores beneficiados con las maquilas intentarán impedir cualquier modificación sustancial a estos tratados.

-Masivas deportaciones de inmigrantes mexicanos y endurecimiento de la política inmigratoria contra musulmanes. Desde las primeras barbaridades dichas en campaña a la actualidad, el discurso de Trump varió. Los números, también: de 11 millones de deportaciones que prometió descendió a 3 millones. El número es enorme, pero no marca un cambio rotundo en relación a la gestión Obama, que en los últimos cuatro años expulsó a nada menos que 2,5 millones de inmigrantes de origen latino. Con respecto al célebre muro que prometió en la frontera con México, hay que destacar que la idea que, por otra parte, ya ha puesto en marcha Obama, ocupa un lugar cada vez menos destacado en la agenda de Trump. Deberían esperarse algunas modificaciones en política migratoria, pero hay aspectos xenófobos que chocan directamente con una economía transnacionalizada y en la que la mano de obra barata que aporta América Latina es un pilar muy importante en ella.

Rusia y China

La estrategia de Trump en política exterior apunta en dos sentidos: por un lado, negociar con Rusia y pactar un combate a muerte contra el Estado Islámico y, por otro, disputar más fuertemente con China, el rival económico más importante de EEUU.

En cuanto a Rusia, los guiños hacia Putin han sido numerosos. De fondo, la visión proteccionista de Trump y su proyecto de una "América grande" nuevamente implica un repliegue militar en Medio Oriente, lo cual es imposible sin negociar con esa potencia. Claro que esas negociaciones pueden provocar un resentimiento en las relaciones con la Unión Europea y tensionaría al interior de la OTAN, puesto que Rusia exigirá el reconocimiento de la zona de Crimea (Ucrania) como territorio propio y el fin de las sanciones económicas impuestas desde 2015.

En relación a China, Trump ha prometido en varias ocasiones relocalizar fábricas y gravar con importante impuestos las importaciones chinas y se comunicó telefónicamente con la presidente de Taiwán, un claro desafío a Beijing. ¿Cuáles son los riesgos de esto? Ambas potencias entrarían en una parálisis comercial, de la cual EEUU sería el gran perdedor. Las manufacturas chinas le permiten a los estadounidenses un alto nivel de consumo con costos bajísimos, por lo cual de frenarse la llegada de esas mercancías, el incremento del nivel de vida sería enorme, pero además EEUU perdería un nicho importante para la comercialización de productos propios como aviones, automóviles y Iphones. A nivel global, esto desataría una carrera comercial en la que Washington tiene todas las de perder.

También en relación al gigante asiático debe analizarse la intención de echar por tierra el Acuerdo Transpacífico, anuncio que ya ha caído muy mal a Japón y Australia. Si Trump lo desestima y encara acuerdos bilaterales en la zona, deja camino libre para que China avance y se fortalezca en el Asia-Pacífico, generando una zona de libre comercio con los países del ASEAN y con India, otra de las grandes potencias emergentes.

América Latina y Cuba sin Fidel

América Latina atraviesa una dura situación económica y política cuyas coordenadas son el fin del ciclo de crecimiento económico en base al valor alto de los commodities y su gestión política por gobiernos progresistas. Actualmente nuestro continente va por el segundo año de recesión económica y vive a su vez un proceso de fortalecimiento de las opciones políticas derechistas.

La llegada de Trump no fue vista con buenos ojos por ningún burgués o sus representantes. El macrismo, por ejemplo, cifró sus esperanzas en Hillary Clinton. El quid del asunto es otra vez la amenaza que representa la política económica proteccionista: EEUU es el tercer socio económico más importante de América detrás de China y Brasil. Una retracción de las importaciones o un aumento considerable en la carga impositiva representaría un golpe económico muy duro a la región en su conjunto.

En el caso particular de Cuba, Trump ya ha dicho que intentará renegociar el acuerdo con la isla para endurecer las condiciones del "deshielo" que inició Obama. La muerte de Fidel, además, envalentona a lo más rancio del gusanaje de Miami –que votó a Trump– y pone condiciones más duras para el fin del embargo que está trabado en el Congreso estadounidense por decisión de la mayoría republicana.

Es probable que la dirección del nuevo gobierno sea endurecer el bloqueo para intentar quebrar al heroico pueblo cubano que durante más de 50 años ha resistido y resiste la ofensiva yanqui.

Primeras conclusiones

Es imposible prever con claridad cuáles serán los caminos por los que encare Donald Trump. Sí, en cambio, se puede afirmar que el proceso de globalización del capital y las transformaciones mundiales en la economía que tuvieron lugar desde fines de los '70 y que profundizó la caída de la Unión Soviética está en un proceso de modificación. El reguero de desocupación y pauperización en la clase trabajadora norteamericana fue lo que empujó al gobierno de Trump.

La salida que el pueblo estadounidense eligió transitoriamente para superar el desgaste de un modelo económico y político al servicio de unos pocos lo condujo a apoyar a un burgués "outsider" que tuvo la capacidad que no tuvieron los demócratas de interpelar a esa base golpeada por el desplazamiento de capitales.

El gobierno de Trump anticipa cambios que, poco a poco, podremos ir calibrando su calidad y magnitud pero que, sin duda, representarán nuevos desafíos políticos para la clase obrera mundial.

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Autor

Leonardo Lopresti