Nuevo sitio Editorial A Vencer, edición de diciembre, elaborada junto con Hombre Nuevo 6 Diciembre 2016

La Historia y la historieta

El gobierno de los CEO’s y su gerente general, Mauricio Macri, van promediando un año de gestión. Caída de la producción industrial y del consumo; devaluación y tarifazos. Un gobierno de derecha, en un contexto también de derecha. La necesidad de articular y unir las luchas, pero retomando una perspectiva estratégica.

Edición N° 20

A Vencer (diciembre-2016)

A Vencer

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Editorial A Vencer, edición de diciembre, elaborada junto con Hombre Nuevo | La Historia y la historieta

"Historia agranda tus portones/

entramos con Fidel con el caballo"

Juan Gelman; "Fidel"

Un gobierno ejercido por los ricos y para los ricos va culminando la primera etapa de su mandato. Así como el perfume importado no disimula el olor a bosta de los terratenientes (ni tampoco el olor de los pesticidas de sus agronegocios), el recetario de frases hechas de los asesores de imagen no oculta las carencias de este plantel, autodenominado "el mejor equipo de los últimos cincuenta años". Su líder se autoevalúa también con optimismo: el mandatario mira sonriente a los periodistas y les suelta "si me tuviera que calificar… me pondría un ocho". Una autoimagen elogiosa.

En un "retiro espiritual" cuyas fotos asemejan más a un viaje de egresados que a un gabinete de ministros, el presidente y sus funcionarios estrella se recluyen en Chapadmalal por unos días. Con un tono y un contenido New Age, el gobierno se acerca al primer cuarto de su mandato inaugural. El tendal que esta pandilla de ricachones exhibe, lejos de ruborizarlos, los estimula a mostrarse juntos en una especie de recreo vacacional que mezcla escenas de grupo de autoayuda con secuencias extraídas del coaching y el mundo de los negocios. Una parodia de sí mismos. Un gobierno de historieta. A Cambiemos "le sobra marketing y le falta política". Lo dijo el propio Emilio Monzó, presidente de la Cámara de Diputados y miembro del PRO, entre la crítica producto de ciertas internas y el sincericidio. Y es estrictamente cierto: los límites del marketing y el blindaje mediático empiezan a mostrarse y a dejar en claro que no son omnipotentes ante los efectos de la crisis que van teniendo cada vez más un tenor inocultable. La caída interanual de la industria, de octubre de 2015 al mismo mes de este año, es de un 19,2%. Sólo en 2016 su desmoronamiento superó el 14%. La industria lleva un decrecimiento acumulado en 2016 de más del 5%, y en términos interanuales, a octubre llevaba una caída del 8%. El derrumbe de la industria automotriz llega al 19% interanual. Los ganadores de este año han sido los bancos, las empresas de servicios, pero también el agro, la producción industrial de insumos para el campo (maquinarias, agrotóxicos). En términos de clase, los capitalistas casi nunca pierden: las suspensiones y despidos, la recepción de subsidios y salvatajes, la perspectiva de flexibilizar aún más las relaciones laborales, son políticas que este gobierno proporciona para la ocasión. Devaluación y tarifazos, quita de impuestos a los sojeros y mineras, endeudamiento externo… lejos de un "Estado ausente", la impronta neoliberal de la gestión de Cambiemos muestra un Estado presente como garante de la concentración de la riqueza. Tomemos una variable clave: la deuda contraída en este primer año, si contamos no sólo la de la nación sino la de las provincias, supera los u$s 40.000 millones.

El marketing de la reacción

Al 30% de pobres que el kirchnerismo le cedió generosamente, el gobierno de Cambiemos le ha añadido con suma velocidad su cuota, estimada en casi un millón y medio de nuevos pobres, enteramente empujados a esa situación por su intervención. "Yo decía que no era mago", dice el Presidente, con esa semisonrisa de personaje de caricaturas que ya es un signo distintivo suyo, y que cabalga entre el cinismo y la carencia de todo ingenio. Sin embargo, su gobierno ha logrado récords negativos que son, por así decirlo, todo un mérito del desmanejo, casi magia: caída del consumo de la leche en un 20% y de la carne en un 8% en el país de las vacas, por citar un caso. Con una desocupación reconocida oficialmente que se arrima peligrosamente a los dos dígitos, el consumo alimenticio, en general, lleva una disminución en promedio del 5% en 2016.

El "mejor equipo de los últimos 50 años" no deja embrollo por cometer. Si la gestión saliente culminó su mandato envuelta en episodios grotescos de corrupción, valijas en el convento inclusive, la gestión entrante no ahorró escándalos en tiempo récord: el propio Presidente aún no ha dado una sola explicación convincente acerca de sus empresas fantasma, sus cuentas offshore o las licitaciones a medida de las empresas familiares. Cambiemos no excluye las prácticas de amiguismo, sino que las ejercita con regularidad de gimnasta: los nombramientos de parientes y amigos, la proliferación de gerencias y la invención de cargos son una marca distintiva, sólo que con una impronta particularmente trabajada desde el marketing. La posibilidad para incluir parientes directos de funcionarios en el blanqueo de capitales mediante un reciente decreto presidencial da muestra de la falta de escrúpulos que otorga la hasta ahora amplia impunidad de la que este gobierno goza. Este año de la profundización del ajuste no fue ajeno a una avanzada que se dio, también, en el plano ideológico con la reivindicación de la xenofobia; el discurso de olvido y perdón hacia los genocidas y el negacionismo sobre los desaparecidos.

Si bien este gobierno tiene particularidades, como se ha dicho, su matriz no es original. Más allá de que se decore con adornos y efectos de innovadores publicistas; más allá de la retórica posmoderna y el look canchero de sus funcionarios ricos pero con la camisa desabrochada, Cambiemos expresa un momento que excede los límites territoriales. Vivimos un impulso reaccionario en todo el hemisferio que pretende borrar conquistas obtenidas muchas veces tras procesos de movilización popular y acrecentar aún más la explotación de las y los trabajadores en manos del capital. El año que termina marca una agenda hostil para los de abajo.

Y en eso se fue Fidel…

En este 2016 que se cierra, un hecho político sacude el escenario. La muerte de uno de los líderes revolucionarios más importantes del siglo XX, como fue y es Fidel Castro, se incrusta en este contexto como un hecho que pareciera acompañar irónicamente un clima de época adverso. La derecha más recalcitrante festeja, de manera más o menos explícita, según su decoro, la muerte física de este enorme revolucionario. Con él, nos dicen, se va el último de los que planteaban el socialismo, la expropiación a los monopolios, lo que despectivamente llaman "utopía" o con desparpajo definen como "totalitarismo". Fidel y la revolución que encabezó son denostados por la derecha en esta especie de revival del "Fin de la Historia", que ahora sí, ahora es en serio, nos dicen. Fidel, el que se salvó de cientos de atentados, el que sigue siendo atacado por representar el socialismo nada menos que en un país latinoamericano que aún resiste a millas del imperio, no está a salvo después de muerto. Muchos demagogos, esos que gobernaron sin miramientos contra el pueblo pobre y sin cuestionar a los monopolios, le rinden homenajes a él, pero cuidando mucho no parecerse en casi nada a quien expropiara a la Shell o a los terratenientes en su suelo. Muchos miembros de una izquierda autocomplaciente y empapada de sectarismo despiden al revolucionario, a la par que se apuran en en listar sus "diferencias" y a enumerar con cizaña los presuntos desaciertos del líder, en análisis que más de una vez rayan la ridiculez y desprecian la verdad histórica.

En estas coordenadas estamos. En este escenario nos movemos. En un año donde, a nivel local, la resistencia existió, pero se vio superada por los avances patronales y gubernamentales. En un año donde la izquierda pudo, finalmente, mostrar algunos atisbos de unidad, pero para convocar a un acto electoral y no para poner en pie una coordinación obrera y para la lucha en las calles. Como parte de una izquierda que posee limitaciones y requiere no escapar a las autocríticas, sabemos que es indispensable superar la fragmentación, romper la tregua entre el gobierno, la burocracia sindical y los movimientos sociales apadrinados por el Vaticano; recuperar los sindicatos y organizarse desde abajo contra el ajuste y el gobierno de los empresarios. Pero también, como nos enseñaron Fidel y el Che, sabemos que sin una perspectiva de poder, sin la profunda aspiración de una transformación revolucionaria de la sociedad, las penurias para nuestro pueblo no van a tener fin. Y muchos de esos triunfos parciales serán cada vez más parciales, cada vez menos triunfos.

Desde nuestros destacamentos, con trabajo y convicción, venimos dando pasos firmes hacia la unidad de los revolucionarios. Pese a un clima de época que no nos es favorable, estamos profundamente convencidos y convencidas de que, como dijera Lenin, y como sostuvieron en nuestro continente Fidel y el Che, "todo es irreal, menos la revolución". En esa perspectiva es que encaramos nuestra militancia. Con la certeza de que pese a que los vientos no nos sean propicios, la Historia, con mayúsculas, alguna vez va a estar de nuestro lado, del lado de aquellos que peleamos por un mundo sin explotación ni opresión: un mundo socialista.

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