Nuevo sitio Efemérides 21 Noviembre 2016

A 171 años de la Batalla de Vuelta de Obligado

La conmemoración de la famosa batalla encabezada por Rosas conjuntamente con la del Día de la soberanía abre la pregunta acerca de qué intereses se defendieron en las aguas del Río Paraná. En este artículo buscamos hacer un aporte para pensar este debate desde una lógica marxista.

Efemérides | A 171 años de la Batalla de Vuelta de Obligado

El 20 de noviembre de 1845 tuvo lugar en las aguas y costas del río Paraná, cerca de lo que hoy forma parte del partido de San Pedro, el famoso combate entre tropas de la entonces Confederación Argentina y escuadras navales francesas e inglesas, conocido como la Batalla de Vuelta de Obligado. Este enfrentamiento consistió en una ofensiva desde las costas de fuerzas militares de la Confederación hacia una muy poderosa y sofisticada flota anglofrancesa integrada por más de un centenar de barcos de guerra y buques mercantes Por varias cuestiones, este hecho ha sido caracterizado por la historiografía revisionista así como por parte de diversos sectores sociales como un hecho bisagra en las relaciones político-económicas entre los recientes estados independientes latinoamericanos y las potencias europeas de la época, incluso como una verdadera epopeya comparable al cruce de los Andes[1]. Esto es así a tal punto que durante el último gobierno de Perón se declaró al 20 de noviembre como "Día de la Soberanía Nacional", conmemoración que fue puesta en vigencia nuevamente durante el gobierno de Cristina Kirchner, después de haber sido abolida durante la dictadura.

Asimismo, en su época, este suceso le otorgó a Juan Manuel de Rosas, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, encargado de las relaciones de la Confederación y principal impulsor del combate, una gran popularidad y apoyo social y político, tanto del federalismo rosista tradicional, como también de los llamados cismáticos y de algunos de los fervientes antirosistas del partido unitario. Esto le significó un espaldarazo que le permitió continuar desplegando su política "federalista" durante algunos años, hasta su caída en manos de una alianza integrada por caudillos del litoral, Brasil y Montevideo, apoyados por las principales economías europeas, en 1852.

En esta nota aportaremos mirada crítica en torno a la figura del controvertido y polémico Juan Manuel "Restaurador de las Leyes" Rosas a la vez que intentaremos reconstruir algunas de las principales causas de este combate.

Rosas asumió en 1829 como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires en medio de una aguda crisis política, producto de la imposibilidad por parte de la elite que salió vencedora de los procesos independentistas[2] de imponer en un proyecto político que cuente con el consenso de toda las clases propietarias que convivían dentro del todavía embrionario Estado argentino. Las principales disputas eran obviamente sobre el perfil productivo que adoptaría la región. Poco a poco se iban imponiendo los intereses de la burguesía comercial portuaria y los estancieros bonaerenses sobre un interior que empezaba a quedar fuera del circuito comercial y productivo. Es decir, se debatía la forma en que la Argentina se insertaría en el modo de producción capitalista, que se expandía con fuerza y casi sin resistencias por todo el planeta. Si bien Rosas formalmente se retiró del poder entre 1832 y 1835 (como buen estanciero, para ampliar la frontera productiva desterrando y asesinando a las poblaciones originarias del sur de Buenos Aires, en la primera "campaña al desierto", que luego continuaría Roca), puede decirse que su paso por la política argentina marcó un antes y un después en las posibilidades de construir un capitalismo argentino, en la medida que consiguió articular una cierta estabilidad política y social por casi 20 años, algo hasta ese momento imposible de lograr por ninguna fracción de la elite política que gobernaba nuestro suelo. Esta estabilidad, sin embargo, fue a costa de una sistemática negativa a dictar una constitución que permita unificar la nación naciente, manteniendo entonces una organización nacional de tipo confederal, que no contaba con ninguna autoridad a nivel nacional. Esta situación le representó a Rosas un vacío institucional que le permitió desarrollar herramientas de poder y coerción a partir de la negociación, el acuerdo y hasta la cooptación de sus opositores combinada con el uso de grupos de choque con unos niveles de violencia inéditos para la época, como los que llevados adelante por "La Mazorca". Asimismo, en su calidad de Gobernador de Buenos Aires (provincia donde tenía un apoyo masivo que sometía año a año a un referendum y una impresionante capacidad de control político del territorio), con el argumento de ser el único capaz de lograr la estabilidad y prosperidad de la provincia luego de las sucesivas guerras civiles y enfrentamientos con los países limítrofes, sumó atribuciones legislativas y judiciales hasta lograr detentar la Suma del Poder Público.

Es en este marco donde se inscriben los reiterados conflictos que mantuvo Rosas con los diversos sectores de la novel burguesía criolla y los experimentados capitalistas europeos. Para empezar, en 1835, como parte de su estrategia de alianzas con los caudillos del interior para que ratifiquen su apoyo y respaldo al frente de la provincia y virtualmente de la Confederación, Rosas impulsó la denominada "Ley de Aduanas", que implementó aranceles a las importaciones, conformando una de las primeras experiencias proteccionistas de la región. Esta protección aduanera le dio algo de aire a las burguesías y caudillos del interior para impulsar y profundizar las incipientes actividades industriales de productos que hasta ese momento se importaban y les permitió salir del colapso económico en que se encontraban. Ahora bien, así como esta ley permitió que Rosas amortigüe algunas de sus rispideces con los gobernadores y caudillos, generó niveles de conflictividad crecientes con los comerciantes y burgueses europeos que ahora tenían que pagar hasta el 50% para ingresar sus mercaderías al continente. Así fue que en entre 1838 y 1840 Francia realizó un primer bloqueo del Río de la Plata, que cerró el comercio de Buenos Aires y los demás puertos de la Confederación. El bloqueo anglofrancés de 1845 se inscribe en este descontento imperialista de las principales economías mundiales frente a las actitudes proteccionistas que Rosas impulsó (aunque de modo muy parcial y limitado, ya que por ejemplo el aquel primer conflicto con Francia llevó a que la Confederación le devolviera los aranceles preferenciales que gozaba originalmente). De todos modos, esta nueva ofensiva tuvo sus particularidades ya que además de la preocupación frente a la creciente intervención y control de las aduanas que venía practicando la autoridad confederal, se sumó el supuesto derecho a la libre navegación de los ríos interiores por parte de buques extranjeros. Como decíamos, este segundo bloqueo fue el desencadenó la batalla que hoy recordamos, bloqueo que a pesar de este combate se mantuvo firme hasta 1850.

A partir de lo dicho, podemos preguntarnos ¿fue Rosas un ferviente defensor de la soberanía nacional? ¿Fue la batalla de Vuelta de Obligado una epopeya que le "marcó la cancha" al imperialismo?

Se pueden varias cosas al respecto. Para empezar, efectivamente Rosas contó con un apoyo popular, incluso de algunos sectores tradicionalmente opositores, para organizar y enfrentar la embestida anglo francesa. Incluso el propio San Martín le envío sendas cartas en su apoyo desde Francia y hasta su sable corbo como muestra de solidaridad y respaldo. Ahora bien, también podemos decir, siguiendo incluso al propio Norberto Galasso, que el nacionalismo rosista fue un nacionalismo defensivo, ganadero, que al mismo tiempo que rechazó al invasor sacralizó el orden de la estancia y la ideología tradicional. Incluso Rosas tampoco cumplió un papel relevante (de hecho se opuso) en el proceso de unificación nacional y el crecimiento interno, que implicaba necesariamente nacionalizar la aduana, distribuir sus recursos, dictar una constitución y diversificar la economía[3].

Su defensa de la soberanía estaba muy lejos de llevar una impronta emancipatoria ni de liberación de los oprimidos, sino que en todo caso era la un burgués que defiende su propiedad privada. Creemos que cuando Rosas defendía la soberanía nacional defendía en realidad intereses propios y los de su fracción de clase. El hecho de que se haya opuesto a la libre navegación de los ríos interiores no constituía sino defensa del puerto y aduana única en Buenos Aires, el punto de mayor enfrentamiento con la burguesía del litoral argentino. Entonces, podemos decir que el federalismo rosista que "se plantó" frente al intento imperialista de avanzar sobre nuestra soberanía escondía detrás una apuesta a defender sus intereses. Por eso, embanderados en la "defensa nacional", las elites estancieras, ganaderas y comerciales le mostraron a esas potencias que la burguesía de este país era más poderosa que la de otras latitudes y que por eso las formas de dominio deberían ser más consensuadas y el reparto de la riqueza debía asegurar una buena porción para la burguesía nativa.


[1] O'DONNELL, Pacho, en :http://www.institutonacionalmanueldorrego.com/index.php/efemerides/2013/item/1905

[2] ANSALDI, Waldo (2010), "La fuerza de las palabras: revolución y democracia en el Río de la Plata, 1810-1820"

[3] Galasso, Norberto (2000), "Seamos libres y lo demás no importa nada: vida de San Martín".

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