Nuevo sitio Elecciones en Estados Unidos 10 Noviembre 2016

Donald Trump triunfó en Estados Unidos

El candidato republicano se impuso sobre la demócrata, Hillary Clinton, a contramano de lo que lo la mayoría de las encuestas anunciaban.

Elecciones en Estados Unidos | Donald Trump triunfó en Estados Unidos

En el día de ayer se confirmó que el multimillonario Donald Trump es el nuevo presidente de los Estados Unidos. La noticia fue recibida con amargura por las bolsas del mundo, que registraron una caída generalizada. Solo el sector de la construcción, la farmacéutica y la armamentística tuvieron algún repunte. El peso mexicano sufrió una fuerte devaluación que lo derrumbó hasta un 20 a 1 en relación al dólar.

Paradójicamente, Trump no fue el candidato más votado: Clinton se impuso con el 47,65%, 150.000 votos por encima de su contrincante, quien recogió el 47,53% de los sufragios. La victoria se explica por el sistema indirecto de votación, en el que cada Estado aporta un número de electores al candidato que allí triunfa. Pero además, la cantidad de electores varía de territorio en territorio. Así se comprende que algunos Estados tengan mayor peso que otros y que, a pesar de los números generales, Trump haya alcanzado 279 electores frente a los 228 de Clinton. Rara democracia aquella en la que una minoría se arroga la potestad de poner al Presidente.

En términos generales, es notorio que Clinton no logró arrebatar ningún Estado a Trump. Su caudal quedó reducido a la costa oeste y noreste. En cambio, los republicanos avanzaron en lugares claves, dando vuelta el resultado de las presidenciales de 2012: Florida, Pennsylvania, Iowa, Ohio, Wisconsin y Michigan cambiaron de signo político y apuraron el desenlace.


El encanto del desencanto

La explicación de la victoria de Trump se encuentra en que apeló a demandas concretas de sectores específicos del pueblo norteamericano. Habló a la clase trabajadora blanca y empobrecida, devastada no sólo por los efectos de las crisis, sino por las consecuencias más estructurales de las deslocalización de fábricas que tiene lugar desde hace décadas: rever los tratados internacionales de comercio como el NAFTA y el reciente TPP, aumentar las tasas sobre productos importados, reducir impuestos a las industrias para que creen fuentes de trabajo e imponer nuevas cargas impositivas al sector financiero.

Habló a los sectores republicanos tradicionales de la clase media que dependen de los servicios previsionales. Prometió no tocar los servicios sociales y los precios de los medicamentos y suprimir el impuesto federal. En el mismo sentido se encuentran otro número de propuestas tales como expulsar y deportar a extranjeros, y cobrar al mundo los "beneficios" que ofrecen los EEUU: construir muros y exigir que la población vallada sostenga su construcción; que los países donde hay bases yanquis (una alta proporción del planeta) las sostengan económicamente.

Agitó la desconfianza en los políticos profesionales como Clinton, respaldados en los grandes medios de comunicación –a los que atacó sistemáticamente– y por los financistas de Wall Street.

Frente a la continuidad liberal que ofrecían los demócratas, Trump supo responder enérgicamente al desencanto de trabajadores y sectores de la clase media empobrecida. Además, el elemento racista y xenófobo de su discurso le permitió fortalecer el sentido común tradicional y conservador del estadounidense varón y blanco.


El enigma de Florida

El estado de la costa sudeste, que en 2012 fue un bastión demócrata, también cambió de bandera política y contribuyó a la victoria republicana. La pregunta es ¿cómo es posible la victoria republicana a pesar de los dichos contra los inmigrantes latinos, especialmente mexicanos?

La comunidad latina es heterogénea en varios aspectos: de los 55 millones que la conforman, la mayoría es mexicana (63%). Su distribución es desigual términos territoriales y se concentra, sobre todo, en California, de signo demócrata. En Florida, con 5 millones de latinos, tiene mucho peso la comunidad de origen cubano y puertorriqueño –tienen estatus de ciudadanos estadounidense desde el nacimiento–, que no sufre los problemas migratorios de los mexicanos y que en gran medida percibe como ajenos esos problemas.


La nueva derecha populista

El fenómeno Trump es una expresión más del ascenso de nuevas derechas en el mundo. Con matices, el surgimiento del Frente Nacional francés, Aurora Dorada en Grecia, lo mismo que en países nórdicos y del este de Europa, ponen sobre la mesa que la crisis económica mundial y sus consecuencias sobre las condiciones de trabajo y de vida sobre los pueblos no quedan sin efectos, ni en el vacío político.

En este sentido, el sorpresivo resultado meses atrás del Brexit que resolvió la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, fue de algún modo un anticipo del batacazo de Trump ayer. La ausencia de alternativas de poder anticapitalistas ha permitido a fuerzas reaccionarias ganar terreno político capitalizando el descontento popular, a raíz del impacto de la "globalización" en las condiciones de vida de la clase trabajadora en los países centrales. Si algo tienen en común Trump y las derechas europeas es que se han montado sobre problemas reales de los sectores populares, como la deslocalización de industrias en EE.UU o los efectos de la zona euro sobre las economías atrasadas de ese continente, y las han puesto al servicio de proyectos nacionalistas, racistas y reaccionarios.

El ascenso de Trump inicia un nuevo momento político para EE.UU y el orden internacional, cuyas consecuencias profundas aún no pueden preverse completamente. El establishment hará sentir su poder y difícilmente la élite de los EE.UU que comanda la globalización admita un viraje. Tampoco es probable que la verborragia se transforme en hechos en este plano. Obama y Trump dijeron públicamente que ante todo son "americanos" y "patriotas". La política exterior del imperio tampoco sigue sin más los cambios políticos de gobierno. La historia de Nuestra América ha demostrado que los demócratas (y Hillary) no son "palomas". Sin duda, el triunfo del candidato que explotó sin freno una concepción reaccionaria, sexista, racista, el sentido común del "hombre pequeño" profundizará la política de persecución hacia migrantes, negros y otras minorías.

Lo que sí es seguro es que el escenario que se abre impone nuevos desafíos para los revolucionarios y revolucionarias del mundo. Tenemos que ser capaces de propiciar salidas políticas de superación a la crisis capitalista, para derrotar a los proyectos de derecha que se desarrollan prometiendo soluciones falsas a problemas reales.

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