Nuevo sitio Aniversario de la Revolución Rusa y del nacimiento de León Trotsky 8 Noviembre 2016

La lucha por el socialismo, una tarea actual

El 7 de noviembre (25 de octubre en el calendario juliano) de 1917 tuvo lugar el hecho político más significativo de principios del Siglo XX y que alteró el curso de la historia en forma irreversible: la toma del poder por parte del Partido Bolchevique. La fecha coincide con el nacimiento de uno de los principales artífices de esa revolución y uno de los mayores intelectuales del socialismo marxista, León Trotsky, nacido en Ucrania el 7 de noviembre de 1879.

Edición N° 19

A Vencer (noviembre-2016)

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Aniversario de la Revolución Rusa y del nacimiento de León Trotsky | La lucha por el socialismo, una tarea actual

Del tercer al segundo mundo

La revolución rusa significaba, en las concepciones más tradicionales del marxismo europeo, una anomalía histórica, pues el proceso revolucionario debía comenzar en los países avanzados, resultado del desarrollo de sus fuerzas productivas.

Rusia, en cambio, era una autocracia gobernada por un zar con una población abrumadoramente campesina, con una bajísima densidad poblacional y mayormente analfabeta. Sin embargo, a partir del desarrollo de la etapa imperialista y de la recepción de inversiones de capitales extranjeros, se consolidó una clase obrera de unos 3 millones de obreros y obreras.

La combinación entre un antiguo régimen sin libertades políticas y la generación de un vigoroso proletariado produjo convulsiones de envergadura, cuya primera expresión más significativa fue la revolución de 1905 que concluyó con la creación de la Duma (Parlamento ruso). En esa revolución jugaron un destacado papel las mujeres, quienes también ocupaban un lugar preponderante en el bolchevismo y su programa.

En la revolución de 1905 los bolcheviques liderados por Lenin ocuparon los puestos más destacados. Ésta trajo aparejada la formación de los soviets, verdaderos organismos de poder obrero y popular que actuaban como un frente único de las corrientes de izquierda y las masas.

Ya para entonces Trotsky era una figura central. En 1905 encabezó la formación del soviet de San Petersburgo, y al concluir la revolución extrajo una conclusión política de gran importancia: la revolución en los países oprimidos no tendría lugar por etapas -primero burguesa y luego obrera- sino que la clase obrera sería la encargada de ejecutar el conjunto de esas tareas dentro de un mismo proceso revolucionario.

El cielo por asalto

Una década más tarde la participación de Rusia en la guerra imperialista agravó brutalmente las condiciones de vida de las masas y allanó el terreno para un proceso revolucionario que se venía gestando desde hacía décadas.

Con la "revolución de febrero" de 1917 el Zar fue desplazado y se formó una coalición de gobierno entre la burguesía liberal y los sectores de la izquierda que no apostaban a radicalizar el proceso revolucionario: los mencheviques y los socialrevolucionarios. Sin embargo la organización de la clase obrera y el campesinado en soviets –aún bajo la hegemonía de esos dos partidos-, contrapesó el poder del Estado. Esta situación de "doble poder" condicionaba a un gobierno que se mantuvo en la guerra alineado con el imperialismo, sin contemplar las expectativas de las masas.

Este hecho producirá en Lenin un compendio de reflexiones que se condensarán en las "Tesis de Abril", donde concluye que las condiciones han madurado para la toma del poder por parte del proletariado en un país oprimido y levanta la consigna "Ninguna confianza en Kerensky" y "Todo el poder a los soviets" acercando sus posiciones a las de Trotsky, con quien había compartido la denuncia a la guerra y a quien propone incorporarse a las filas del bolchevismo. Con esta orientación, el partido bolchevique, templado en 15 años de combates contra el zarismo, fortaleció sus posiciones frente a las alas moderadas y conciliadoras del movimiento obrero y popular. Tras jugar un rol protagónico en el rechazo al golpe de estado del general Kornilov, su acción heroica amplió la simpatía de las masas y le valió la conquista de la mayoría en los soviets de obreros y campesinos. Sobre esa base el bolchevismo dirigió la toma del poder, alcanzado el 7 de noviembre de 1917.

El primer Estado obrero

La revolución rusa significó un salto inmediato y nunca antes visto en las condiciones de vida de las masas y en la conquista de derechos. Se redujo la jornada laboral a 8 horas diarias, se puso la gran industria, la banca y el comercio exterior en manos de la clase obrera, se legalizó el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo. Se puso término finalmente a la participación en la guerra, a pesar de las extorsiones y exigencias de las potencias imperialistas. También dio lugar a la formación de la III Internacional, que surgió como una experiencia histórica superadora a la bancarrota de la socialdemocracia europea, con el objetivo de convertirse en el partido internacional de la revolución.

Sin embargo, el retraso en el desarrollo de las fuerzas productivas, el asedio de varios ejércitos contrarrevolucionarios que llevaron a una guerra civil de dos años -victoriosa gracias a la formación del Ejército Rojo comandado por Trotsky- y el aislamiento político provocaron una enorme presión sobre el proceso revolucionario. Lenin y Trotsky pusieron su expectativa en la extensión de la revolución a Europa, pero ésta sufrió un golpe mortal en Alemania con el asesinato de Rosa Luxemburgo.

Este cuadro de retroceso se completó con la muerte de Lenin y el ascenso al poder de Stalin, quien poco a poco se consolidó como la expresión más acabada de la burocracia soviética, tarea que acompañó con la liquidación de la vieja guardia y purgas masivas conocidas como "Los Juicios de Moscú", una parodia caricaturesca de justicia popular al servicio de las apetencias de Stalin.

Programa y tareas

A casi 100 años de la revolución que puso en pie el primer Estado obrero de la historia y que coincide con el nacimiento de uno de los más grandes revolucionarios del Siglo XX, el capitalismo se intenta presentar como el gran ganador de la batalla contra el socialismo. El derrumbe y el desprestigio de la burocracia, la restauración capitalista en Rusia con la emblemática caída del muro, al igual que el acelerado proceso de penetración capitalista en China y en otros viejos Estados obreros, implicó una derrota histórica y una ruptura de la tradición de las masas con el movimiento socialista.

Sin embargo, el imperialismo y la burguesía -por su naturaleza- no pueden gobernar sin producir hambre, guerras, crisis y, ¿por qué no? revoluciones. Son constantes las rebeliones, protestas y luchas en diversas partes del mundo contra un sistema social que es por definición injusto, que se rige por el saqueo de los recursos naturales y de la explotación de la mano de obra asalariada, cada vez más precarizada.

Quienes nos proponemos continuar y rescatar el legado de los mejores revolucionarios del pasado para nuestro tiempo, para terminar en forma definitiva con la explotación capitalista, tenemos que sacar las conclusiones de esta experiencia con suma seriedad. En ese aspecto, nuestro objetivo debe ser trabajar pacientemente por reconstruir el programa obrero, socialista y revolucionario con una mirada actual y vigente de nuestras tareas inmediatas y hacerlo carne entre las masas. Hay una gran y apasionante tarea por delante. Ese es nuestro mayor homenaje a la revolución rusa y al aniversario del nacimiento de Trotsky.

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