Nuevo sitio El programa antiobrero de Macri 8 Noviembre 2016

Ajuste, reforma laboral y resistencia obrera

El gobierno de Macri intenta cumplir con el programa de los empresarios: ajuste y una reforma laboral estructural. La tregua de la CGT y la dispersión de las luchas son una garantía para el gobierno. Cuáles son las tareas de los sectores combativos.

Edición N° 19

A Vencer (noviembre-2016)

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El programa antiobrero de Macri | Ajuste, reforma laboral y resistencia obrera

El 14 de diciembre de 2015, la Corriente Político Sindical Rompiendo Cadenas convocó a una movilización junto a sindicatos combativos –Aceiteros, Ferroviarios del Sarmiento, CTA Lomas y ATE Sur, entre otros-, movimientos sociales y organizaciones políticas, contra la visita del Secretario General de la OIT y el pacto social que planificaban las principales cámaras patronales junto al gobierno de Macri, quien acababa de asumir. La denuncia del pacto social tenía un carácter coyuntural y también estratégico: la ofensiva del imperialismo en América Latina no implica sólo un reajuste sobre las economías de nuestros países que se descarga sobre la clase trabajadora sino una reforma estructural. Necesitan lograr la mayor productividad posible de nuestra fuerza de trabajo y por eso atacan la capacidad de resistencia del movimiento obrero y los derechos conquistados.

Por estos días, ese intento de transformación regresiva comienza a ubicarse entre las prioridades fundamentales de la agenda empresarial y gubernamental y desafía al movimiento obrero en su conjunto.

Reforma laboral y productividad

Los reiterados y ya previsibles editoriales del diario La Nación relatan la exigencia de los capitalistas extranjeros y locales a Macri para que acelere los plazos: "Los juicios laborales son récord".;"Las normas que regulan el trabajo deben proteger a quienes lo realizan, pero al mismo tiempo no tienen que desalentar la inversión y la productividad". En el mini Davos Macri se comprometió ante 1500 CEO´s del mundo a llevar adelante ese programa.

Se inscriben en ese proyecto la reforma jubilatoria o el intento de reforma de la Ley de Riesgos de Trabajo que apunta a bajar la litigiosidad para reducir los "costos" que las empresas pagan a las ART –de un sistema privatizado en 1995- y los juicios laborales. En lugar de afrontar los problemas de seguridad laboral y de salud de los trabajadores, en un país que cuenta con la trágica estadística de dos muertes obreras por día en los lugares de trabajo, el proyecto apunta contra lo que llaman "la industria del juicio".

El protocolo antipiquetes de Bullrich o el rol de la Corte Suprema para cercenar el derecho a huelga son parte de ese programa antiobrero.

El intento del gobierno, tal como lo reveló el ministro de hacienda Alfonso Prat Gay, de discutir las paritarias de 2017 en función de la inflación futura y no del poder adquisitivo que la clase trabajadora perdió en el 2016, va en línea con su proyecto estratégico de promover negociaciones por empresa y en base a la productividad.

El sindicato que dirige desde hace 32 años Guillermo Pereyra, Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa, tiene el trístemente célebre honor de ser pionero en la materia. Acaba de firmar un acuerdo con la Cámara de Empresas Productoras de Hidrocarburos y la Cámara de Empresas de Operaciones Petroleras Especiales (CEOPE) en donde los futuros aumentos salariales estarán sujetos a la productividad y eficiencia del sector. En la vereda opuesta se encuentra el planteo de los Aceiteros que no discuten porcentajes sino en base a las necesidades de la clase trabajadora y del valor de su fuerza de trabajo, sustentados en el 14 bis de la Constitución Nacional y en la ley de contrato de trabajo.

Los que entregan y los que luchan

La CGT hizo lo propio para que el gobierno no sienta el desgaste de un año en el que se perdieron casi 300 mil puestos de trabajo. Primero amagó con un paro general frente al veto presidencial de la ley antidespidos que convirtió en una masiva movilización al monumento al trabajo, lejos de cualquier centro de poder. Luego pospuso cualquier medida hasta su unificación por arriba y absolutamente burocrática. El mismo día de septiembre que la marcha federal llegaba a Plaza de Mayo y el mismo día de octubre que las mujeres realizaron el paro contra la violencia machista, el triunvirato se reunió con el gabinete de Macri para descomprimir la situación social.

En el plenario excepcional de delegados de la Federación Aceitera, celebrado en Buenos Aires los días 1 y 2 de noviembre, una bandera sentenciaba: "Sobran motivos para la HUELGA GENERAL con un plan de lucha que la respalde". En un panel con Cachorro Godoy (ATE Nacional), Rigane (Federación de Energía y CTA Autónoma), Moreira (Ceramista, CGT) y el anfitrión Daniel Yofra, estaba también Juan Carlos Schmid quien tuvo que gambetear una y otra vez la exigencia de los delegados aceiteros que reclamaron la necesidad de salir a luchar para frenar los planes de este gobierno. Y le hicieron saber a uno de los tres Secretarios Generales de la CGT que estaban dispuestos a parar 24hs y también 48 o 72 si era necesario, en un discurso que era respaldado por su propio ejemplo con la histórica huelga de 25 días. El plenario de delegados aceiteros fue un mojón de democracia obrera que contrasta con la gran mayoría de sindicatos por el nivel de participación y la firmeza política construida en base a la experiencia concreta.

Desde hace semanas, los colectiveros de la Línea Este de La Plata enfrentan persecución, despidos y suspensiones e incluso la represión. Lograron paralizar el transporte en la ciudad de las diagonales y demostraron una capacidad de lucha que contrastó con la actitud burocrática y patoteril habitual de la conducción de la UTA. Lo mismo sucede de manera subterránea en numerosos sindicatos en donde las listas únicas y los arreglos de cúpulas impiden visibilizar una bronca que se acumula por abajo y que cuando estalla y se organiza se transforma en una fuerza colectiva difícil de contener para cualquier burocracia.

Superar la dispersión y construir un nuevo sindicalismo de base

Cuando la Corriente Rompiendo Cadenas planteó la necesidad de denunciar el ajuste y convocó a la movilización contra el pacto social también expuso la necesidad de convocar a un encuentro obrero para reagrupar a los sectores combativos. En marzo fracasó la posibilidad de realizar ese encuentro por pujas de aparato donde la interna de las fuerzas que hegemonizan el FIT impregnó negativamente los intentos de coordinación, muy lejos de los intereses de la clase trabajadora. Ese fracaso impactó en las posibilidad del sindicalismo combativo de protagonizar las luchas de este año y jugar un rol dinámico al interior de un movimiento obrero ampliamente dirigido por la burocracia sindical. Así, se impusieron iniciativas parciales y en buena medida superestrucutrales, sin correlato real en la base.

En reiteradas oportunidades, Rompiendo Cadenas planteó también que ese reagrupamiento debía ir acompañado de la mayor unidad de acción posible en las calles. Esas dos tareas, que no se contraponen sino que se complementan en un contexto como el actual, recobran plena vigencia. La disputa de proyectos políticos y sindicales no puede soslayarse ni posponerse, pero tampoco puede atentar de forma permanente contra la unidad de los sectores que salen a luchar, más allá de sus direcciones. Al revés que la unidad ficticia, por arriba y para garantizar la paz social de la CGT, la unidad que debe construirse es la que se forja en las luchas, en los lugares de trabajo y en las calles, a partir de las nuevas experiencias.

Revertir este año en el que no se logró enfrentar el ajuste con la unidad y firmeza necesarias (más allá de luchas puntuales sectoriales) y construir ese nuevo sindicalismo de base son las dos tareas urgentes de este momento.

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Izquierda Revolucionaria -  Hombre Nuevo
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